Ernesto de Alarcón meditaba sentado en el trono de su padre en Burgos. La sala permanecía vacía frente a él, y sólo el leve titilar de las antorchas en las paredes causaban movimiento, al cambiar la proyección de las sombras del lugar. Pero, ¡finalmente había conocido a la pieza que necesitaba!
La primera vez que había visto a los miembros de la Casa de la Vega pensaba que iban a interponerse en sus planes. Que se pondrían del lado de su padre, tratando de buscar una salida diplomática a la situación de anquilosamiento que sufría la Casa Alarcón desde hacía demasiado tiempo. ¡Y esa salida no lleva a ningún sitio! Su padre, el Duque, había intentado ese camino durante toda su vida, y lo único que había conseguido era chocar continuamente con las casas débiles, cobardes y cansadas que le debían vasallaje, incapaces de organizarse para tomar lo que les correspondía por justicia. Y los de la Vega, con toda su palabrería y diplomacia, caminaban por ese camino.
Hasta esa misma mañana, en que había conocido al heredero, Sandro. Y en él encontró a alguien con la misma visión que él tenía, con la misma ambición, el mismo deseo de poder. El deseo que, en tiempos, había hecho grande a la Casa Alarcón, encumbrándola hasta la Corona. Una vez su padre se marchase como embajador a las tierras de la Casa de Alba, se podrían poner en movimiento las piezas.
Y eso era lo que lo mantenía sentado en el trono. Finalmente, tras tanto tiempo, se acercaba el momento de la verdad. Casi podía sentirlo: el tiempo, corriendo aceleradamente al mismo ritmo que su corazón latía en su pecho. Pero, llegada la situación, no podía evitar sentir miedo. Iban a arriesgarlo todo, lanzar un golpe decisivo y tremendo que obligaría a que el Duque entrase en la guerra contra la Casa de Cruilles, debilitada por la peste negra. Y, sometidos los aragoneses, la fuerza de la Casa Alarcón de nuevo habría encontrado la dirección necesaria, y la Corona sería el objetivo. ¡Adios al vasallaje a esos advenedizos Medinaceli! Por amor de Dios, ¡si ellos habían sido una parte de la propia Casa Alarcón! ¿Qué derecho tenían para robar la Corona con malas artes?
Pero, por justa que fuese la causa, el miedo permanecía. ¿Y si salía mal? ¿Y si los mercenarios Cruilles eran capaces de aplastar a los ejércitos Alarcón? ¿Y si la Casa de Alba atacaba el sur, su propio Condado? ¿Cómo intervendría el Rey, tras su amenaza al respecto en el torneo? ¿Y los Jovellanos, qué harían? Había demasiados interrogantes, demasiadas dudas, y sin embargo no se podía esperar. Ya habían aguardado demasiado, ahora había que actuar, y las dudas se solucionarían cuando los hechos se pusiesen en marcha.
Ya no había marcha atrás, Sandro de la Vega iba a ser la espada que iniciase la guerra que llevase a los Alarcón de vuelta a la Corona... o a la destrucción. Pero nunca más serían los segundos de nadie.
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martes, 2 de abril de 2013
sábado, 23 de marzo de 2013
La Conjura de Gredos
En el año de Nuestro Señor de 1080, se produjo la mayor conjura o alzamiento contra un Rey que se ha producido en la historia de Hyspania. Había sido un año complicado, con un clima bastante adverso que había hecho que numerosos cultivos se perdiesen, y con ello los ánimos estaban tensos. Los campesinos comenzaban a hacer acopio de alimentos para el que se esperaba que fuese un invierno muy duro.
Sin embargo, nada de esto importó al impopular y temido Rey Rodrigo II, ya entonces conocido como "El Cruel". Uno de los líderes musulmanes de las taifas que existían al sur de sus tierras, en las cercanías de Toledo, había ofendido a su honor cuando se había negado a pagar los impuestos derivados de su vasallaje, y Rodrigo II había decidido que debía escarmentarlo para que otros no decidiesen imitarle. Y la única forma de escarmiento que el Rey consideraba apropiada era la ejecución.
Por lo tanto, hacía falta dinero y víveres para organizar un ejército que pudiese marchar a las tierras de las taifas y enseñarle humildad al irreverente líder. Sin embargo, Su Majestad carecía de esos fondos, y la única forma que tenía de obtenerlos era mediante una subida de impuestos, en un año ya complicado de por si.
La subida, inevitablemente, causó conflictos por todo el Reino. Los campesinos temían no ser capaces de sobrevivir al invierno cuando llegasen, y los Señores temían que la decisión del Rey llevase al alzamiento de los campesinos por todas las tierras. Rodrigo II desoyó a todos, y a las Cortes de Valladolid para anunciar la subida de impuestos y solicitar un préstamo de los ricos judíos. Sin embargo, el anuncio del aumento de los impuestos enfureció a los miembros del estamento llano, que se negaron a realizar el préstamo al Rey y amenazaron con abandonar las Cortes. Confiaban que esta demostración de fuerza hiciese que el Rodrigo II se sentase a negociar con ellos, y aceptase recibir el préstamo sin el aumento de los impuestos. Sin embargo, Su Majestad lo vio como una afrenta a su honor, e hizo que todos los miembros del estamento llano fuesen ahorcados por traición a la Corona, y sus bienes incautados para sufragar la guerra. Y la subida de impuestos permanecía.
A medida que se aproximaba la época de la siega, y con ello el pago de los impuestos, el ambiente se enrarecía y complicaba. Los Señores sabían que sus campesinos probablemente no sobrevivirían al invierno con esos impuestos, no si no era un invierno especialmente suave, y eso implicaba problemas de todo tipo. Así fue que, el 7 de Agosto de ese año, numerosos jóvenes de varias Casas nobiliarias Alarcón, se reunieron en Gredos en secreto, fuera de las tierras de su Casa. Ellos se sentían especialmente responsables de que el Rey, el líder de su Casa, fuese tan cruel con sus vasallos, y decidieron que había que solucionarlo. Y, tras catorce años de cruel reinado, la única forma de solventar la situación era con la muerte del Rey.
Reunieron sus armas y equipos, prepararon el terreno, descubrieron dónde iba a estar el Rey las siguientes semanas, y buscaron el momento en que sería más vulnerable. Eran conscientes de que se deshonrarían al alzarse en armas contra su Señor, y les dolía profundamente, pero creían que el fracaso a la hora de gobernar apropiadamente los deshonraría igualmente. Así que lo dispusieron todo, sabiendo que el fracaso supondría costes muy graves para sus Casas.
La historia, Majestad, es contradictoria a partir de aquí. Algunos cuentan que uno de los caballeros conjurados delató a sus compañeros para evitar el castigo a su Casa o para conseguir el favor real; otros que fue la simple mala suerte; otros que la Providencia decidió que el precio por la deshonra era el fracaso.
Sea como fuere, el 15 de Agosto, los conjurados atacaron al Rey cuando este abandonaba la ciudad de Burgos. Lo atacaron en el camino, lanzándose ferozmente contra los guardias que protegían la comitiva. El combate fue feroz pero, al final, sobre el polvo yacían los cuerpos de los atacantes al lado de los defensores, y el Rey era el único que permanecía en pie, con su espada ensangrentada. Fuera por la razón que fuese, la conjura había fallado.
Es la ocasión, en la historia de Hyspania, que un levantamiento ha estado más cerca de terminar con la vida de un Rey, y es algo que aún hoy en día se menciona. Porque todo el mundo sabe que, si bien Gredos fracasó, si los reyes vuelven a llevar a la población al extremo en que la llevó Rodrigo II y, en menor medida, su hijo Alfonso VIII puede volver a darse una nueva conjura, un alzamiento no protagonizado por los villanos mal preparados, sino por caballeros que saben lo que hacen. Y puede que, la próxima vez, no fracasen.
Sin embargo, nada de esto importó al impopular y temido Rey Rodrigo II, ya entonces conocido como "El Cruel". Uno de los líderes musulmanes de las taifas que existían al sur de sus tierras, en las cercanías de Toledo, había ofendido a su honor cuando se había negado a pagar los impuestos derivados de su vasallaje, y Rodrigo II había decidido que debía escarmentarlo para que otros no decidiesen imitarle. Y la única forma de escarmiento que el Rey consideraba apropiada era la ejecución.
Por lo tanto, hacía falta dinero y víveres para organizar un ejército que pudiese marchar a las tierras de las taifas y enseñarle humildad al irreverente líder. Sin embargo, Su Majestad carecía de esos fondos, y la única forma que tenía de obtenerlos era mediante una subida de impuestos, en un año ya complicado de por si.
La subida, inevitablemente, causó conflictos por todo el Reino. Los campesinos temían no ser capaces de sobrevivir al invierno cuando llegasen, y los Señores temían que la decisión del Rey llevase al alzamiento de los campesinos por todas las tierras. Rodrigo II desoyó a todos, y a las Cortes de Valladolid para anunciar la subida de impuestos y solicitar un préstamo de los ricos judíos. Sin embargo, el anuncio del aumento de los impuestos enfureció a los miembros del estamento llano, que se negaron a realizar el préstamo al Rey y amenazaron con abandonar las Cortes. Confiaban que esta demostración de fuerza hiciese que el Rodrigo II se sentase a negociar con ellos, y aceptase recibir el préstamo sin el aumento de los impuestos. Sin embargo, Su Majestad lo vio como una afrenta a su honor, e hizo que todos los miembros del estamento llano fuesen ahorcados por traición a la Corona, y sus bienes incautados para sufragar la guerra. Y la subida de impuestos permanecía.
A medida que se aproximaba la época de la siega, y con ello el pago de los impuestos, el ambiente se enrarecía y complicaba. Los Señores sabían que sus campesinos probablemente no sobrevivirían al invierno con esos impuestos, no si no era un invierno especialmente suave, y eso implicaba problemas de todo tipo. Así fue que, el 7 de Agosto de ese año, numerosos jóvenes de varias Casas nobiliarias Alarcón, se reunieron en Gredos en secreto, fuera de las tierras de su Casa. Ellos se sentían especialmente responsables de que el Rey, el líder de su Casa, fuese tan cruel con sus vasallos, y decidieron que había que solucionarlo. Y, tras catorce años de cruel reinado, la única forma de solventar la situación era con la muerte del Rey.
Reunieron sus armas y equipos, prepararon el terreno, descubrieron dónde iba a estar el Rey las siguientes semanas, y buscaron el momento en que sería más vulnerable. Eran conscientes de que se deshonrarían al alzarse en armas contra su Señor, y les dolía profundamente, pero creían que el fracaso a la hora de gobernar apropiadamente los deshonraría igualmente. Así que lo dispusieron todo, sabiendo que el fracaso supondría costes muy graves para sus Casas.
La historia, Majestad, es contradictoria a partir de aquí. Algunos cuentan que uno de los caballeros conjurados delató a sus compañeros para evitar el castigo a su Casa o para conseguir el favor real; otros que fue la simple mala suerte; otros que la Providencia decidió que el precio por la deshonra era el fracaso.
Sea como fuere, el 15 de Agosto, los conjurados atacaron al Rey cuando este abandonaba la ciudad de Burgos. Lo atacaron en el camino, lanzándose ferozmente contra los guardias que protegían la comitiva. El combate fue feroz pero, al final, sobre el polvo yacían los cuerpos de los atacantes al lado de los defensores, y el Rey era el único que permanecía en pie, con su espada ensangrentada. Fuera por la razón que fuese, la conjura había fallado.
Es la ocasión, en la historia de Hyspania, que un levantamiento ha estado más cerca de terminar con la vida de un Rey, y es algo que aún hoy en día se menciona. Porque todo el mundo sabe que, si bien Gredos fracasó, si los reyes vuelven a llevar a la población al extremo en que la llevó Rodrigo II y, en menor medida, su hijo Alfonso VIII puede volver a darse una nueva conjura, un alzamiento no protagonizado por los villanos mal preparados, sino por caballeros que saben lo que hacen. Y puede que, la próxima vez, no fracasen.
domingo, 21 de octubre de 2012
Historia Resumida: Alarcón
Los Alarcón fueron una de las tres Casas que sobrevivieron a la invasión musulmana del año de Nuestro Señor de
378, encerrados en las montañas del norte. Fue una época complicada para
la Casa, que se dividió en pequeños feudos débilmente unidos y, a
menudo, enfrentados con los Cruilles. Sin embargo, cuando comenzó la
Reconquista bajo bandera Jovellanos, la Casa logró unirse de nuevo, y abandonar sus luchas con
los aragoneses, para enfocarse en tomar las tierras llanas del sur y
extenderse por Castilla. Su férrea concepción de su deber logró que las
viejas rencillas quedasen detrás, y se pusiesen tras el liderazgo del
Duque Ernesto "El Inseguro".
Sin embargo, la hora de la Casa Alarcón no llegó hasta que la Casa Jovellanos se hundió desde dentro, casi un siglo después del comienzo de la Reconquista. Eduardo, Duque de la Casa en el momento, observó cómo los miembros de la Casa Real se dividían y enfrentaban entre sí, y esperó pacientemente. Cuando el conflicto llevó a la división de la Casa Jovellanos en dos, y a la formación del Reino de Portugal, Eduardo intervino y forzó a la Casa Jovellanos, debilitada, a que le cediese la Corona si no quería una guerra entre ambas Casas. Así se convirtió en Eduardo II "El Seguro", en referencia a su antecesor, cuya unidad no había sido suficiente.
Desde entonces, la Casa Alarcón guió a las demás Casas en la Reconquista con mano segura y honorable, manteniendo los conflictos entre los cristianos a un mínimo mientras las Taifas eran incapaces de unirse. Se extendió tanto que, eventualmente, debieron dar rango de Ducado a sus vasallos Medinaceli, para que administrasen el amplio territorio del oeste.
Sin embargo, la continua extensión se convirtió en un peso cada vez mayor para la Casa Alarcón, y una continua tensión. Se vieron alejados de la Reconquista, y los mejores guerreros de muchas de sus Casas los abandonaron para luchar en el sur, bajo una bandera nueva que eventualmente sería la de la Casa Alba. Cada vez más agotada, e incapaz de solucionar los problemas, la Corona Alarcón se debilitaba.
El golpe inicial del ataúd lo dio el comienzo de los conflictos entre la Casa Alba y la Casa Cruilles por la posesión de las tierras del Condado de Teruel. Era el año de Nuestro Señor de 1189 y la Reconquista casi había llegado a su fin. Y aunque las Casas acudieron a la Casa Real en busca de una solución, Jorge IV "El Débil" fue incapaz de llevar adelante las negociaciones, y se encerró en sus cacerías y diversiones. Con esto se volvió inevitable la Guerra de los Arados. Eventualmente llevó a la intervención de la Casa Medinaceli, que comenzó a mover peones y vínculos diplomáticos forjados con muchos años. Finalmente, cuando contaba con el apoyo de las demás Casas, los Medinaceli se confrontaron con los Alarcón y exigieron la entrega de la Corona a una Casa capaz de llevar su peso. El honor de los Alarcón estaba en juego, y se dispusieron a la batalla contra sus antiguos vasallos, pero al campo de batalla acudieron tropas de cuatro casas para luchar contra una. Pese a ello, los Alarcón se prepararon a la carga, pero muchas de sus tropas desertaron ante una derrota inminente, y Jorge IV se vio forzado a entregarle la Corona a Pedro III "El Listo" de la Casa Medinaceli. Era el año de Nuestro Señor de 1216, y el comienzo de una nueva era.
Desde entonces, la Casa Alarcón ha sido renuentemente leal a la Corona. Forzados por su honor a obedecer, pero sabiendo que es su derecho la posesión de esa misma Corona, los Alarcón se encuentran divididos en su mismo núcleo de existencia.
Sin embargo, la hora de la Casa Alarcón no llegó hasta que la Casa Jovellanos se hundió desde dentro, casi un siglo después del comienzo de la Reconquista. Eduardo, Duque de la Casa en el momento, observó cómo los miembros de la Casa Real se dividían y enfrentaban entre sí, y esperó pacientemente. Cuando el conflicto llevó a la división de la Casa Jovellanos en dos, y a la formación del Reino de Portugal, Eduardo intervino y forzó a la Casa Jovellanos, debilitada, a que le cediese la Corona si no quería una guerra entre ambas Casas. Así se convirtió en Eduardo II "El Seguro", en referencia a su antecesor, cuya unidad no había sido suficiente.
Desde entonces, la Casa Alarcón guió a las demás Casas en la Reconquista con mano segura y honorable, manteniendo los conflictos entre los cristianos a un mínimo mientras las Taifas eran incapaces de unirse. Se extendió tanto que, eventualmente, debieron dar rango de Ducado a sus vasallos Medinaceli, para que administrasen el amplio territorio del oeste.
Sin embargo, la continua extensión se convirtió en un peso cada vez mayor para la Casa Alarcón, y una continua tensión. Se vieron alejados de la Reconquista, y los mejores guerreros de muchas de sus Casas los abandonaron para luchar en el sur, bajo una bandera nueva que eventualmente sería la de la Casa Alba. Cada vez más agotada, e incapaz de solucionar los problemas, la Corona Alarcón se debilitaba.
El golpe inicial del ataúd lo dio el comienzo de los conflictos entre la Casa Alba y la Casa Cruilles por la posesión de las tierras del Condado de Teruel. Era el año de Nuestro Señor de 1189 y la Reconquista casi había llegado a su fin. Y aunque las Casas acudieron a la Casa Real en busca de una solución, Jorge IV "El Débil" fue incapaz de llevar adelante las negociaciones, y se encerró en sus cacerías y diversiones. Con esto se volvió inevitable la Guerra de los Arados. Eventualmente llevó a la intervención de la Casa Medinaceli, que comenzó a mover peones y vínculos diplomáticos forjados con muchos años. Finalmente, cuando contaba con el apoyo de las demás Casas, los Medinaceli se confrontaron con los Alarcón y exigieron la entrega de la Corona a una Casa capaz de llevar su peso. El honor de los Alarcón estaba en juego, y se dispusieron a la batalla contra sus antiguos vasallos, pero al campo de batalla acudieron tropas de cuatro casas para luchar contra una. Pese a ello, los Alarcón se prepararon a la carga, pero muchas de sus tropas desertaron ante una derrota inminente, y Jorge IV se vio forzado a entregarle la Corona a Pedro III "El Listo" de la Casa Medinaceli. Era el año de Nuestro Señor de 1216, y el comienzo de una nueva era.
Desde entonces, la Casa Alarcón ha sido renuentemente leal a la Corona. Forzados por su honor a obedecer, pero sabiendo que es su derecho la posesión de esa misma Corona, los Alarcón se encuentran divididos en su mismo núcleo de existencia.
jueves, 9 de agosto de 2012
Personaje: Ernesto de Alarcón
Nacido un 12 de Enero de 1270 frío y con ligera nevada, el heredero de la Casa Alarcón estuvo marcado para la grandeza desde el principio. Desde pequeño, idolatró a su padre, Alfredo de Alarcón, y compartió su sueño de restaurar la Casa a la gloria perdida. Creció entre las lecciones sobre el honor y deber, lealtad y guerra que todos los miembros de su Casa deben aprender, y pronto fue quien de demostrar dominarlas.
Con ocho años fue enviado al Condado del Infantazgo y puesto bajo el cargo de la Casa Ramírez para actuar como Conde de esas tierras, tal como mantiene la tradición de la Casa. Allí fue educado en las formas de gobierno de las tierras, los giros de la política, y la importancia de las armas. Pero, sobretodo, fue educado en su derecho a reinar en Hyspania y hacerlo con justicia.
A los doce años fue prometido a Lucía de Jovellanos, con la que se casaría al poco de cumplir 18. Ya para entonces había tomado control completo de su Condado, y se había convertido en un soporte básico para el gobierno de su padre. se convirtió en un Conde respetado por sus vasallos, que lo veían como un señor duro pero justo, capaz de castigar con severidad a los que incumplían las leyes pero también de recompensar a quienes lo seguían con lealtad.
Al llegar el año 1290 tuvo su primer hijo, un varón. Para entonces su corte ya había ganado en importancia mucho, atrayendo a muchos caballeros jóvenes de las distintas Casas, ansiosos por labrarse un nombre al lado del que será el futuro Duque.
Aspecto: Ernesto es joven y vivaz, parecido a su padre cuando tenía su edad. Su pelo oscuro y su mirada firme observan el mundo desde su envidiable altura, construida sobre un marco sólido. Su gesto, sin embargo, suele ser duro y seco, y sus palabras poseen vitalidad pero van cargadas de una severidad notable. Su torso es amplio, aunque no llega a ser tan ancho como fue el de su padre, y su mentón es notable.
Status: 6, tanto por su posición como heredero de la Casa Alarcón, como su título de Conde del Infantazgo.
Personalidad: enérgico y vital, considera que es su deber restaurar la Casa Alarcón a la Corona. Sin embargo, considera que su padre fracasó en la tarea, y que es necesario emplear ahora métodos nuevos que permitan tener éxito. Permanece centrado en ese objetivo, incluso aunque aparente hacer otras cosas, lo cual le da a su personalidad un aire magnético notable, pero que le ha llevado a mostrarse especialmente duro con aquellos que se interponen.
Virtud: decisión.
Vicio: crueldad.
Política:
Ernesto es ambicioso. Ha sido educado para algún día ser Rey y ha aprendido de los fracasos de su padre. Sabe que el status quo no va a cambiar por las buenas, ni siguiendo las formas ni las normas. Al contrario, hace falta dar un golpe sobre la mesa, y él está dispuesto a correr todos los riesgos que ello conlleva, arriesgando su posición y su herencia si hace falta.
Familia Relevante:
Lucía de Jovellanos es su esposa, de 20 años, es una mujer tranquila y callada, hija del Duque Manuel de Jovellanos. Es un matrimonion político, en el cual no hay amor.
Ataúlfo de Alarcón es su único hijo, y con 3 años, es un pequeño enérgico y curioso.
Con ocho años fue enviado al Condado del Infantazgo y puesto bajo el cargo de la Casa Ramírez para actuar como Conde de esas tierras, tal como mantiene la tradición de la Casa. Allí fue educado en las formas de gobierno de las tierras, los giros de la política, y la importancia de las armas. Pero, sobretodo, fue educado en su derecho a reinar en Hyspania y hacerlo con justicia.
A los doce años fue prometido a Lucía de Jovellanos, con la que se casaría al poco de cumplir 18. Ya para entonces había tomado control completo de su Condado, y se había convertido en un soporte básico para el gobierno de su padre. se convirtió en un Conde respetado por sus vasallos, que lo veían como un señor duro pero justo, capaz de castigar con severidad a los que incumplían las leyes pero también de recompensar a quienes lo seguían con lealtad.
Al llegar el año 1290 tuvo su primer hijo, un varón. Para entonces su corte ya había ganado en importancia mucho, atrayendo a muchos caballeros jóvenes de las distintas Casas, ansiosos por labrarse un nombre al lado del que será el futuro Duque.
Aspecto: Ernesto es joven y vivaz, parecido a su padre cuando tenía su edad. Su pelo oscuro y su mirada firme observan el mundo desde su envidiable altura, construida sobre un marco sólido. Su gesto, sin embargo, suele ser duro y seco, y sus palabras poseen vitalidad pero van cargadas de una severidad notable. Su torso es amplio, aunque no llega a ser tan ancho como fue el de su padre, y su mentón es notable.
Status: 6, tanto por su posición como heredero de la Casa Alarcón, como su título de Conde del Infantazgo.
Personalidad: enérgico y vital, considera que es su deber restaurar la Casa Alarcón a la Corona. Sin embargo, considera que su padre fracasó en la tarea, y que es necesario emplear ahora métodos nuevos que permitan tener éxito. Permanece centrado en ese objetivo, incluso aunque aparente hacer otras cosas, lo cual le da a su personalidad un aire magnético notable, pero que le ha llevado a mostrarse especialmente duro con aquellos que se interponen.
Virtud: decisión.
Vicio: crueldad.
Política:
Ernesto es ambicioso. Ha sido educado para algún día ser Rey y ha aprendido de los fracasos de su padre. Sabe que el status quo no va a cambiar por las buenas, ni siguiendo las formas ni las normas. Al contrario, hace falta dar un golpe sobre la mesa, y él está dispuesto a correr todos los riesgos que ello conlleva, arriesgando su posición y su herencia si hace falta.
Familia Relevante:
Lucía de Jovellanos es su esposa, de 20 años, es una mujer tranquila y callada, hija del Duque Manuel de Jovellanos. Es un matrimonion político, en el cual no hay amor.
Ataúlfo de Alarcón es su único hijo, y con 3 años, es un pequeño enérgico y curioso.
lunes, 7 de mayo de 2012
Castillos: Alarcón
Los castillos de los Alarcón son a menudo la imagen que tiene la gente de Hyspania de lo que debe ser la nobleza. Construidos con piedras amarillentas o grisáceas, se pueden ver normalmente desde cualquier punto de las tierras en las que están construidos y se alzan orgullosos en las llanuras del norte de Castilla.
La planta de los castillos Alarcón es, a semejanza de los Jovellanos, cuadrada. Se disponen normalmente en el centro de los feudos, desde donde controlan las llanuras circundantes, y sus gruesas murallas tienen una muy bonita presencia aunque su piedra no es de la mejor calidad. En las cuatro esquinas de las mismas se suelen alzar torres cuadradas, un piso más altas que las murallas en sí. La puerta de entrada normalmente cuenta con fortificaciones adicionales, así como un rastrillo. Al no contar normalmente con ventajas estratégicas debido al terreno, los castillos Alarcón suelen contar con fosos a su alrededor para contar con algo de ventaja adicional, lo cual suele implicar que cuenten también con puentes levadizos aunque hay ocasiones en que son fijos.
Tras las murallas se encuentra el patio central. Gracias al amplio terreno que ofrecen las llanuras, los patios de los castillos Alarcón suelen ser especialmente grandes, y contar con barracones, armerías y otros edificios militares para las tropas acantonadas. Raramente cuentan con iglesias y edificios civiles, excepción hecha para los armeros que mantienen las armas del castillo en buen estado.
En el centro del castillo se suele encontrar el castillo principal, normalmente bastante bajo y organizado de una manera bastante dinámica. En ellos prima la utilidad a la eficacia normalmente, ya que los Alarcón consideran que si han perdido las murallas el castillo caerá inevitablemente. Por eso consideran que el edificio central es un lugar donde vivir, con salones, salas donde conversar o descansar, etc. Suelen contar con alfombras así como tapices para decorar las paredes, y son tradicionales las grandes chimeneas decoradas con estatuas de piedra de animales próximos a la Casa local. Normalmente, todas las entradas al castillo, así como numerosos salones interiores, cuentan con el escudo de la Casa gravado en relieve. Estos edificios centrales no suelen contar con torres del homenaje, ya que son incómodas para vivir en ellas, aunque los castillos más grandes pueden contar con ellas para demostrar posición y status o simplemente por gusto de sus constructores.
Sin lugar a dudas, el castillo más célebre del Ducado es la Guarida de la Medianoche, llamado así por encontrarse a la sombra de los picos del norte. No es el más grande, el más invulnerable, ni el más impresionante de los castillos Alarcón, sino el más antiguo. La leyenda dice que fue aquí, en el Castillo de la Casa de Ruano, donde los Alarcón se refugiaron cuando Burgos cayó ante los árabes. Y es, desde luego, un castillo bastante atípico.
Apretado en un valle pequeño, su forma triangular llama la atención desde el primer momento. Su foso es profundo y siempre se encuentra lleno de agua de lluvia, lo cual arranca reflejos del borde inferior de las oscuras murallas del castillo. El puente, que algunos señalan que construyeron los propios romanos, es de piedra y no se puede recoger, sino que cruza permanentemente el foso con su suelo adoquinado.
El patio interior, de corte triangular, es bastante incómodo de usar por su disposición. En el vértice norte se encuentra la fragua y, a su lado, una armería pequeña pero bien provista. En el oeste se encuentran los establos, actualmente prácticamente vacíos. Y en el sud-este se encuentran los barracones de las tropas, un edificio bajo y achaparrado que parece querer ocultarse del sol. El edificio central es lo más Alarcón del conjunto, ya que aunque posee una peculiar planta irregular para adaptarse al territorio, si que se encuentra diseñado en su interior para maximizar la comodidad. Diversos salones se distribuyen por la planta baja, mientras la que se encuentra encima se destina a los dormitorios de los ocupantes del castillo.
Pese a su historia y buena construcción, la Guarida de la Medianoche no puede dejar de transmitir cierta sensación de desolación. Largas sombras se proyectan sobre el castillo durante todo el día, causadas por las montañas circundantes, y la otrora viva e influyente Casa de Ruano hace tiempo que ha pasado por su momento álgido. Actualmente, la herrería se encuentra cerrada la mayor parte de los días, la armería desatendida, los barracones a penas tienen tropas acuarteladas, y los establos están mal abastecidos. Incluso el interior del edificio principal transmite esa sensación por la falta de un adecuado servicio, y lo abandonadas que se encuentran muchas de las habitaciones.
La planta de los castillos Alarcón es, a semejanza de los Jovellanos, cuadrada. Se disponen normalmente en el centro de los feudos, desde donde controlan las llanuras circundantes, y sus gruesas murallas tienen una muy bonita presencia aunque su piedra no es de la mejor calidad. En las cuatro esquinas de las mismas se suelen alzar torres cuadradas, un piso más altas que las murallas en sí. La puerta de entrada normalmente cuenta con fortificaciones adicionales, así como un rastrillo. Al no contar normalmente con ventajas estratégicas debido al terreno, los castillos Alarcón suelen contar con fosos a su alrededor para contar con algo de ventaja adicional, lo cual suele implicar que cuenten también con puentes levadizos aunque hay ocasiones en que son fijos.
Tras las murallas se encuentra el patio central. Gracias al amplio terreno que ofrecen las llanuras, los patios de los castillos Alarcón suelen ser especialmente grandes, y contar con barracones, armerías y otros edificios militares para las tropas acantonadas. Raramente cuentan con iglesias y edificios civiles, excepción hecha para los armeros que mantienen las armas del castillo en buen estado.
En el centro del castillo se suele encontrar el castillo principal, normalmente bastante bajo y organizado de una manera bastante dinámica. En ellos prima la utilidad a la eficacia normalmente, ya que los Alarcón consideran que si han perdido las murallas el castillo caerá inevitablemente. Por eso consideran que el edificio central es un lugar donde vivir, con salones, salas donde conversar o descansar, etc. Suelen contar con alfombras así como tapices para decorar las paredes, y son tradicionales las grandes chimeneas decoradas con estatuas de piedra de animales próximos a la Casa local. Normalmente, todas las entradas al castillo, así como numerosos salones interiores, cuentan con el escudo de la Casa gravado en relieve. Estos edificios centrales no suelen contar con torres del homenaje, ya que son incómodas para vivir en ellas, aunque los castillos más grandes pueden contar con ellas para demostrar posición y status o simplemente por gusto de sus constructores.
Sin lugar a dudas, el castillo más célebre del Ducado es la Guarida de la Medianoche, llamado así por encontrarse a la sombra de los picos del norte. No es el más grande, el más invulnerable, ni el más impresionante de los castillos Alarcón, sino el más antiguo. La leyenda dice que fue aquí, en el Castillo de la Casa de Ruano, donde los Alarcón se refugiaron cuando Burgos cayó ante los árabes. Y es, desde luego, un castillo bastante atípico.
Apretado en un valle pequeño, su forma triangular llama la atención desde el primer momento. Su foso es profundo y siempre se encuentra lleno de agua de lluvia, lo cual arranca reflejos del borde inferior de las oscuras murallas del castillo. El puente, que algunos señalan que construyeron los propios romanos, es de piedra y no se puede recoger, sino que cruza permanentemente el foso con su suelo adoquinado.
El patio interior, de corte triangular, es bastante incómodo de usar por su disposición. En el vértice norte se encuentra la fragua y, a su lado, una armería pequeña pero bien provista. En el oeste se encuentran los establos, actualmente prácticamente vacíos. Y en el sud-este se encuentran los barracones de las tropas, un edificio bajo y achaparrado que parece querer ocultarse del sol. El edificio central es lo más Alarcón del conjunto, ya que aunque posee una peculiar planta irregular para adaptarse al territorio, si que se encuentra diseñado en su interior para maximizar la comodidad. Diversos salones se distribuyen por la planta baja, mientras la que se encuentra encima se destina a los dormitorios de los ocupantes del castillo.
Pese a su historia y buena construcción, la Guarida de la Medianoche no puede dejar de transmitir cierta sensación de desolación. Largas sombras se proyectan sobre el castillo durante todo el día, causadas por las montañas circundantes, y la otrora viva e influyente Casa de Ruano hace tiempo que ha pasado por su momento álgido. Actualmente, la herrería se encuentra cerrada la mayor parte de los días, la armería desatendida, los barracones a penas tienen tropas acuarteladas, y los establos están mal abastecidos. Incluso el interior del edificio principal transmite esa sensación por la falta de un adecuado servicio, y lo abandonadas que se encuentran muchas de las habitaciones.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Los Santos Patrones
Cada una de las Casas tiene escogido un santo patrón desde tiempos de su fundación, que los guía y protege, y para el cual tienen una gran festividad en la cual celebran su protección de diferentes maneras.
Jovellanos:
Sin sorpresas, el patrón de la Casa de Jovellanos es Santiago Apóstol, también llamado Santiago el Mayor, cuyo festivo es el 25 de Julio. Durante su celebración, los Jovellanos se reúnen en la catedral de la ciudad y ofrecen una gran misa en su honor. Después, los señores se reúnen en la Plaza do Obradoiro y celebran un gran banquete común, donde todos festejan en honor al Santo, y los villanos hacen lo mismo en la campiña que rodea a la ciudad. Tras la comida, sale una gran procesión solemne y silenciosa, sólo interrumpida por los cantos de los monjes que acompañan a la figura del Santo. Por su parte, los jóvenes que están listos para convertirse en caballeros hacen vigilia en su catedral durante toda la noche, meditando sobre su futuro, y la vida y obra del Apóstol.
Alarcón:
San Alfonso VI, considerado como el más pío de los reyes Alarcón y canonizado por la Iglesia casi un siglo después de su muerte; se celebra el día de su muerte, el 14 de Noviembre. Durante su celebración, junto a los festejos a menudo se realizan pequeños ejercicios militares que permiten mantener a los ejércitos entrenados y constituyen un colorido entretenimiento para todos. Estos festejos terminan con una misa en la cual se renueva el juramento de vasallaje de todos los campesinos hacia sus señores, y de los señores hacia sus superiores. Cuentan que, desde el ascenso de la Casa de Medinaceli, el Duque Alarcón siempre parece atragantarse cuando renueva su vasallaje hacia el Rey, lo cual ha causado algunos conflictos diplomáticos menores.
Cruilles:
El patrón de los Cruilles es San Jorge, el cazador del dragón, cuyo festivo es el día 23 de Abril. Durante su festivo, los distintos feudos organizan juegos que ponen a prueba la pericia de los participantes, y el Duque normalmente convoca un torneo para sus vasallos donde los caballeros demuestran ser dignos del legado del Santo. A menudo los nuevos caballeros aprovechan estas justas y pruebas para comenzar a labrarse un nombre, bajo la guía del santo patrón. También es un día en que los gremios cierran, pero dedican mucho tiempo a preparar diferentes acuerdos entre sí y se preparan tratados y envíos de materiales que mantendrán a los gremios unidos y avanzando durante mucho tiempo tras la celebración de San Jorge.
Medinaceli:
San Gregorio Magno, patrón de los sabios, es también el de la Casa de Medinaceli. Sus festejos, el 2 de Septiembre, se celebran en Toledo y son festivales enormes en los cuales además de comer y beber, el pueblo y los nobles se juntan para escuchar las palabras de los oradores, los teólogos y los universitarios. Tras ellos hablan a menudo muchos nobles, sobretodo jóvenes, que quieren exponer cómo creen que debería avanzar la Casa en el futuro, y demuestran sus habilidades como diplomáticos y capaces de grandes discursos. Finalmente, con el final de la tarde, el Rey se dirige al propio pueblo desde un lugar claramente visible a las masas, y habla largamente acerca del año pasado y el año que seguirá, y lo que ello implicará para los nobles y para el pueblo.
Alba:
San Enrique es el patrón de la Casa de Alba, un emperador de hace dos siglos en el Sacro Imperio Romano Germano renombrado por su habilidad como guerrero y su fé. Su festividad es el día 13 de Julio, y durante ella las diferentes Casas nobiliarias celebran primero una muy importante misa en sus iglesias, durante la cual hacen importantes donaciones a la Iglesia para fortalecer la fé en sus tierras; después reproducen las batallas contra los musulmanes de modo festivo, celebrando así la victoria que les ha dado las tierras que ahora tienen. Sin embargo, junto a la adoración a San Enrique, en las tierras Alba también está muy extendida la adoración de la Virgen, en sus múltiples formas, para la cual se celebran enormes festejos y misas que rivalizan con los dedicados a San Enrique. Esto ocurre, sin embargo, en diferentes fechas, según a qué virgen hayan escogido adorar en cada uno de los feudos. Normalmente, la forma tradicional de las mismas son las procesiones en honor a la virgen, más un festejo que un acto solemne.
Olivares:
San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, es también el patrón de la Casa Olivares. Sus festejos, el 15 de Mayo, celebran el final de la siembra y solicitan la ayuda del patrón para el crecimiento y florecimiento de esa cosecha que deberán recolectar en verano y otoño. Es un día en el que nadie trabaja, sino que se dan a la fiesta y se entretienen, mientras atienden a los curas que van visitando cada una de las granjas para solicitar la bendición de Isidro en esas tierras.
Musoles:
La Virgen del Carmen, patrona y protectora de navegantes y marineros, es la patrona de la Casa de Musoles, y se celebra el 16 de Julio. Sus festividades se celebran siempre en la costa de las islas, y son festejos a menudo mirados con cierta preocupación por la Iglesia por "excesivamente paganos", ya que en ellos no se celebra una misa formal (aunque numerosos párrocos hablan en las playas), sino que la gente de modo más individual va y hace pequeñas ofrendas que lanzan a las olas. Está considerado como de muy buena suerte encontrar una de estas ofrendas cuando, a menudo, son traídas de vuelta por las mareas a lo largo de los días y meses siguientes.
Junto a estos grandes patrones y festejos de las Grandes Casas, se celebran muchos otros santos y patrones. Primero los específicos de las Casas concretas señoras del feudo, a veces santos locales, a veces otros santos de importancia pero que no han sido escogidos por las Ducales. Además, hay santos específicos que son celebrados en muchas zonas (por ejemplo, a San Isidro Labrador lo festejan en casi toda Hyspania los campesinos, aunque de modos más tradicionales). También la Virgen es adorada en muchas zonas, en especial en el sur, y en sus numerosas encarnaciones se le celebran misas especiales, días de festejo, y peregrinaciones.
Jovellanos:
Sin sorpresas, el patrón de la Casa de Jovellanos es Santiago Apóstol, también llamado Santiago el Mayor, cuyo festivo es el 25 de Julio. Durante su celebración, los Jovellanos se reúnen en la catedral de la ciudad y ofrecen una gran misa en su honor. Después, los señores se reúnen en la Plaza do Obradoiro y celebran un gran banquete común, donde todos festejan en honor al Santo, y los villanos hacen lo mismo en la campiña que rodea a la ciudad. Tras la comida, sale una gran procesión solemne y silenciosa, sólo interrumpida por los cantos de los monjes que acompañan a la figura del Santo. Por su parte, los jóvenes que están listos para convertirse en caballeros hacen vigilia en su catedral durante toda la noche, meditando sobre su futuro, y la vida y obra del Apóstol.
Alarcón:
San Alfonso VI, considerado como el más pío de los reyes Alarcón y canonizado por la Iglesia casi un siglo después de su muerte; se celebra el día de su muerte, el 14 de Noviembre. Durante su celebración, junto a los festejos a menudo se realizan pequeños ejercicios militares que permiten mantener a los ejércitos entrenados y constituyen un colorido entretenimiento para todos. Estos festejos terminan con una misa en la cual se renueva el juramento de vasallaje de todos los campesinos hacia sus señores, y de los señores hacia sus superiores. Cuentan que, desde el ascenso de la Casa de Medinaceli, el Duque Alarcón siempre parece atragantarse cuando renueva su vasallaje hacia el Rey, lo cual ha causado algunos conflictos diplomáticos menores.
Cruilles:
El patrón de los Cruilles es San Jorge, el cazador del dragón, cuyo festivo es el día 23 de Abril. Durante su festivo, los distintos feudos organizan juegos que ponen a prueba la pericia de los participantes, y el Duque normalmente convoca un torneo para sus vasallos donde los caballeros demuestran ser dignos del legado del Santo. A menudo los nuevos caballeros aprovechan estas justas y pruebas para comenzar a labrarse un nombre, bajo la guía del santo patrón. También es un día en que los gremios cierran, pero dedican mucho tiempo a preparar diferentes acuerdos entre sí y se preparan tratados y envíos de materiales que mantendrán a los gremios unidos y avanzando durante mucho tiempo tras la celebración de San Jorge.
Medinaceli:
San Gregorio Magno, patrón de los sabios, es también el de la Casa de Medinaceli. Sus festejos, el 2 de Septiembre, se celebran en Toledo y son festivales enormes en los cuales además de comer y beber, el pueblo y los nobles se juntan para escuchar las palabras de los oradores, los teólogos y los universitarios. Tras ellos hablan a menudo muchos nobles, sobretodo jóvenes, que quieren exponer cómo creen que debería avanzar la Casa en el futuro, y demuestran sus habilidades como diplomáticos y capaces de grandes discursos. Finalmente, con el final de la tarde, el Rey se dirige al propio pueblo desde un lugar claramente visible a las masas, y habla largamente acerca del año pasado y el año que seguirá, y lo que ello implicará para los nobles y para el pueblo.
Alba:
San Enrique es el patrón de la Casa de Alba, un emperador de hace dos siglos en el Sacro Imperio Romano Germano renombrado por su habilidad como guerrero y su fé. Su festividad es el día 13 de Julio, y durante ella las diferentes Casas nobiliarias celebran primero una muy importante misa en sus iglesias, durante la cual hacen importantes donaciones a la Iglesia para fortalecer la fé en sus tierras; después reproducen las batallas contra los musulmanes de modo festivo, celebrando así la victoria que les ha dado las tierras que ahora tienen. Sin embargo, junto a la adoración a San Enrique, en las tierras Alba también está muy extendida la adoración de la Virgen, en sus múltiples formas, para la cual se celebran enormes festejos y misas que rivalizan con los dedicados a San Enrique. Esto ocurre, sin embargo, en diferentes fechas, según a qué virgen hayan escogido adorar en cada uno de los feudos. Normalmente, la forma tradicional de las mismas son las procesiones en honor a la virgen, más un festejo que un acto solemne.
Olivares:
San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, es también el patrón de la Casa Olivares. Sus festejos, el 15 de Mayo, celebran el final de la siembra y solicitan la ayuda del patrón para el crecimiento y florecimiento de esa cosecha que deberán recolectar en verano y otoño. Es un día en el que nadie trabaja, sino que se dan a la fiesta y se entretienen, mientras atienden a los curas que van visitando cada una de las granjas para solicitar la bendición de Isidro en esas tierras.
Musoles:
La Virgen del Carmen, patrona y protectora de navegantes y marineros, es la patrona de la Casa de Musoles, y se celebra el 16 de Julio. Sus festividades se celebran siempre en la costa de las islas, y son festejos a menudo mirados con cierta preocupación por la Iglesia por "excesivamente paganos", ya que en ellos no se celebra una misa formal (aunque numerosos párrocos hablan en las playas), sino que la gente de modo más individual va y hace pequeñas ofrendas que lanzan a las olas. Está considerado como de muy buena suerte encontrar una de estas ofrendas cuando, a menudo, son traídas de vuelta por las mareas a lo largo de los días y meses siguientes.
Junto a estos grandes patrones y festejos de las Grandes Casas, se celebran muchos otros santos y patrones. Primero los específicos de las Casas concretas señoras del feudo, a veces santos locales, a veces otros santos de importancia pero que no han sido escogidos por las Ducales. Además, hay santos específicos que son celebrados en muchas zonas (por ejemplo, a San Isidro Labrador lo festejan en casi toda Hyspania los campesinos, aunque de modos más tradicionales). También la Virgen es adorada en muchas zonas, en especial en el sur, y en sus numerosas encarnaciones se le celebran misas especiales, días de festejo, y peregrinaciones.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Relato: Lección Sobre el Condado del Infantazgo
Sentaos, joven Señor, que tenéis mucho que aprender sobre estas tierras que ahora son vuestras. Desde esa ventana podéis divisar toda Segovia, y más allá las llanuras y fértiles tierras de este Condado que habéis heredado, que llega hasta las montañas que podéis divisar en la lejanía. Pero, para poder gobernarlo con efectividad, y si algún día queréis ser un buen Duque, debéis conocer su historia. Así pues, mi Señor, por favor, tomad asiento que os voy a contar como todo esto llegó a ser como es hoy en día.
Veréis, mi Señor, la historia del Condado del Infantazgo, tal como lo conocemos ahora, comenzó cuando fue Reconquistado de manos de los musulmanes por vuestro ancestro, su Majestad Alfonso VII, reconocido con el sobrenombre "El Líder" por su gran habilidad y poderío. Por aquel entonces, las fuerzas de vuestra Casa eran las más poderosas del Reino, mi Señor, y vuestros ancestros portaban orgullosos la Corona de Hyspania sobre sus cabezas. Tal era la fuerza y el empuje que tenían sus ejércitos, y el liderazgo de sus generales y Señores, que tras la caída de Segovia en el año de nuestro Señor de 984, el resto de las tierras de la zona la siguieron en la década siguiente.
Fue un tiempo de dicha, que incluyó la victoria sobre las tropas Portuguesas en lo que ahora son tierras de la Casa de Medinaceli, y el ascenso de aquella al rango de Casa Ducal. Pero, para lo que nos importa, las tierras de Segovia fueron entregadas a la Casa de Ferria, mi Casa Señor, que había destacado en la guerra y cuyo líder había demostrado una gran capacidad para el gobierno. Ciertamente, el Conde Teodosio de Ferria era un ejemplo a seguir, un hombre muy notable en todos los aspectos de su vida. En cualquier caso, que me desvío, así fue hasta que el Rey Lucas I, "El Sabio", cambió todo en el año de nuestro Señor de 1054.
Él creía que sus hijos y los hijos de estos debían aprender a gobernar pequeños territorios antes de tener que gobernar todo el Reino, de modo que reorganizó el Condado para que pudiese cumplir esta función. Decidió que su hijo mayor, Rodrigo, se convirtiese en el Conde del Infantazgo, nombre con el que se conoció a partir de entonces al Condado de Segovia; la Casa de Ferria se convertiría en su brazo armado directo, y los encargados de instruirlo y guiarlo en las lecciones sobre el gobierno, el poder y la Corona. Era un gran honor el que se nos concedía a los Ferria, que lo aceptamos gustosos aún cuando implicaba perder el control de lo que era anteriormente nuestro propio Condado. Pero somos una familia de servidores de la Casa de Alarcón, mi Señor, y siempre estaremos a vuestros pies por muchos sacrificios que ello implique.
Desde entonces, el Condado tomó su actual nombre, y comenzó su historia tal como lo conocemos hoy en día. Sin embargo, he de reconocer, mi Señor, que la idea de vuestro ancestro de que instruyésemos aquí a los futuros Herederos de la Corona, no siempre funcionó.
De hecho, su propio hijo Rodrigo II y su nieto Alfonso VIII fueron conocidos por su crueldad, y falta de honor. Y es algo que debéis saber, pues se debió en parte a nuestro fracaso en instruirles adecuadamente, ya que no sabíamos bien como hacerlo. Algunos incluso nos achacan la creciente debilidad de vuestra familia, mi Señor, que llevó finalmente a que los Medinaceli osasen levantarse en armas y os arrebatasen la Corona que justamente pertenece a vuestro linaje. ¡Pero no tenemos culpa de ello, mi Señor! Como veréis con los años, lo hacemos lo mejor que podemos, y no encontraréis vasallos más leales y dispuestos que nosotros. Hemos renunciado al señorío de este Condado para que vuestro linaje fuese todo lo fuerte que podría ser, y a ello entregamos cada aliento que poseemos.
En cualquier caso, que me desvío de nuevo, de todo aquello ha pasado mucho tiempo. Y este Condado ya no tiene la gloria que una vez tuvo. Sin embargo, mi joven Señor, aún hay muchos, especialmente en nuestra Casa, que os llaman en secreto el Príncipe del Infantazgo, y que esperan que algún día os alcéis de nuevo con la Corona que os corresponde. A mi no me corresponde juzgar, por supuesto, pero toméis el camino que toméis, sabed que siempre estaremos a vuestro lado, como estuvimos al lado de vuestro padre, vuestro abuelo, y todos vuestros ancestros que desde Lucas I fueron puestos a nuestro cuidado.
Veréis, mi Señor, la historia del Condado del Infantazgo, tal como lo conocemos ahora, comenzó cuando fue Reconquistado de manos de los musulmanes por vuestro ancestro, su Majestad Alfonso VII, reconocido con el sobrenombre "El Líder" por su gran habilidad y poderío. Por aquel entonces, las fuerzas de vuestra Casa eran las más poderosas del Reino, mi Señor, y vuestros ancestros portaban orgullosos la Corona de Hyspania sobre sus cabezas. Tal era la fuerza y el empuje que tenían sus ejércitos, y el liderazgo de sus generales y Señores, que tras la caída de Segovia en el año de nuestro Señor de 984, el resto de las tierras de la zona la siguieron en la década siguiente.
Fue un tiempo de dicha, que incluyó la victoria sobre las tropas Portuguesas en lo que ahora son tierras de la Casa de Medinaceli, y el ascenso de aquella al rango de Casa Ducal. Pero, para lo que nos importa, las tierras de Segovia fueron entregadas a la Casa de Ferria, mi Casa Señor, que había destacado en la guerra y cuyo líder había demostrado una gran capacidad para el gobierno. Ciertamente, el Conde Teodosio de Ferria era un ejemplo a seguir, un hombre muy notable en todos los aspectos de su vida. En cualquier caso, que me desvío, así fue hasta que el Rey Lucas I, "El Sabio", cambió todo en el año de nuestro Señor de 1054.
Él creía que sus hijos y los hijos de estos debían aprender a gobernar pequeños territorios antes de tener que gobernar todo el Reino, de modo que reorganizó el Condado para que pudiese cumplir esta función. Decidió que su hijo mayor, Rodrigo, se convirtiese en el Conde del Infantazgo, nombre con el que se conoció a partir de entonces al Condado de Segovia; la Casa de Ferria se convertiría en su brazo armado directo, y los encargados de instruirlo y guiarlo en las lecciones sobre el gobierno, el poder y la Corona. Era un gran honor el que se nos concedía a los Ferria, que lo aceptamos gustosos aún cuando implicaba perder el control de lo que era anteriormente nuestro propio Condado. Pero somos una familia de servidores de la Casa de Alarcón, mi Señor, y siempre estaremos a vuestros pies por muchos sacrificios que ello implique.
Desde entonces, el Condado tomó su actual nombre, y comenzó su historia tal como lo conocemos hoy en día. Sin embargo, he de reconocer, mi Señor, que la idea de vuestro ancestro de que instruyésemos aquí a los futuros Herederos de la Corona, no siempre funcionó.
De hecho, su propio hijo Rodrigo II y su nieto Alfonso VIII fueron conocidos por su crueldad, y falta de honor. Y es algo que debéis saber, pues se debió en parte a nuestro fracaso en instruirles adecuadamente, ya que no sabíamos bien como hacerlo. Algunos incluso nos achacan la creciente debilidad de vuestra familia, mi Señor, que llevó finalmente a que los Medinaceli osasen levantarse en armas y os arrebatasen la Corona que justamente pertenece a vuestro linaje. ¡Pero no tenemos culpa de ello, mi Señor! Como veréis con los años, lo hacemos lo mejor que podemos, y no encontraréis vasallos más leales y dispuestos que nosotros. Hemos renunciado al señorío de este Condado para que vuestro linaje fuese todo lo fuerte que podría ser, y a ello entregamos cada aliento que poseemos.
En cualquier caso, que me desvío de nuevo, de todo aquello ha pasado mucho tiempo. Y este Condado ya no tiene la gloria que una vez tuvo. Sin embargo, mi joven Señor, aún hay muchos, especialmente en nuestra Casa, que os llaman en secreto el Príncipe del Infantazgo, y que esperan que algún día os alcéis de nuevo con la Corona que os corresponde. A mi no me corresponde juzgar, por supuesto, pero toméis el camino que toméis, sabed que siempre estaremos a vuestro lado, como estuvimos al lado de vuestro padre, vuestro abuelo, y todos vuestros ancestros que desde Lucas I fueron puestos a nuestro cuidado.
domingo, 17 de octubre de 2010
Casa de la Vega
Vasallos de: Casa de Ansúrez, vasalla de la Casa Alarcón.
Escudo de armas: una torre en llamas en amarillo sobre campo rojo.
Lema: Un gobierno justo, un pueblo dedicado.
Historia:
La Casa de la Vega es una Casa antigua y con larga historia, ya que existía desde tiempos de las invasiones godas en el territorio que actualmente ocupa. Sin embargo, con la invasión musulmana fueron expulsados al norte, a las montañas, donde se vieron obligados a refugiarse largo tiempo.
Cuando la Reconquista comenzó, los caballeros que quedaban y decían ser de la Casa (ya que esta, como tal, había sido destruida al perder su feudo) lucharon con ahínco, esperando erróneamente que el feudo les fuese devuelto al retomar las tierras que lo componían. Por el contrario, sin embargo, el Duque Alarcón le concedió las tierras a la Casa de Rodríguez por su distinción en la batalla. Ofendidos, los miembros de la Casa de la Vega abandonaron la Reconquista y se echaron a los bosques de su feudo, donde lentamente fraguaron una rebelión contra los Señores del mismo. Les llevó cerca de diez años lograr causar el suficiente malestar en el pueblo, fortalecer a los grupos de bandidos de la zona, y organizar el levantamiento popular que, en el año de Nuestro Señor de 863, quemó el torreón de la Casa de Rodríguez y mató a la mayor parte de los miembros de la misma (los que no estaban de viaje). A raíz de ello, Luis de la Vega se presentó ante el Conde Ansúrez y le mostró pruebas de la ineficacia de la Casa Rodríguez para gobernar, así como pruebas que le identificaban como descendiente de la Casa de la Vega que originalmente poseía aquellas tierras. Aunque muchos dicen que eran pruebas inventadas y falsas, el Conde accedió al final a entregar las tierras a los de la Vega, y así Luis se convirtió en el primer Marqués de la misma desde la llegada de los musulmanes.
Personalidad:
La Casa de la Vega está considerada, desde antaño, como una rareza entre las Casas Alarcón. Primero, porque ya desde su fundación está claro que el honor no es uno de los elementos característicos de la misma, sino la ambición (aunque muchos de sus miembros sí sean muy honorables). Y, segundo, porque en una Casa de guerreros y generales, los de la Vega siempre han sido más dados a la diplomacia que a las espadas, destacado en ello desde hace varias generaciones. Además, la ambición que mueve a la mayor parte de sus líderes recientes contrasta con el cansancio y pasividad tan extendido dentro del seno de las Casas Alarcón, haciendo de la de la Vega una Casa sorprendentemente activa y luchadora.
Personas Importantes del Feudo:
Marcos de la Vega es el actual Señor de la Casa, un hombre de 40 años conocido por su inalterable sentido de la justicia y su ambición. Es un hombre encantador y afable, con numerosos amigos por sus tierras y más allá, y capaz de convencer a cualquiera de lo justo de sus intenciones. Es además un general de una habilidad decente, aunque no a la altura de los grandes generales Alarcón.
Sandro de la Vega es el hijo mayor de la Casa y futuro heredero de la misma. A sus 19 años es un joven consentido y mimado, caprichoso y de difícil trato, y sin embargo inteligente y carismático como pocos. Sus dotes de manipulación son conocidas por todos en la Casa, y muchos lo consideran como el hijo que terminará la labor del padre de encumbrar a la Casa. Aún no está prometido a nadie, y varios nobles de la zona lo consideran un buen partido para sus hijas.
Josefina de la Vega es la pequeña de la Casa, y a sus 9 años es una pequeña belleza rubia, servicial e inocente. Dedica el tiempo a sus juegos, y no está aún prometida.
Rodrigo de la Vega es el último tío de Marcos de la Vega, un hombre de 51 años culto y sabio, además de un excelente orador. Los rumores señalan que cuando su hermano mayor murió, Rodrigo intentó hacerse con el título de la Casa en lugar de su sobrino, pero al final cedió; sea como fuere, lo cierto es que la constante lucha de Rodrigo por mejorar la posición de los de la Vega ha hecho que esas heridas hayan sanado, o al menos eso parece. Lo que sí no ha sanado es el paso del tiempo, que ha dejado a Rodrigo debilitado y débil.
Álvaro de la Vega es el hermano menor del Señor, y actualmente está encargado de ser el jefe de la guardia y las tropas del castillo. Conocido como el Caballero del Sabueso, su percepción es motivo de leyendas por todo el territorio de la Casa, al igual que su crueldad para con los criminales. Su esposa fue asesinada por una banda de malhechores, de los cuales varios aún están en libertad, y ha jurado vengarla.
Luis de la Vega es el primo de Marcos, siendo hijo de Rodrigo de la Vega. Es un joven talentoso y culto como su padre.
Justo de Mendia es un caballero que ha jurado vasallaje a la Casa de la Vega y actualmente hace de campeón para la misma. Es un hombre callado y serio, experto en justas y combate, y con un marcado sentido del deber.
Javier es un hombre mayor, encargado de atender a los asuntos del castillo como su chambelán. Es eficiente, servicial, callado y tranquilo, y le encanta que todo se haga entre el servicio exactamente como él dice que se haga.
Pedro es un joven inocente y fuerte, mano derecha de Álvaro de la Vega, y normalmente encargado de manejar la ley del feudo mientras su superior está tratando otros asuntos.
Diego es el maestro de armas del castillo, con sus 45 años y su trato paternal es el encargado de enseñar a manejar la espada y la lanza a los caballeros de la Casa, aunque se le suele prestar menos atención de la que cree que merece al respecto.
Juana de Falez es una joven y bella cortesana con una curiosidad insaciable. Algunos dicen que tiene relaciones con el Señor de la Casa y/o con su hijo, pero si es así nadie lo puede confirmar.
Feudo:
El feudo de la Casa de la Vega es una llanura tranquila, ocupada en su mayor parte por granjas de cereales donde habitan los campesinos. Al norte del mismo se encuentra el Bosque de las Cuatro Peñas, que se asienta sobre cuatro pequeñas colinas y cuenta con un aserradero; al oeste se encuentra el Bosque del Alcornoque Viejo, que es un poco menos denso pero que, al igual que su contrapartida del norte, tiene una buena cantidad de bandidos y maleantes en su interior. La Posada de la Colina del Sabueso es un lugar de mala reputación, íntimo y mal cuidado, donde se reúne la gente de la peor calaña para discutir cosas que no quieren que otros sepan; algunos dicen que aquí es donde se fraguó la rebelión original y por eso no es destruida por los Señores de la Casa. Siguiendo las carreteras del este y del oeste se pueden encontrar también las posadas del Escudo y del Ciervo Veloz, habitualmente ocupadas en su mayor parte por comerciantes y viajeros que van por los mercados de la zona vendiendo sus productos. El pueblo no es demasiado grande, pero sí tiene su importancia pues actúa como núcleo de la dispersa población del feudo. Justo frente a la pequeña iglesia del mismo se reúne todos los días el mercado, donde se venden productos de toda la región y que ha obtenido notable importancia en el área circundante. La Taberna Roja es el lugar de la zona donde los lugareños prefieren beber y pasar el tiempo y siempre se encuentra activa y llena de gente.
Finalmente, el hall es un edificio recio de piedra, cuadrado y con dos entradas. Carece de murallas ni estructuras defensivas adicionales, aunque sí tiene una casa para los criados y unas caballerizas que incluyen una pequeña armería.
Mapa
Problemas en el Feudo:
Desde tiempos de la rebelión, el problema principal de las tierras de la Vega han sido los bandidos y maleantes. Aunque la mayor parte de los Señores de la Vega han luchado contra ellos, han logrado poco más que contenerlos levemente, y su presencia ha creado siempre conflictos con los Señores vecinos. Sólo el Señor actual ha tenido un cierto grado de éxito en la lucha contra ellos, ayudado por su hermano, lo cual ha ido haciendo que los bandidos se vuelvan más osados al sentirse crecientemente acorralados, e incluso han ido tan lejos como para intentar asesinar al Señor de la Casa durante el festival arrojado a la vuelta del Torneo Real para conmemorar la buena labor de la Casa en el mismo.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Lugar: Escuela de Generales del Infantazgo
En las llanuras castellanas, en pleno Condado de Palencia, justo al sur de las montañas que marcan el norte irreductible, se encuentra uno de los edificios más aburridos e importantes del Reino. Construido tan pronto la Reconquista tomó esas tierras, era el proyecto del Duque Eduardo de Alarcón para dar a su Casa un mayor peso en un Reino gobernado por la Casa de Jovellanos. Designó a un arquitecto importante para que construyese el mastodonte cuadrado de piedra que es hoy el edificio central de la Escuela, que se completó en el año 862.
Es un edificio adusto y regio, sin grandes engalanamientos pero con ese peso que da la dignidad y la nobleza adquirida con los siglos de historia que tiene. Durante ellos ha sido ampliado en numerosas ocasiones, con dos torres en los lados del pórtico frontal, así como un ala alargada que se despereza desde el lateral este. Unas murallas de reciente construcción cierran el recinto en un amplio círculo, dejando un patio frontal entre ellas y el castillo que es conocido como el Patio de los Tobillos Rotos, en honor a los enormes esfuerzos requeridos de todos los que allí entrenan.
Este es el lugar donde, durante generaciones, han sido entrenados los terceros hijos de los líderes de la Casa de Alarcón, disciplinados y fortalecidos en las necesidades del manejo de los ejércitos. Es el lugar que hizo temibles a los ejércitos de la Casa, y donde muchos nobles pagaban fortunas para que sus hijos también pudiesen acudir, especialmente entre las demás Casas Alarcón. Es el lugar que se ha convertido en una sombra de sí mismo.
Como todo con los Alarcón, la Escuela da la sensación de haber dejado atrás sus mejores momentos. Sus alojamientos, que bien podían atender antes a cincuenta nobles con sus séquitos, más los profesores, los sirvientes y los invitados, ahora apenas están ocupados por la mitad de los que deberían estar. Las telarañas se acumulan en muchos pasillos, entre las estatuas de regios generales y cuadros enmohecidos. El Patio de los Huesos Rotos, otrora siempre lleno de gritos de los hombres que entrenaban, ahora parece demasiado grande para los grupitos que hacen sus ejercicios.
Sigue reteniendo gran parte de su prestigio, y muchos de sus viejos profesores siguen siendo veteranos generales con gran experiencia que entregar... pero parece que eso ya no basta. Ahora sobran las vacantes para entrenar, y muchos de los nobles ya ni consideran enviar a sus hijos a aprender en estas salas.
El nombre, por su parte, es fruto de un tiempo en que el norte era lo único que había Reconquistado. Hoy por hoy, a menudo lleva a confusiones por el hecho de que mucha gente imagina que debería encontrarse en el Condado del Infantazgo, que se encuentra mucho más al sur, pero se olvidan de que este edificio existe desde mucho antes de que aquellas tierras fuesen recristianizadas. A menudo se ha solicitado que cambie su nombre, especialmente desde que los Infantes son Medinaceli y no Alarcón, pero los Duques de la Casa siempre se han negado, incrementando las habituales tensiones entre ambas Casas por motivos similares a este.
Es un edificio adusto y regio, sin grandes engalanamientos pero con ese peso que da la dignidad y la nobleza adquirida con los siglos de historia que tiene. Durante ellos ha sido ampliado en numerosas ocasiones, con dos torres en los lados del pórtico frontal, así como un ala alargada que se despereza desde el lateral este. Unas murallas de reciente construcción cierran el recinto en un amplio círculo, dejando un patio frontal entre ellas y el castillo que es conocido como el Patio de los Tobillos Rotos, en honor a los enormes esfuerzos requeridos de todos los que allí entrenan.
Este es el lugar donde, durante generaciones, han sido entrenados los terceros hijos de los líderes de la Casa de Alarcón, disciplinados y fortalecidos en las necesidades del manejo de los ejércitos. Es el lugar que hizo temibles a los ejércitos de la Casa, y donde muchos nobles pagaban fortunas para que sus hijos también pudiesen acudir, especialmente entre las demás Casas Alarcón. Es el lugar que se ha convertido en una sombra de sí mismo.
Como todo con los Alarcón, la Escuela da la sensación de haber dejado atrás sus mejores momentos. Sus alojamientos, que bien podían atender antes a cincuenta nobles con sus séquitos, más los profesores, los sirvientes y los invitados, ahora apenas están ocupados por la mitad de los que deberían estar. Las telarañas se acumulan en muchos pasillos, entre las estatuas de regios generales y cuadros enmohecidos. El Patio de los Huesos Rotos, otrora siempre lleno de gritos de los hombres que entrenaban, ahora parece demasiado grande para los grupitos que hacen sus ejercicios.
Sigue reteniendo gran parte de su prestigio, y muchos de sus viejos profesores siguen siendo veteranos generales con gran experiencia que entregar... pero parece que eso ya no basta. Ahora sobran las vacantes para entrenar, y muchos de los nobles ya ni consideran enviar a sus hijos a aprender en estas salas.
El nombre, por su parte, es fruto de un tiempo en que el norte era lo único que había Reconquistado. Hoy por hoy, a menudo lleva a confusiones por el hecho de que mucha gente imagina que debería encontrarse en el Condado del Infantazgo, que se encuentra mucho más al sur, pero se olvidan de que este edificio existe desde mucho antes de que aquellas tierras fuesen recristianizadas. A menudo se ha solicitado que cambie su nombre, especialmente desde que los Infantes son Medinaceli y no Alarcón, pero los Duques de la Casa siempre se han negado, incrementando las habituales tensiones entre ambas Casas por motivos similares a este.
domingo, 8 de agosto de 2010
Condado: Pamplona
Gobernado por la Casa Ansúrez, el Condado de Pamplona es uno de los más antiguos del Reino, ya que existe desde tiempos Godos. Se extiende desde el Mar Cantábrico al norte, pasando por las montañas, el Ebro, las llanuras del norte de Castilla, hasta llegar finalmente a las montañas del Sistema Ibérico. Al este tiene frontera con los Condados de la Casa Cruilles, y por el oeste con el propio Ducado Alarcón. Son tierras bañadas en historia, en la sangre de romanos, godos, musulmanes y cristianos, y eso es algo que se nota en sus parajes y villas. Las calzadas romanas cruzan la zona y las fortalezas en pie en muchos sitios muestran cimientos o zonas mucho más antiguas que las Casas que actualmente las ocupan.
La Casa Ansúrez:
La Casa Condal que gobierna estas tierras lo hace desde el centro-este de sus dominios, desde Pamplona La Vieja. Su castillo de tamaño mediano, llamado Orgullo de Ansúrez, tiene casi mil años de historia, en sus muchas formas, y la reconquista del mismo de manos musulmanas fue lo que llevó a la Casa Ansúrez a ser escogida por el Duque para la posición de Condes después de que la Casa Orode fuese destruida en la Reconquista. Pamplona es el ojo querido de los Ansúrez, una gran ciudad dotada de importantes infrastructuras y medios. Gremios, comerciantes, clérigos, villanos y nobles todos comparten las bulliciosas calles de la ciudad con leprosos, ladrones y prostitutas. El Obispo, Ataúlfo Ansúrez oficia misa desde la Catedral, y numerosas otras iglesias de la ciudad ofrecen también sus servicios.
La Ansúrez es una familia orgullosa y antigua, capaz en su gobierno pero quizás un poco escasos de ambición. Como ocurre a menudo con los Alarcón, están cansados de los conflicto, y usualmente dedican gran parte de su tiempo al ocio, o al simple manejo efectivo de sus tierras, reduciendo los problemas entre sus vasallos. Su Señor, Elías de Ansúrez, es un hombre de unos cuarenta años, eficaz, pero más amante de la caza que de las labores de la alta política.
La Casa Ansúrez se halla aliada con la Casa Mora y la Casa Ruiz.
La Casa Mora:
Situada en la costa del Cantábrico, las tierras de esta Casa son abruptas y montañosas, pero contienen importantes puertos mercantes. Es una Casa relativamente joven, pues aparecieron en existencia con la caída de la Casa Orode (pues estas eran el centro de las tierras de aquella Casa). De hecho, gobiernan desde una torre fortificada, último resto del Castillo del Mar de la Casa que la precedió, destruido en su mayoría por un terremoto. Sin embargo, la posesión principal de la Casa, y la que mayor valor tiene, es el Puerto de Nuestra Señora del Mar, una villa notable situada debajo de la torre, y que sirve de acceso marítimo principal para todo el Condado.
La Casa Mora, por su parte, es pequeña y débil. Surgida más por necesidad que por verdaderos logros de sus miembros, los Mora poseen poca influencia política, ejércitos o tierras. Sus principales poderes e intereses provienen del mar, y de ahí también surgen sus rivales, entre los que se encuentra su glorioso Reino, Majestad. Su señor, Augusto de Mora, es mayor, está cansado y algo senil, y muchos esperan que rápidamente le suceda su hijo Claudio.
La Casa Mora se halla enemistada con la Casa Argüelles y la Casa Devine (Cruilles), y aliada con la Casa Ansúrez.Y, por supuesto, se encuentra en competencia con su Reino, Francia.
La Casa Argüelles:
La más antigua de las Casas de estas tierras, los Argüelles eran la alternativa a los Ansúrez para ocupar el Condado, sin embargo no fueron escogidos. Desde entonces, las enemistades entre ambas Casas han permanecido, hecho sólo empeorado por el hecho de que los Argüelles son la segunda Casa más importante de la zona. Su castillo, llamado como la familia, es un bastión sólido y poderoso que poco tiene que envidiar al de Pamplona, y fuertemente defendido. Sin embargo, los Argüelles no sólo tienen un poderoso ejército y sólidas defensas, sino una importante cantidad de influencia política y religiosa (especialmente ya que el segundo hermano del Señor es Obispo en el Condado).
La Casa Argüelles está dirigida con firmeza y habilidad por su Señor, Sergio de Argüelles, que ha sido capaz de aprovechar las oportunidades que han ido surgiendo para ir manteniendo el lugar de su Casa como alternativa a la Ansúrez. Sin embargo, no pudo evitar que tras la última guerra, sus tierras se viesen algo reducidas, algo que no le gusta precisamente.
Se encuentra enemistada con la Casa Mora y la Casa Ansúrez.
La Casa Sánchez:
En el centro-oeste del Condado se encuentran las posesiones de esta Casa, que gobierna desde su pequeño Castillo de las Llanuras. Son una Casa tranquila, sólida y de solera, aunque su gloria se halla en un lento y tranquilo declive desde hace casi un siglo. Las villas y los pueblos languidecen lentamente por la ausencia de un liderato fuerte capaz de darles de nuevo vitalidad.
Su Señor, Germán de Sánchez, es un hombre joven y poco decidido, incapaz de actuar sin el consejo de sus dos hermanos y de su tío, lo cual hace lenta la toma de decisiones por su parte. Cosa que sólo complica su situación y fomenta que, al final, no haga nada nunca.
La Casa Sánchez se halla enemistada con la Casa Lérez.
La Casa Ruiz:
Los Ruiz son una Casa sólida y segura, formada por guerreros que claman tener orígenes en las familias patricias romanas. Aunque pocos creen en estos alegatos, menos dudan aún de la capacidad militar de esta Casa, y de la fuerza que irradia desde su Castillo de los Ocho Escudos. Allí, entre sus amplias murallas, se acantonan los ejércitos más poderosos del Condado, entrenando con frecuencia bajo el liderazgo de los generales de la Casa, que actúan a menudo como las tropas de choque del Conde.
Su Señor, Félix de Ruiz, es un hombre duro y severo, disciplinado y de un honor intachable. Entrenado en la propia Escuela de Generales del Infantazgo hace muchos años, sus tropas han derrotado a sus enemigos en numerosas ocasiones, y ello ha traído bonanza a la Casa, que ve un futuro en el que podría prosperar si sabe mantener su apoyo en el Conde y que este avance su causa.
La Casa Ruiz se halla aliada con la Casa Ansúrez y con la Casa Lérez.
La Casa de la Vega:
Los de la Vega son una rareza entre los Alarcón, pues son una Casa de diplomáticos y políticos, menos dados a la guerra que sus contrapartidas. El Hall de la Vega, su fortaleza principal, gobierna desde encima de un pequeño pueblo en el cruce de tres antiguas vías romanas. La Familia de la Vega tomó el control del Hall hace siglos, cuando organizaron una revuelta contra los antiguos Marqueses, reclamando las tierras como suyas por herencia de cuando eran godas. Desde entonces, son tierras que siempre han sido problemáticas, con enormes cantidades de bandidos y maleantes.
El Señor de la Casa, Marcos de la Vega, es un hombre seguro y ambicioso, que ha tomado la decisión de llevar a la Casa a una nueva gloria y cuenta con el apoyo incondicional de su familia. Por primera vez en siglos, la Casa ha comenzado bajo su mandato a controlar los problemas de bandidos, y a jugar una mayor parte en la política del Condado aprovechando su experimentada voz.
Esta Casa se halla aliada con la Casa Bordell (Cruilles).
La Casa Lérez:
Situada en las regiones montañosas del sur-oeste del condado, esta Casa gobierna desde su Hall del Olivo, donde afirman que su familia asentó la zona poco después de Reconquistarla hace muchos siglos. Desde entonces, los Lérez han intentado aumentar las fortunas de su Casa siempre, pero por diversas razones nunca han sido capaces de tener éxito en sus empresas. Son unos excelentes productores de pieles y armaduras, y cuentan con una notable influencia en las posesiones eclesiásticas del sur.
Su Señor, Francisco de Lérez, es un hombre mayor pero todavía capaz. Aficionado a las mujeres, ha tenido numerosos hijos (más si contamos a los bastardos) y sabe que su dinastía persistirá. Por ello, continúa esforzándose para dejarles una situación mejor de la que heredó él, pero fracasa. Empieza a creer que está maldito, y ha acudido a la Iglesia intentando poner remedio a esa maldición.
La Casa Lérez se encuentra enemistada con la Casa Sánchez, y aliada con la Ruiz. Hasta hace medio siglo, estaban enemistados también con los Valle, pero después de asediarlos sin éxito, ambas Casas han firmado una inquieta paz.
La Casa Valle:
Situada en el sur-este del Condado, la Casa Valle gobierna desde el Pico del Águila, su fortaleza construida en lo alto de las montañas. Considerada como inexpugnable por muchos, es el amor principal de la Casa y su principal fuente de poder. Todas las Casas están de acuerdo que atacar a los Valle en su territorio es demasiado difícil por lo traicionero del mismo. Además, la Casa Valle posee una enorme influencia en materia religiosa por su larga mano en los asuntos de los monasterios del sur, lo cual saben utilizar en su ventaja.
José de Valle, el Señor de la Casa, es un hombre mayor y familiar. Tranquilo y carente de demasiadas preocupaciones, ha dejado atrás ya las ambiciones de la juventud para simplemente gobernar con paciencia unas tierras que sabe que seguirán ahí mucho después de que él se vaya. Aficionado a la bebida, este simpático hombre a menudo es visto como un amigable abuelo más que como un Señor por sus propios vasallos, que lo tienen en gran aprecio.
Esta Casa no tiene ni enemistades ni alianzas, aunque mantiene una cierta tensión con la Casa Lérez.
Las Posesiones Eclesiásticas:
Entre las tierras de los Argüelles y los Sánchez se encuentra el Priorato del Perdón, unas tierras ocupadas por varios monasterios menores y que antiguamente pertenecieron a la Casa Argüelles. Sin embargo, tras intentar ir a la guerra con los Ansúrez hace 54 años y ser derrotados por estos con la ayuda de las tropas Ruiz, los Argüelles se vieron forzados a donar estas tierras a la Iglesia como castigo. Al sur, en las montañas, se encuentran algunos de los monasterios más importantes del norte de Hispania. Mayoritariamente de Franciscanos y Jesuitas, estos monasterios tienen numerosos teólogos famosos, y una enorme influencia en los menesteres de la Iglesia en todo el Ducado. Sus abades más hábiles son, además, más que adeptos políticos y a menudo median en los asuntos de las Casas como intermediarios... aunque se sabe que suelen mostrar favoritismos por las Casas Valle y Lérez.
Conflictos Actuales del Condado:
Después del nombramiento del nuevo Obispo en la Casa Argüelles, los conflictos en la región vuelven a ser los habituales. Los Ansúrez continúan siendo el núcleo de su Condado, como es natural, pero la tensión con los Argüelles se mantiene sólo controlada por la promesa de la intervención de las tropas Ruiz.
Los Lérez han mostrado también un creciente interés por las tierras del sur de la Casa Sánchez, que acusan de ser ya incapaz de manejarlas con efectividad, y podrían buscar una confrontación más directa si ven la ocasión para ello.
Por su parte, el problema de los bandidos de la Casa de la Vega es tema habitual en las discusiones de la Corte y, aunque se están haciendo progresos, continúa afectando a los Marquesados circundantes, en especial a los Ruiz, donde una nueva banda organizada está causando daños.
Mapa del Condado
La Casa Ansúrez:
La Casa Condal que gobierna estas tierras lo hace desde el centro-este de sus dominios, desde Pamplona La Vieja. Su castillo de tamaño mediano, llamado Orgullo de Ansúrez, tiene casi mil años de historia, en sus muchas formas, y la reconquista del mismo de manos musulmanas fue lo que llevó a la Casa Ansúrez a ser escogida por el Duque para la posición de Condes después de que la Casa Orode fuese destruida en la Reconquista. Pamplona es el ojo querido de los Ansúrez, una gran ciudad dotada de importantes infrastructuras y medios. Gremios, comerciantes, clérigos, villanos y nobles todos comparten las bulliciosas calles de la ciudad con leprosos, ladrones y prostitutas. El Obispo, Ataúlfo Ansúrez oficia misa desde la Catedral, y numerosas otras iglesias de la ciudad ofrecen también sus servicios.
La Ansúrez es una familia orgullosa y antigua, capaz en su gobierno pero quizás un poco escasos de ambición. Como ocurre a menudo con los Alarcón, están cansados de los conflicto, y usualmente dedican gran parte de su tiempo al ocio, o al simple manejo efectivo de sus tierras, reduciendo los problemas entre sus vasallos. Su Señor, Elías de Ansúrez, es un hombre de unos cuarenta años, eficaz, pero más amante de la caza que de las labores de la alta política.
La Casa Ansúrez se halla aliada con la Casa Mora y la Casa Ruiz.
La Casa Mora:
Situada en la costa del Cantábrico, las tierras de esta Casa son abruptas y montañosas, pero contienen importantes puertos mercantes. Es una Casa relativamente joven, pues aparecieron en existencia con la caída de la Casa Orode (pues estas eran el centro de las tierras de aquella Casa). De hecho, gobiernan desde una torre fortificada, último resto del Castillo del Mar de la Casa que la precedió, destruido en su mayoría por un terremoto. Sin embargo, la posesión principal de la Casa, y la que mayor valor tiene, es el Puerto de Nuestra Señora del Mar, una villa notable situada debajo de la torre, y que sirve de acceso marítimo principal para todo el Condado.
La Casa Mora, por su parte, es pequeña y débil. Surgida más por necesidad que por verdaderos logros de sus miembros, los Mora poseen poca influencia política, ejércitos o tierras. Sus principales poderes e intereses provienen del mar, y de ahí también surgen sus rivales, entre los que se encuentra su glorioso Reino, Majestad. Su señor, Augusto de Mora, es mayor, está cansado y algo senil, y muchos esperan que rápidamente le suceda su hijo Claudio.
La Casa Mora se halla enemistada con la Casa Argüelles y la Casa Devine (Cruilles), y aliada con la Casa Ansúrez.Y, por supuesto, se encuentra en competencia con su Reino, Francia.
La Casa Argüelles:
La más antigua de las Casas de estas tierras, los Argüelles eran la alternativa a los Ansúrez para ocupar el Condado, sin embargo no fueron escogidos. Desde entonces, las enemistades entre ambas Casas han permanecido, hecho sólo empeorado por el hecho de que los Argüelles son la segunda Casa más importante de la zona. Su castillo, llamado como la familia, es un bastión sólido y poderoso que poco tiene que envidiar al de Pamplona, y fuertemente defendido. Sin embargo, los Argüelles no sólo tienen un poderoso ejército y sólidas defensas, sino una importante cantidad de influencia política y religiosa (especialmente ya que el segundo hermano del Señor es Obispo en el Condado).
La Casa Argüelles está dirigida con firmeza y habilidad por su Señor, Sergio de Argüelles, que ha sido capaz de aprovechar las oportunidades que han ido surgiendo para ir manteniendo el lugar de su Casa como alternativa a la Ansúrez. Sin embargo, no pudo evitar que tras la última guerra, sus tierras se viesen algo reducidas, algo que no le gusta precisamente.
Se encuentra enemistada con la Casa Mora y la Casa Ansúrez.
La Casa Sánchez:
En el centro-oeste del Condado se encuentran las posesiones de esta Casa, que gobierna desde su pequeño Castillo de las Llanuras. Son una Casa tranquila, sólida y de solera, aunque su gloria se halla en un lento y tranquilo declive desde hace casi un siglo. Las villas y los pueblos languidecen lentamente por la ausencia de un liderato fuerte capaz de darles de nuevo vitalidad.
Su Señor, Germán de Sánchez, es un hombre joven y poco decidido, incapaz de actuar sin el consejo de sus dos hermanos y de su tío, lo cual hace lenta la toma de decisiones por su parte. Cosa que sólo complica su situación y fomenta que, al final, no haga nada nunca.
La Casa Sánchez se halla enemistada con la Casa Lérez.
La Casa Ruiz:
Los Ruiz son una Casa sólida y segura, formada por guerreros que claman tener orígenes en las familias patricias romanas. Aunque pocos creen en estos alegatos, menos dudan aún de la capacidad militar de esta Casa, y de la fuerza que irradia desde su Castillo de los Ocho Escudos. Allí, entre sus amplias murallas, se acantonan los ejércitos más poderosos del Condado, entrenando con frecuencia bajo el liderazgo de los generales de la Casa, que actúan a menudo como las tropas de choque del Conde.
Su Señor, Félix de Ruiz, es un hombre duro y severo, disciplinado y de un honor intachable. Entrenado en la propia Escuela de Generales del Infantazgo hace muchos años, sus tropas han derrotado a sus enemigos en numerosas ocasiones, y ello ha traído bonanza a la Casa, que ve un futuro en el que podría prosperar si sabe mantener su apoyo en el Conde y que este avance su causa.
La Casa Ruiz se halla aliada con la Casa Ansúrez y con la Casa Lérez.
La Casa de la Vega:
Los de la Vega son una rareza entre los Alarcón, pues son una Casa de diplomáticos y políticos, menos dados a la guerra que sus contrapartidas. El Hall de la Vega, su fortaleza principal, gobierna desde encima de un pequeño pueblo en el cruce de tres antiguas vías romanas. La Familia de la Vega tomó el control del Hall hace siglos, cuando organizaron una revuelta contra los antiguos Marqueses, reclamando las tierras como suyas por herencia de cuando eran godas. Desde entonces, son tierras que siempre han sido problemáticas, con enormes cantidades de bandidos y maleantes.
El Señor de la Casa, Marcos de la Vega, es un hombre seguro y ambicioso, que ha tomado la decisión de llevar a la Casa a una nueva gloria y cuenta con el apoyo incondicional de su familia. Por primera vez en siglos, la Casa ha comenzado bajo su mandato a controlar los problemas de bandidos, y a jugar una mayor parte en la política del Condado aprovechando su experimentada voz.
Esta Casa se halla aliada con la Casa Bordell (Cruilles).
La Casa Lérez:
Situada en las regiones montañosas del sur-oeste del condado, esta Casa gobierna desde su Hall del Olivo, donde afirman que su familia asentó la zona poco después de Reconquistarla hace muchos siglos. Desde entonces, los Lérez han intentado aumentar las fortunas de su Casa siempre, pero por diversas razones nunca han sido capaces de tener éxito en sus empresas. Son unos excelentes productores de pieles y armaduras, y cuentan con una notable influencia en las posesiones eclesiásticas del sur.
Su Señor, Francisco de Lérez, es un hombre mayor pero todavía capaz. Aficionado a las mujeres, ha tenido numerosos hijos (más si contamos a los bastardos) y sabe que su dinastía persistirá. Por ello, continúa esforzándose para dejarles una situación mejor de la que heredó él, pero fracasa. Empieza a creer que está maldito, y ha acudido a la Iglesia intentando poner remedio a esa maldición.
La Casa Lérez se encuentra enemistada con la Casa Sánchez, y aliada con la Ruiz. Hasta hace medio siglo, estaban enemistados también con los Valle, pero después de asediarlos sin éxito, ambas Casas han firmado una inquieta paz.
La Casa Valle:
Situada en el sur-este del Condado, la Casa Valle gobierna desde el Pico del Águila, su fortaleza construida en lo alto de las montañas. Considerada como inexpugnable por muchos, es el amor principal de la Casa y su principal fuente de poder. Todas las Casas están de acuerdo que atacar a los Valle en su territorio es demasiado difícil por lo traicionero del mismo. Además, la Casa Valle posee una enorme influencia en materia religiosa por su larga mano en los asuntos de los monasterios del sur, lo cual saben utilizar en su ventaja.
José de Valle, el Señor de la Casa, es un hombre mayor y familiar. Tranquilo y carente de demasiadas preocupaciones, ha dejado atrás ya las ambiciones de la juventud para simplemente gobernar con paciencia unas tierras que sabe que seguirán ahí mucho después de que él se vaya. Aficionado a la bebida, este simpático hombre a menudo es visto como un amigable abuelo más que como un Señor por sus propios vasallos, que lo tienen en gran aprecio.
Esta Casa no tiene ni enemistades ni alianzas, aunque mantiene una cierta tensión con la Casa Lérez.
Las Posesiones Eclesiásticas:
Entre las tierras de los Argüelles y los Sánchez se encuentra el Priorato del Perdón, unas tierras ocupadas por varios monasterios menores y que antiguamente pertenecieron a la Casa Argüelles. Sin embargo, tras intentar ir a la guerra con los Ansúrez hace 54 años y ser derrotados por estos con la ayuda de las tropas Ruiz, los Argüelles se vieron forzados a donar estas tierras a la Iglesia como castigo. Al sur, en las montañas, se encuentran algunos de los monasterios más importantes del norte de Hispania. Mayoritariamente de Franciscanos y Jesuitas, estos monasterios tienen numerosos teólogos famosos, y una enorme influencia en los menesteres de la Iglesia en todo el Ducado. Sus abades más hábiles son, además, más que adeptos políticos y a menudo median en los asuntos de las Casas como intermediarios... aunque se sabe que suelen mostrar favoritismos por las Casas Valle y Lérez.
Conflictos Actuales del Condado:
Después del nombramiento del nuevo Obispo en la Casa Argüelles, los conflictos en la región vuelven a ser los habituales. Los Ansúrez continúan siendo el núcleo de su Condado, como es natural, pero la tensión con los Argüelles se mantiene sólo controlada por la promesa de la intervención de las tropas Ruiz.
Los Lérez han mostrado también un creciente interés por las tierras del sur de la Casa Sánchez, que acusan de ser ya incapaz de manejarlas con efectividad, y podrían buscar una confrontación más directa si ven la ocasión para ello.
Por su parte, el problema de los bandidos de la Casa de la Vega es tema habitual en las discusiones de la Corte y, aunque se están haciendo progresos, continúa afectando a los Marquesados circundantes, en especial a los Ruiz, donde una nueva banda organizada está causando daños.
Mapa del Condado
sábado, 31 de julio de 2010
Poder: Alarcón
En mi evaluación de las fortalezas de la Casa, el poder principal de la Casa Alarcón es su enorme potencial militar. Miles de hombres dispuestos, disciplinados y bien entrenados están dispuestos en sus vasallajes a las diferentes Casas, esperando a ocasión en que sean necesarios en el campo de batalla. Pero, aún más que los hombres en sí, la clave militar del éxito durante tanto tiempo de las campañas Alarcón se debe a sus excelentes generales y oficiales, muchos de ellos entrenados en la escuela del Condado del Infantazgo.
El segundo poder de la Casa, menos obvio que el anterior, es el honor de la Casa. Por un lado, garantiza una buena recepción por parte de las demás Casas, que saben que un acuerdo alcanzado con un Alarcón será respetado y, por tanto, es uno muy valioso. Además, este mismo código de honor mantiene a la Casa unida y con reducidos conflictos internos, muchos menos que el resto de las Casas.
El segundo poder de la Casa, menos obvio que el anterior, es el honor de la Casa. Por un lado, garantiza una buena recepción por parte de las demás Casas, que saben que un acuerdo alcanzado con un Alarcón será respetado y, por tanto, es uno muy valioso. Además, este mismo código de honor mantiene a la Casa unida y con reducidos conflictos internos, muchos menos que el resto de las Casas.
jueves, 29 de julio de 2010
Relato: A Vista de Águila
Frente a él, la llanura de Castilla se extendía como un mar amarillo mecido suavemente en olas por las leves brisas del viento. Siempre le había gustado aquella vista más que ninguna otra, más que las elevadas vistas de la torre norte que daban sobre Burgos. En el fondo, quizás, Alfredo de Alarcón era un hombre sencillo. Tal vez, incluso, muy en sus profundidades echase de menos la tranquila paz del monasterio.
La puerta tras él se abrió, y los familiares pasos de Ernesto se acercaron a él.
-Hay nuevas, mi señor. El Rey ha convocado a las Casas a una justa este mismo verano. Quiere ver medirse a las mejores lanzas del Reino, y probablemente mantener ocupada a la Casa Alba y que no dediquen el verano a destrozarse mutuamente.-
-Se destrozarán de todas todas...- dijo el Duque, volviéndose con un suspiro y observando a su agraciado hijo. Algún día, quizás, él podría terminar su labor. Ahora, Alfredo ya estaba demasiado cansado de la vida y de la lucha.
-Ciertamente- dijo el joven con una sonrisa predadora-, como debe ser. También parece que el Obispo de Burgos se halla mal. Gripe, dicen- y acompañó el gesto presignándose con rapidez, intentando mantener alejado tan terrible mal.
-Parece que tendremos por delante un año ocupado. El Cardenal debe estar lleno de visitas.-
"Soy demasiado viejo para esto" pensó una vez más en el mismo día. Viendo su aflicción, su hijo le sonrió tranquilo pero educado, demasiado bien educado para romper la etiqueta.
-Es curioso- comenzó el Duque, dándose de nuevo la vuelta y mirando por la ventana-, creí que podría cambiar el mundo, y al final es el mundo el que me ha cambiado a mi. Su Eminencia Guzmán de Alba suele decir que "a Dios rogando y con el mazo dando", pero creo que Ildefonso tiene razón cuando enfatiza que esto es un valle de lágrimas. Y parece que a nosotros nos ha tocado ahogarnos en ellas.-
Ernesto permaneció en silencio. Conocía a su padre, y aunque quizás no fuese afecto lo que los uniese, sabía que era con él con uno de los pocos con los que el Duque se sinceraba y lanzaba sus monólogos internos. Así que calló, y dejó al señor de su Casa hablar consigo mismo.
-Y es extraño, que este valle de lágrimas tenga el aspecto de una llanura. Supongo que nuestro Señor Dios Todopoderoso- dijo, presignándose al mencionarlo- tiene un cierto gusto por la ironía mientras nos pone a prueba. Por suerte, supongo, no me queda demasiado más por luchar. Un perro viejo y desdentado ya no puede morder mucho más... pero tú, Ernesto... tú...-
Las palabras quedaron en el aire, mientras el Señor se inclinaba levemente sobre la ventana. Y su hijo, detrás de él, pudo sentir el peso que su padre ponía sobre sus hombros. Sus frustraciones, sus fracasos, todo ello pesaba sobre la ancha espalda de Ernesto como la muralla de la ciudad ducal. A veces, incluso, pensaba que tanto peso le fracturaría su espina dorsal... y en otras ocasiones, esperaba con ansia el momento de poder finalmente ponerse a prueba.
Un águila real surcó el cielo en círculos sobre ellos, como llevaba haciendo muchos años. Al principio, Alfredo había querido ver en ello un signo del futuro, una marca del destino. Pero, al final, sólo había quedado la ironía, la realeza tan bella, cercana... y a la vez, elevada en un cielo demasiado distante. Inalcanzable para siempre.
"Regia", como la había bautizado en secreto, lanzó un fuerte chillido de desafío... pero si era contra el tiempo, contra un destino que había llenado su mano de malas cartas, o contra un mundo que ya no encajaba con lo que había sido, no estaba claro. Quizás, simplemente, buscaba un ratón que comer en la tierra, cerca del castillo. Tal vez los Alarcón fueran más ratones cada vez, y menos águilas.
La puerta tras él se abrió, y los familiares pasos de Ernesto se acercaron a él.
-Hay nuevas, mi señor. El Rey ha convocado a las Casas a una justa este mismo verano. Quiere ver medirse a las mejores lanzas del Reino, y probablemente mantener ocupada a la Casa Alba y que no dediquen el verano a destrozarse mutuamente.-
-Se destrozarán de todas todas...- dijo el Duque, volviéndose con un suspiro y observando a su agraciado hijo. Algún día, quizás, él podría terminar su labor. Ahora, Alfredo ya estaba demasiado cansado de la vida y de la lucha.
-Ciertamente- dijo el joven con una sonrisa predadora-, como debe ser. También parece que el Obispo de Burgos se halla mal. Gripe, dicen- y acompañó el gesto presignándose con rapidez, intentando mantener alejado tan terrible mal.
-Parece que tendremos por delante un año ocupado. El Cardenal debe estar lleno de visitas.-
"Soy demasiado viejo para esto" pensó una vez más en el mismo día. Viendo su aflicción, su hijo le sonrió tranquilo pero educado, demasiado bien educado para romper la etiqueta.
-Es curioso- comenzó el Duque, dándose de nuevo la vuelta y mirando por la ventana-, creí que podría cambiar el mundo, y al final es el mundo el que me ha cambiado a mi. Su Eminencia Guzmán de Alba suele decir que "a Dios rogando y con el mazo dando", pero creo que Ildefonso tiene razón cuando enfatiza que esto es un valle de lágrimas. Y parece que a nosotros nos ha tocado ahogarnos en ellas.-
Ernesto permaneció en silencio. Conocía a su padre, y aunque quizás no fuese afecto lo que los uniese, sabía que era con él con uno de los pocos con los que el Duque se sinceraba y lanzaba sus monólogos internos. Así que calló, y dejó al señor de su Casa hablar consigo mismo.
-Y es extraño, que este valle de lágrimas tenga el aspecto de una llanura. Supongo que nuestro Señor Dios Todopoderoso- dijo, presignándose al mencionarlo- tiene un cierto gusto por la ironía mientras nos pone a prueba. Por suerte, supongo, no me queda demasiado más por luchar. Un perro viejo y desdentado ya no puede morder mucho más... pero tú, Ernesto... tú...-
Las palabras quedaron en el aire, mientras el Señor se inclinaba levemente sobre la ventana. Y su hijo, detrás de él, pudo sentir el peso que su padre ponía sobre sus hombros. Sus frustraciones, sus fracasos, todo ello pesaba sobre la ancha espalda de Ernesto como la muralla de la ciudad ducal. A veces, incluso, pensaba que tanto peso le fracturaría su espina dorsal... y en otras ocasiones, esperaba con ansia el momento de poder finalmente ponerse a prueba.
Un águila real surcó el cielo en círculos sobre ellos, como llevaba haciendo muchos años. Al principio, Alfredo había querido ver en ello un signo del futuro, una marca del destino. Pero, al final, sólo había quedado la ironía, la realeza tan bella, cercana... y a la vez, elevada en un cielo demasiado distante. Inalcanzable para siempre.
"Regia", como la había bautizado en secreto, lanzó un fuerte chillido de desafío... pero si era contra el tiempo, contra un destino que había llenado su mano de malas cartas, o contra un mundo que ya no encajaba con lo que había sido, no estaba claro. Quizás, simplemente, buscaba un ratón que comer en la tierra, cerca del castillo. Tal vez los Alarcón fueran más ratones cada vez, y menos águilas.
Personaje: Alfredo de Alarcón
El actual Duque de la Casa Alarcón, Alfredo, nació un nublado 17 de octubre de 1239, segundo hijo de su padre Alfredo. Por delante, como adecuado segundo hijo, le esperaba una vida eclesiástica, e incluso fue enviado a vivir en un monasterio cuando tenía cuatro años. Sin embargo, dos años después, mientras el joven crecía entre las paredes monacales, su hermano fue asaltado por bandidos en la carretera; no está claro si alguien pretendía cogerlo como rehén y obtener un buen rescate, o fue un encuentro fortuito, pero fuese como fuese, una desafortunada flecha atravesó el pecho de su hermano, y acabó con su vida.
Obviamente, convertido en el hermano mayor de pronto, y heredero de la Casa, Alfredo hijo fue en seguida retirado de su retiro monacal y de vuelto a la Corte de Burgos para cumplir un nuevo destino en la Corte de Burgos. Como nuevo infante de la Casa, fue enviado a las tierras del Infantazgo, y a la escuela militar en esas tierras. Obviamente, se convirtió en el centro de atención de la escuela como había ocurrido con su hermano anteriormente, pero había aprendido humildad en el monasterio y nunca permitió que eso se le subiese a la cabeza; esto, por supuesto, le hizo un buen aprendiz de los códigos de honor exigidos de un guerrero como era su nuevo destino ser, de un buen general, y de un buen político. Campos, todos, en los que destacó.
Pero de todas sus lecciones en el campo de entrenamiento, la que más le marcó fueron las historias sobre cómo su abuelo había perdido la Corona Alarcón, entregada a manos Medinaceli, y las consecuencias terribles que ello tuvo para la Casa, confirmando su decadencia. Algo que él siempre quiso cambiar y corregir.
A los diecinueve años fue casado con María Jovellanos, manteniendo la antigua tradición de matrimonios cruzados entre ambas Casas que mantienen la paz en sus fronteras, que no ha sido rota en siglos. No fue un matrimonio fruto del amor, pero sí que es cierto que a lo largo de los años, su esposa le ha dado cuatro fuertes hijos, y dos hijas.
A lo largo de esos años, sin embargo, la labor de Alfredo como heredero cambió, cuando en 1251 su padre murió y a él le tocó cumplir con su destino y heredar la Casa. Y ahí fue donde se dio de bruces con la dura realidad. Por mucho que desease devolver el poder a su Casa, y la Corona con él, no había los recursos para hacerlo. Envejecida y cansada, la Casa Alarcón ya no tenía la capacidad de movilizarse, organizarse, y tomar el poder como había hecho; los contactos y viejas alianzas habían cambiado con el alza de la Casa Alba y la creciente debilidad de la Casa Cruilles. Y la Casa Medinaceli ya se había asentado sólidamente en su nuevo trono.
Durante años, dedicó sus esfuerzos y grandes habilidades personales a movilizar a sus Condes, pero estaban demasiado cansados. Intentó organizar a los Marqueses, pero eran demasiado débiles, y sus tierras demasiado quemadas por años de guerras y gobierno antes. Sus hidalgos más guerreros habían partido tiempo atrás al sur y ya eran miembros de la Casa Alba. La Casa ya no tenía la capacidad de tomar o mantener el poder como habían hecho sus antepasados. Su tiempo había pasado.
Alfredo se negó a aceptar esto durante mucho tiempo, y luchó con todas sus fuerzas. Fracasó. Y, al final, ello le ha pasado una seria factura. Ahora, el Duque Alarcón es un hombre mayor, y quemado por la vida. Mira con ánimo a su familia, esperando que sus hijos y nietos tengan el poder y la capacidad para triunfar donde él fracasó, y sigue luchando siempre que puede, aún cuando sabe que sus posibilidades de triunfo son muy bajas.
Aspecto: a sus 54 años, Alfredo sigue siendo un hombre atractivo y cuya presencia se hace notar cuando entra en una sala. Algo más alto que la mayoría de los hombres, su pelo cano sigue siendo fuerte y numeroso sobre su cabeza, y las numerosas arrugas de su rostro sólo parecen reforzar su habitual gesto de firmeza. Sus ojos negros, pequeños y algo hundido bajo unas suaves ojeras, siguen observando el mundo hasta el menor detalle, sin que nada se le escape. Sus hombros están ligeramente caídos, pero siguen siendo anchos y su torso sigue siendo vigoroso gracias al ejercicio y al entrenamiento que se sigue imponiendo a sí mismo. Sobre sus labios siempre hay un largo y cuidado bigote, tan pálido como el pelo sobre su cabeza.
Status: 7, Duque de la Casa Alarcón. En teoría, su status debería ser 8, como miembro del Concilio del Rey, pero es un título que raramente reclama como propio y muchos consideran que ya no posee.
Personalidad: enérgico en su juventud, Alfredo se ha vuelto más cínico y escéptico con los palos que le daba la vida. Honorable y humilde como pocos, es un hombre devoto que considera que este valle de lágrimas... está muy lleno de lágrimas. Sabe que no le queda mucho más tiempo en este mundo, pero espera poder emplearlo para animar a su familia a continuar la labor en la que él fracasó; un fracaso que le pesa todos y cada uno de los días. Hasta el día en que sus hijos sean llamados a su lugar, sin embargo, está más que dispuesto a seguir luchando una batalla perdida, para dejarlos en el lugar lo mejor posible.
Virtud: Decisión.
Vicio: Cinismo.
Política:
Durante años, Alfredo luchó porque su Casa recuperase la posición que le correspondía, y vio como todos los intentos diplomáticos y de negociación fracasaban. Su honor le impide usar la fuerza, de modo que lentamente se ha ido cansando y quemando. Ahora, la mayor parte del tiempo, sólo quiere hacer las cosas bien, y mantener su Casa a salvo de unos enemigos que se multiplican por doquier, ansiosos de sus tierras.
Familia Relevante:
-María Jovellanos: su esposa, de 49 años, hermana del actual Duque Jovellanos. Una devota noble que sabe cuál es su importante lugar en la vida.
-Ernesto: su hijo mayor, de 23 años y ya con un hijo y esposa, es un joven enérgico y capaz que recuerda mucho a su padre.
-Lucas: su segundo hijo, de 21 años, es el ayudante de su tío Guzmán, Cardenal de Barcelona, fiel y devoto.
-Ildefonso de Alarcón: el cardenal de Barcelona es su segundo hermano.
-Eduardo: su tercer hermano, de 48 años, es el jefe de sus ejércitos, y un general de renombre.
Carece de hijos o hijas casaderos, pero sí tiene un nieto que podría ser casado en su momento.
Obviamente, convertido en el hermano mayor de pronto, y heredero de la Casa, Alfredo hijo fue en seguida retirado de su retiro monacal y de vuelto a la Corte de Burgos para cumplir un nuevo destino en la Corte de Burgos. Como nuevo infante de la Casa, fue enviado a las tierras del Infantazgo, y a la escuela militar en esas tierras. Obviamente, se convirtió en el centro de atención de la escuela como había ocurrido con su hermano anteriormente, pero había aprendido humildad en el monasterio y nunca permitió que eso se le subiese a la cabeza; esto, por supuesto, le hizo un buen aprendiz de los códigos de honor exigidos de un guerrero como era su nuevo destino ser, de un buen general, y de un buen político. Campos, todos, en los que destacó.
Pero de todas sus lecciones en el campo de entrenamiento, la que más le marcó fueron las historias sobre cómo su abuelo había perdido la Corona Alarcón, entregada a manos Medinaceli, y las consecuencias terribles que ello tuvo para la Casa, confirmando su decadencia. Algo que él siempre quiso cambiar y corregir.
A los diecinueve años fue casado con María Jovellanos, manteniendo la antigua tradición de matrimonios cruzados entre ambas Casas que mantienen la paz en sus fronteras, que no ha sido rota en siglos. No fue un matrimonio fruto del amor, pero sí que es cierto que a lo largo de los años, su esposa le ha dado cuatro fuertes hijos, y dos hijas.
A lo largo de esos años, sin embargo, la labor de Alfredo como heredero cambió, cuando en 1251 su padre murió y a él le tocó cumplir con su destino y heredar la Casa. Y ahí fue donde se dio de bruces con la dura realidad. Por mucho que desease devolver el poder a su Casa, y la Corona con él, no había los recursos para hacerlo. Envejecida y cansada, la Casa Alarcón ya no tenía la capacidad de movilizarse, organizarse, y tomar el poder como había hecho; los contactos y viejas alianzas habían cambiado con el alza de la Casa Alba y la creciente debilidad de la Casa Cruilles. Y la Casa Medinaceli ya se había asentado sólidamente en su nuevo trono.
Durante años, dedicó sus esfuerzos y grandes habilidades personales a movilizar a sus Condes, pero estaban demasiado cansados. Intentó organizar a los Marqueses, pero eran demasiado débiles, y sus tierras demasiado quemadas por años de guerras y gobierno antes. Sus hidalgos más guerreros habían partido tiempo atrás al sur y ya eran miembros de la Casa Alba. La Casa ya no tenía la capacidad de tomar o mantener el poder como habían hecho sus antepasados. Su tiempo había pasado.
Alfredo se negó a aceptar esto durante mucho tiempo, y luchó con todas sus fuerzas. Fracasó. Y, al final, ello le ha pasado una seria factura. Ahora, el Duque Alarcón es un hombre mayor, y quemado por la vida. Mira con ánimo a su familia, esperando que sus hijos y nietos tengan el poder y la capacidad para triunfar donde él fracasó, y sigue luchando siempre que puede, aún cuando sabe que sus posibilidades de triunfo son muy bajas.
Aspecto: a sus 54 años, Alfredo sigue siendo un hombre atractivo y cuya presencia se hace notar cuando entra en una sala. Algo más alto que la mayoría de los hombres, su pelo cano sigue siendo fuerte y numeroso sobre su cabeza, y las numerosas arrugas de su rostro sólo parecen reforzar su habitual gesto de firmeza. Sus ojos negros, pequeños y algo hundido bajo unas suaves ojeras, siguen observando el mundo hasta el menor detalle, sin que nada se le escape. Sus hombros están ligeramente caídos, pero siguen siendo anchos y su torso sigue siendo vigoroso gracias al ejercicio y al entrenamiento que se sigue imponiendo a sí mismo. Sobre sus labios siempre hay un largo y cuidado bigote, tan pálido como el pelo sobre su cabeza.
Status: 7, Duque de la Casa Alarcón. En teoría, su status debería ser 8, como miembro del Concilio del Rey, pero es un título que raramente reclama como propio y muchos consideran que ya no posee.
Personalidad: enérgico en su juventud, Alfredo se ha vuelto más cínico y escéptico con los palos que le daba la vida. Honorable y humilde como pocos, es un hombre devoto que considera que este valle de lágrimas... está muy lleno de lágrimas. Sabe que no le queda mucho más tiempo en este mundo, pero espera poder emplearlo para animar a su familia a continuar la labor en la que él fracasó; un fracaso que le pesa todos y cada uno de los días. Hasta el día en que sus hijos sean llamados a su lugar, sin embargo, está más que dispuesto a seguir luchando una batalla perdida, para dejarlos en el lugar lo mejor posible.
Virtud: Decisión.
Vicio: Cinismo.
Política:
Durante años, Alfredo luchó porque su Casa recuperase la posición que le correspondía, y vio como todos los intentos diplomáticos y de negociación fracasaban. Su honor le impide usar la fuerza, de modo que lentamente se ha ido cansando y quemando. Ahora, la mayor parte del tiempo, sólo quiere hacer las cosas bien, y mantener su Casa a salvo de unos enemigos que se multiplican por doquier, ansiosos de sus tierras.
Familia Relevante:
-María Jovellanos: su esposa, de 49 años, hermana del actual Duque Jovellanos. Una devota noble que sabe cuál es su importante lugar en la vida.
-Ernesto: su hijo mayor, de 23 años y ya con un hijo y esposa, es un joven enérgico y capaz que recuerda mucho a su padre.
-Lucas: su segundo hijo, de 21 años, es el ayudante de su tío Guzmán, Cardenal de Barcelona, fiel y devoto.
-Ildefonso de Alarcón: el cardenal de Barcelona es su segundo hermano.
-Eduardo: su tercer hermano, de 48 años, es el jefe de sus ejércitos, y un general de renombre.
Carece de hijos o hijas casaderos, pero sí tiene un nieto que podría ser casado en su momento.
domingo, 25 de julio de 2010
Información Básica: Alarcón
Personalidad: como norma general, los Alarcón son fuertes guerreros, decididos y capaces. Unos generales excelentes, y estrategas muy sólidos, capaces de arriesgarse y asegurar según lo necesario. Sin embargo, sobretodo, la fama de los Alarcón es la de ser enormemente honorables, incapaces de contradecir su deber desde la unificación de su Casa tantos siglos atrás. Sin embargo, sus fracasos pesan sobre ellos, y muchos han perdido la voluntad y la capacidad de luchar.
Señor de la Casa: Alfredo de Alarcón.
Tierras en Propiedad Directa: Ducado de Burgos.
Familias Vasallas:
-Casa Dávila: Condado de Palencia.
-Casa Ansúrez: Condado de Pamplona.
-Casa del Infantazgo (en teoría, Casa de Ferria): Condado de Segovia.
-Archidiócesis de Almúdez.
Lema: Gobernar con honor es gobernar con fuerza.
Color de la Casa: Rojo, con ribetes amarillos.
Significado del Escudo de Armas:
El águila es el simbolo del honor y la nobleza de la que los Alarcón tanto enorgullecen, y si el escudo está bien fabricado, un caballero que porte este escudo tendrá su corazon protegido por el águila la mayor parte del tiempo. La torre es recordatorio de que ellos resistieron contra los musulmanes, y que desde su pedestal de luz dorada ilumina la noche que suponen los enemigos del Reino. Las espadas recuerdan que ellos fueron el principal empuje durante la Reconquista. Finalmente, las barras representan la sangre derramada en el servicio del Trono y la gloria obtenida de ello.
En cuanto a la Corona que se encuentra sobre el escudo, ha sido origen de numerosos conflictos con la Casa Medinaceli, ya que es el símbolo que los Alarcón añadieron a su escudo de armas cuando consiguieron ser Reyes de Hyspania. Los Medinaceli han exigido a menudo que sea retirada pero, hoy por hoy, sigue en su lugar, causando numerosos conflictos políticos.
Señor de la Casa: Alfredo de Alarcón.
Tierras en Propiedad Directa: Ducado de Burgos.
Familias Vasallas:
-Casa Dávila: Condado de Palencia.
-Casa Ansúrez: Condado de Pamplona.
-Casa del Infantazgo (en teoría, Casa de Ferria): Condado de Segovia.
-Archidiócesis de Almúdez.
Lema: Gobernar con honor es gobernar con fuerza.
Color de la Casa: Rojo, con ribetes amarillos.
Significado del Escudo de Armas:
El águila es el simbolo del honor y la nobleza de la que los Alarcón tanto enorgullecen, y si el escudo está bien fabricado, un caballero que porte este escudo tendrá su corazon protegido por el águila la mayor parte del tiempo. La torre es recordatorio de que ellos resistieron contra los musulmanes, y que desde su pedestal de luz dorada ilumina la noche que suponen los enemigos del Reino. Las espadas recuerdan que ellos fueron el principal empuje durante la Reconquista. Finalmente, las barras representan la sangre derramada en el servicio del Trono y la gloria obtenida de ello.
En cuanto a la Corona que se encuentra sobre el escudo, ha sido origen de numerosos conflictos con la Casa Medinaceli, ya que es el símbolo que los Alarcón añadieron a su escudo de armas cuando consiguieron ser Reyes de Hyspania. Los Medinaceli han exigido a menudo que sea retirada pero, hoy por hoy, sigue en su lugar, causando numerosos conflictos políticos.
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