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domingo, 24 de abril de 2016

Casa de Vallehermoso


Rango: Marquesado.

Vasallos de: Casa de Medina-Sidonia, vasalla de la Casa Alba.

Escudo de armas: .

Lema: Todo por la familia.

Historia:
La Casa de Vallehermoso se creó durante los esfuerzos exitosos en torno a la toma del Estrecho de Gibraltar y las taifas de la zona, de modo que es relativamente reciente. Sin embargo, pese a su poco tiempo de existencia nobiliaria, la historia de la casa es cuando menos algo desgraciada, marcada desde temprano por el escándalo de que su fundador se casase poco menos que a la fuerza con una campesina. A partir de ahí, la breve historia de la Casa es la de un lento declive, fruto de una Casa formada por guerreros más aptos para matar que para gobernar un feudo complicado como es una tierra recién conquistada, de otra religión y forma de ser.

Personalidad:
La Casa de Vallehermoso es una Casa que lentamente va a menos. Con un importante concepto del honor, sus caballeros son válidos soldados pero no tan buenos políticos, como a menudo ocurre con las Casas de las tierras de los Alba. El honor a menudo guía las acciones de sus miembros, aunque no son ausentes de cierta crueldad y soberbia. Pese a ello, son una pieza importante en la defensa de Hyspania ante una posible amenaza de ayende el Estrecho, y como tales siempre están preparados para defender el Reino de una invasión.

Personas Importantes del Feudo:
Lucas de Vallehermoso es el Señor de la Casa, con 39 años es un caballero honorable ducho tanto con las palabras como con la espada. Su tendencia a olvidar cosas, sin embargo, ocasionalmente le juega una mala pasada y no siempre es todo lo eficaz que debería a la hora de mantener controladas las complicadas voluntades de sus familiares.
Heriberto de Vallehermoso es el heredero de la Casa, con apenas 19 años es un caballero sombrío y amenazador pero también un letal luchador a caballo. Su habilidad en justas es más que reconocida, igual que su estilo taciturno y callado.
Buenaventura de Vallehermoso es el hermano menor, con 18 años, un caballero prepotente y altivo que rápidamente desprecia a quienes no considera a su altura o que se interponen en su destino. Es un letal caballero entrenado en la novedosa escuela de lucha Cruilles.
Ataulfo de Vallehermoso es el hermano mediano de Lucas y, de joven, abandonó la Casa para estudiar en la Universidad. En la actualidad, con 36 años, es un gran galeno, capaz de curar las heridas más complicadas, a la vez que un gran sabio y la voz más tranquila de su Casa.
Diego de Vallehermoso es el hijo mayor de Ataulfo, un bardo de 18 años que es igual de bueno con sus artimañas y engaños que con sus instrumentos musicales. Sin embargo es un bocazas proclive a meterse en problemas, de los cuales no siempre es capaz de salir por si mismo.
Jimena de Vallehermoso es su hermana menor, con 14 años es una chica discreta y atractiva, capaz de pasar desapercibida o llamar la atención. Sin embargo, su cierta timidez siempre es notoria.
Inés de Vallehermoso, de 16 años, es hija del segundo hermano de Lucas, trágicamente muerto hace años. En la actualidad, Inés ha entrado a servir en el Convento del feudo, uniéndose para ello a la Orden de las Carmelitas Descalzas.  
Juan de Vallehermoso es el hermano pequeño de Lucas y actualmente lleva muchos años ausente ya que se unió a la Orden Templaria y se encuentra de servicio en el Krak de los Caballeros, en Tierra Santa.
Rodrigo de Lueñas es el maestro de armas de la Casa, un caballero ágil que ha entrenado a la mayoría de los caballeros que actualmente sirven en la misma. Con 49 años, compensa su creciente edad con su conocimiento.
Juana es la anciana Madre Superiora del Convento de Santa Ana, una mujer pequeña y afable, más centrada en la tarea de preparar dulces que en la política eclesiástica de la que, a sus 62 años, está cansada. Como el resto de las hermanas del Convento, pertenece a las Carmelitas Descalzas.
Berenguer es el fiel senescal de la Casa, encargado del cuidado de la misma cuando sus señores están ausente. Discreto y callado, suele ser invisible cuando estos se encuentran en la misma.

Feudo:
El feudo de los Vallehermoso es uno montañoso, como corresponde a la región sudoeste de Hyspania. Las tierras montañosas se encuentran surcados por múltiplos caminos, que discurren por lugares angostos y complicados en muchos puntos, especialmente en los Pasos del Hueso (que controla el camino al sur) y en el Paso Viejo (que controla el camino al este). Por el resto de las montañas se dispersan algunas granjas y plantaciones, así como unas tabernas. En la zona sudeste se encuentra la propia villa, de pequeño tamaño, en la cual destaca la pequeña iglesia. La región del noroeste es una zona boscasa, como corresponde a la zona que rodea al Lago Alto, que surge en una de las cumbres de la zona y crea a sus pies un río que acaba convergiendo con el Guadalquivir lejos al este; es en esta zona del feudo, normalmente llamada "el Encinar", que se encuentra el recio y sólido edificio del Convento de Santa Ana.

El castillo, de tamaño pequeño, se encuentra en el centro del feudo, controlando desde su posición estratégica el movimiento por el mismo. Es un recinto cuadrado y amurallado que, desde las alturas, controla uno de los caminos principales de estas tierras. Tras las murallas del mismo se encuentra el recinto principal, con forma de L, así como unas caballerizas, una armería y unos almacenes.

(Mapa pendiente)

Problemas en el Feudo:
Desde que el conflicto sucesorio dividiese en Diciembre las tierras de los Medina-Sidonia, el feudo de los Vallehermoso se ha encontrado en el centro del conflicto. Situado justo en el centro de las Casas del Condado, la Casa de Vallehermoso ha renunciado a posicionarse a favor de ninguno de los dos candidatos, tratando de mantenerse neutral en un conflicto que, en caso de escalar hasta llegar a las armas, probablemente se luchase en sus propias tierras. Pero navegar las olas de la neutralidad es más que complicado cuando desde todos los lados te presionan para posicionarte a favor de uno u otro hermano...

domingo, 21 de octubre de 2012

Historia Resumida: Alba

La Casa Alba es la más reciente de las Casas Ducales, creada para los últimos impulsos de la Reconquista. Cuando ya la mayor parte de las Casas se encontraban demasiado lejos, muchos de sus hijos más jovenes y miembros de menor rango partieron a luchar en el sur, bien por su fanatismo, por su ambición de conseguir tierras... o por ser demasiado problemáticos para sus parientes en el norte. Organizaron sus ejércitos sobre la marcha y conquistaron a unos musulmanes ya en caos y desorganización. Y con sus victorias, les fueron otorgando las tierras conquistadas, al principio como pequeños marquesados, y poco a poco como feudos mayores. Finalmente, en el año 1155, después de una batalla especialmente sangrienta, el Rey Jorge I "El Lóngevo" otorgó a la Casa Alba el rango de Casa Ducal, fruto de amenazas, logros y luchas con las demás en corte.

La Reconquista ya estaba casi completa para entonces, lo cual permitió que la Casa, tras unos pocos años para asentarse, se volviese en busca de nuevas tierras. El objetivo lo tomó en las tierras del sur de la Casa Cruilles, y lentamente fueron escalando los conflictos en esa zona al ver que sus rivales no estaban dispuestos a ceder. Fue solicitada la intervención del Rey en numerosas ocasiones por parte de los norteños, pero no lo hacía, y la Casa Alba aprovechó eso para volverse más audaz en sus asaltos. El cambio de Rey, sin embargo, sólo solucionó el problema a medias, al declarar la zona que los Alba ambicionaban como territorio independiente bajo protección Real; y poco después, Templaria. Eso obligó a que la Casa Alba buscase un nuevo enemigo, y aunque ha tratado en numerosas ocasiones de convencer a las demás Casas de que hay que llevar la guerra a territorio enemigo, ha fracasado siempre en su empeño. Lo cual sólo ha logrado que la Casa, siempre débilmente unida, se vuelva contra sí misma, desperdiciando así su enorme capacidad militar.

miércoles, 13 de junio de 2012

Relato: Acero al Atardecer

Su caballo piafó bajo él, podía notarlo en tensión, nervioso ante los gritos y los olores que les rodeaban. La gente conversaba, gritaba, y animaba a un caballero o al otro, y los olores de la comida se mezclaban con el sudor, la sangre y los animales. A él no le importaba nada de eso. Bajo su casco de acero, el Caballero del Buitre sonreía.

Frente a él, separados por una buena distancia, se encontraba el Caballero del Dragón, montado sobre su rocín pardo. Engreído, altivo, y cabreado. Enrique de Sillares no podía más que ampliar su sonrisa al observar a su rival. Otro caballero al que iba a derrotar, otro cuerpo que sumar a su larga lista de trofeos. Unos se dedicaban a la caza, otros al cortejo, y otros a la política. Pero al Caballero del Buitre nada de eso le importaba. Lo que él quería era el reto, el desafío, la adrenalina de la tensión de poner la vida y la gloria a prueba.

Y la única forma de lograr eso era con la caza mayor: cazar caballeros.

Su caballo dio unos pequeños pasos en el sitio mientras él esperaba, observando los nerviosos gestos de su rival. Su paje, Andrés, le trajo su lanza y el caballero la asió sin prestarle atención. Lo único que importaba era el momento, la gloria, la batalla, la derrota de otro rival. Desde la caída de Granada y la llegada de la paz, cada vez era más difícil conseguir entretenimientos a la altura, y sabía de sobra que no podía desafiar a los miembros de las Casas de otros ducados si no quería que su propio Duque lo colgase por traición como a un cerdo en la matanza. Pero nada había en contra de provocar a los idiotas que se dejaban hasta que su ira buscase una salida... cuya puerta siempre era el camino de la espada y la lanza, en los cuales el Buitre era un experto. No en vano, muchos lo llamaban el Carroñero de Presa a sus espaldas.

Su rival se aproximó al palco de las damas e hizo descender su lanza frente a una muchacha joven y bien parecida, que con una sonrisa enredó al final del astil una pequeña pieza de tela: la muestra de su favor. A Enrique de Sillares eso le importaba poco. Había probado el sexo, pero no le satisfacía, no como la sangre. Era como el vino, una pequeña pérdida de tiempo entre cosas mejores. Así que, mientras el Caballero del Dragón volvía a su extremo del campo de justas, el Buitre observaba sonriente. Con su guantelete, hizo descender el visor de su casco frente a sus ojos, y de pronto la imagen crepuscular a su alrededor quedó fragmentada en decenas de pequeñas imagenes en rendijas verticales.

Pero él veía lo que quería ver perfectamente: a su presa. Después del Caballero del Dragón debería buscar otro caballero que valiese la pena para ser el desafío. Le tocaría viajar por las tierras Alba. O quizás se acercase al Condado de Medina-Sidonia y ofreciese allí sus servicios ante la guerra que parecía prepararse. Total, su padre y su hermano mayor no protestarían porque fuese a luchar lejos, ganarían favores y se alegrarían de que él se encontrase alejado del marquesado familiar.

Una guerra de nuevo, eso le hacía correr la sangre aceleradamente de nuevo. Bueno, eso y que el otro caballero finalmente había hecho descender el visor de su casco y se disponía a tomar su posición.

En el centro del campo, el juez que observaba esta justa hizo un gesto, y al unísono, ambos jinetes espolearon sus monturas el uno al encuentro del otro. Podía notar los músculos de su caballo en tensión a medida que arrancaba a toda velocidad. La lanza pesaba más ahora que descendía y perdía la verticalidad, pero estaba habituado. Con práctica, la cruzó sobre su caballo, alineándola para que cruzase la trayectoria de su rival, del otro lado de la valla divisoria. En el último momento, la alzó levemente.

El encontronazo fue brutal. Su escudo se sacudió contra su pecho y su brazo como si hubiese recibido el embate de un ariete cuando la lanza de su rival se partió contra él. No sentía su brazo, que se había quedado dormido del impacto. Pero no importaba, porque notaba como el impacto en su otro brazo, el que cargaba su propia arma, remitía tras el encontronazo y el Caballero del Dragón salía despedido fuera de su caballo.

Durante un instante, todos los que observaban la justa se quedaron en un silencio horrorizado. Era un deporte, era deshonorable impactar con la lanza fuera del escudo del rival, ya que no se buscaba la muerte. Y, sin embargo, aún con la lanza de torneo, Enrique de Sillares había apuntado justo al borde superior del escudo, de modo que cuando el brazo de su oponente cedió la lanza se hundió en su hombro, cerca de su cuello.

Instantes después, mientras él ya se alejaba de su rival caído, un galeno corrió a estudiar a su rival caído, mientras la multitud gritaba sorprendida y horrorizada. Pero, ya no importaba nada. De nuevo, tras los minutos de plenitud, el Caballero del Buitre se sentía vacío. Su rival había sido derrotado y tenía un nuevo trofeo. Le daba igual que muriese el Caballero del Dragón o no, lo que le importaba es que ahora no tenía objetivo ni sentido. Hasta que iniciase una nueva caza, se sentía vacío. Por supuesto, aún quedaban lances del torneo mañana, pero no obtenía el placer de la simple competición deportiva, sino de todo el juego de tensión, tentación y destrucción. Y eso, al menos por ahora, había acabado.

Vacío por dentro, se encaminó de vuelta a su tienda entre los abucheos de los asistentes.

martes, 15 de mayo de 2012

Castillos: Alba

Los castillos de la Casa Alba son la viva imagen del enemigo al que acaban de derrotar. Debido a que en su mayor parte eran castillos musulmanes, su arquitectura y estilo es completamente diferente al resto de los castillos de Hyspania, algo que molesta a los Alba que tratan de "cristianizar" sus castillos en la medida en que son capaces, un proceso que lleva tiempo.

Normalmente los castillos se encuentran en las llanuras de la antigua Al-Andalus, rodeados por extensiones de olivos y similares, y cerca de la fuente de agua más importante que haya en el feudo, sea un río o un depósito subterráneo. El agua es vital para estos castillos, de modo que normalmente tratan de redirigir los riachuelos cercanos al interior de los castillos para poder aguantar en caso de asedio. Suelen estar construidos con una piedra clara propia del sur, y decorados con formas geométricas a menudo pintadas de vivos colores.

La muralla exterior raramente se encuentra rodeada por un foso, y cuando este existe muy raramente tiene agua. Son murallas altas, elegantes y estilizadas, con unos almenares escalonados en pequeñas pirámides. En torno a ellos quedan amplios lugares donde disponer arqueros y las demás máquinas empleadas en la defensa de las murallas. Suelen contar también con numerosas torres deforma redondeada, que vigilan las esquinas del recinto (normalmente cuadrado), así como los distintos puntos estratégicos.

Una vez cruzada la muralla se llega al amplio patio. En el centro del mismo se encuentra siempre el pozo, del que se abastecen de agua todos los demás edificios. Suele haber también una antigua mezquita reconvertida en iglesia, barracones, armerías y establos. Además, los grandes patios tratan de dejar el mínimo espacio al aire libre posible, disponiendo de numerosos árboles y otros elementos que permitan crear sombra para los largos y soleados días con sol cayendo a plomo.

Los edificios centrales suelen ser bajos, y estar compuestos por una mezcla de salas privadas y numerosos patios. Aquí también la decoración es a base de elementos geométricos y pinturas, y están diseñados para emplearse el suelo y contar con numerosos cogines; sin embargo, la llegada de los Alba ha implicado que se hayan redecorado el interior, y a menudo es posible ver elementos decorativos anteriores (como los famosos arcos árabes) combinados con mesas de madera, figuritas de santos patrones o caballeros ilustres, etc. Es importante notar que la escritura árabe, que solía decorar estos salones, ha sido normalmente tapada con cal. Además, el interior de los castillos Alba tiene muy pocas chimeneas ya que en el invierno raramente hace frío suficiente como para que haga falta caldear las estancias, y así se elimina el humo.

El castillo Alba más célebre es, sin duda, la recientemente conquistado Alhambra. Situada a buena altura en las montañas sobre Granada, llamar a este complejo un castillo es quizás quedarse muy corto. Y es que, más que un castillo al uso, la Alhambra se trata de una pequeña ciudad amurallada destinada a la vida de los líderes del Califato de Granada, la última de las Taifas en caer, en 1288. Sus murallas recorren decenas de kilómetros de cordilleras, protegiendo las dos vías de ascenso con una veintena de torres y una veintena de puestos protegidos. Las torres, construidas a lo largo de muchas décadas, muestran estilos dispares en su decoración y estética, pero todas son sólidas y están bien diseñadas para la belleza y la efectividad.

Tras las torres se encuentra el enorme espacio de la ciudad-palacio. En este se distribuían no sólo los barracones, armerías, caballerizas, dos mezquitas y herrerías propias de los castillos, sino también dos zocos, una biblioteca, tres casas de baños, las casas de numerosos habitantes, cuatro pozos y cerca de siete palacios distintos para distintos miembros de la familia del Califa y su personal, incluyendo uno entero destinado al harén del mismo. Entre ellos todos, patios, jardines, fuentes y demás decoraban hasta el exceso el que probablemente fuera el lugar más bello de Hyspania.

Sin embargo, toda la gloria y opulencia de la Alhambra se encuentra actualmente en ruinas. Tras cinco años desde su conquista, las murallas muestran los impactos de las catapultas, los jardines han caído en el descuido, los patios en el abandono. La biblioteca ardió en algún momento de la conquista, y sus restos calcinados permanecen en su sitio. Los baños se encuentran cerrados en su mayoría, y los numerosos palacios muestran las señales del saqueo y la lucha. Las decoraciones musulmanas, cuidadas y delicadas, todavía son visibles en la mayoría de lugares, debido a que los cristianos se han preocupado sobretodo de reconstruir las secciones principales de la muralla y convertir la mezquita principal en una iglesia que, esperan, en el futuro sea consagrada como catedral.

En cualquier caso, es un esfuerzo que requerirá décadas, y hoy por hoy la Alhambra es únicamente una sombra de lo que fue hace una década.

sábado, 12 de mayo de 2012

Personaje: Ernesto de Alba

Ernesto nació en 1242 en el feudo de su familia en las inmediaciones de Córdoba. Cuarto hijo de su Casa, los Yáñez, se esperaba que se convirtiese en un hábil soldado y dedicase su vida a la Reconquista, de modo que desde pequeño fue entrenado en las armas. Con ocho años se convirtió en paje, y a los diez era ya escudero de un caballero de renombre en la propia ciudad de Córdoba. Por ello, tuvo que dejar a su familia, esperando regresar cuando fuese un caballero completo.

En Córdoba conoció a numerosos caballeros y damas, y lentamente fue haciéndose un hueco con su devoción a la Casa de Alba, a la causa de la misma, y por su habilidad con la espada. Su despecho ante la muerte del que iba a ser Señor de la Casa y el ascenso de Antonio de Alba a la posición de Duque lo molestó tanto como a los demás miembros de la Casa,  y juró que desfaría el entuerto. Ya convertido en caballero de lleno, espero a que Antonio llegase a la ciudad y, cuando lo hizo, se presentó ante él y lo retó a duelo.

Antonio, capturado entre la espada y la pared, aceptó sabiendo que perdería contra una de las mejores espadas de la Casa. Y, en efecto, así hubiera sido. Pero hubo algo en la determinación y la voluntad para luchar del joven Duque que llegó de lleno a Ernesto que, en el momento de alzar la espada, comenzó a luchar y se dejó derrotar por un rival inferior a él en espada como era el Duque. Antonio no entendió lo que ocurría, pero allí frente a todos, Ernesto se arrodilló y le juró su vasallaje, abandonó su apellido de Yáñez, y juró a Dios que mantendría a Antonio a salvo de todo mal. Y, viendo la voluntad y decisión de sus ojos, el Duque aceptó su juramento.

Desde entonces Ernesto de Alba ha estado al lado de su Señor siempre, a medio camino entre un consejero fiel y un guardaespaldas incorruptible. Muchos lo consideran el caballero más leal a su Señor que hay en toda Hyspania, y muchos Señores envidian al Duque de Alba el tener un vasallo tan fiel y tan habilidoso con la espada y la mente.

Cuando en 1271 comenzó a prepararse un alzamiento contra el Ducado, Ernesto fue el caballero enviado por el Duque para cabalgar a toda velocidad hasta Toledo a pedir a los Medinaceli que devolviesen el favor de haber luchado con ellos contra los Alarcón. Tuvo éxito en su misión, consigueindo que uno de los mejores diplomáticos de la Casa viniese a ayudarles a tranquilizar la situación, y a la vez siendo prometido a una joven Elvira de Medinaceli, prima lejana del Rey.


Desde entonces, Ernesto ha permanecido siempre al lado de su Señor. Aún cuando la guerra por Granada rugía y había tierras y gloria que obtener derrotando al último reducto de Al-Andalus, él se negó a abandonar su lado. Ese es el lugar donde él cree que debe estar, y donde cree que lo mantiene atado su juramento. A lo largo de los años se ha enfrentado a más de un caballero disidente, y algunos rumorean que ha detenido dos intentos de asesinar al Duque.


Aspecto: Ernesto de Alba es un hombre alto y de hombros anchos. Con más de cincuenta años, su pelo corto ya es casi por completo de un tono plateado con algunas hebras negras en el medio, igual que su numerosa barba. Tiene varias cicatrices en su cara, que no le afean pero sí muestran a las claras que la suya es una vida por la espada. Sus ojos son claros, de un tono gris que va más o menos a juego con su pelo, y su voz grave y profunda está claramente habituada a dar órdenes. Siempre parece estar en alerta, y nunca abandona su espada. Y, si se lo ve con armadura, su librea es la de la Casa de Alba, habiendo abandonado la de su familia junto con su apellido.

Status: 5, Consejero del Duque de Alba, aunque muchos le tratan como si fuera un 6 por su cercanía al Duque.

Personalidad: Ernesto es un hombre callado, fuerte y vigoroso. Está habituado a esperar quieto, observando y en guardia, por cualquier amenaza, pero permanecer callado hasta que su consejo es solicitado. Cuando habla, suele hacerlo con numerosos tacos, en frases breves y directas, que van directas al grano y sin dar rodeos.

Virtud: Cauto.

Vicio: Paranoico (aunque no hasta el grado de la enfermedad)

Política:
Ernesto no tiene una ajenda política propia. Al contrario, su deber es el de su Casa, y su misión obedecer a su Duque. El resto no le corresponde a él decidirlo.

Familia Relevante:
-Elvira de Medinaceli: su esposa, una mujer de 43 años muy graciosa y dicharachera.
-Diego de Alba: su hijo mayor, de 25 años, ya casado.
-Alonso, Elvira y Helena: sus otros hijos, de 21, 17 y 12 años respectivamente.

martes, 4 de octubre de 2011

Personaje: Eloisa de Alba, la Dama Blanca

Nacida en la ciudad de Sevilla durante el transcurso de la soleada tarde de un 17 de Agosto del Año de Nuestro Señor de 1248, Eloisa de Alba era al mismo tiempo una mujer joven y prometedora. La hermana pequeña de Antonio de Alba, su infancia fue tranquila e inocente, quizás demasiado.

Con veinte años fue entregada al Rey Enrique II "El Guapo" para convertirse en su segunda esposa. Aunque no se puede decir que fuese un emparejamiento que generase amor, pues claramente era un asunto de política, desde luego si logró generar un cierto entendimiento entre ambos, que logró que el matrimonio funcionase adecuadamente en la Corte y fuera de ella.

Así, mientras su marido se encargaba de la política del Reino, ella llevaba el manejo y funcionamiento de la Corte del Amor de Toledo, así como del funcionamiento del propio castillo real y muchos asuntos políticos de menor importancia. Tan efectiva fue en su labor, y tan inteligente, que con ello fue creando una red de favores y contactos que nunca ha dejado de crecer, y que la han hecho tener amigos en todas las Casas. Por ello, a menudo se bromea que la Dama Blanca se ha convertido en una Medinaceli de corazón, pero la verdad es que su alma sigue perteneciendo a la Casa que la vio nacer.

Su primer hijo, Juaquín, nació muerto a los dos años del matrimonio, y muchos temieron que no podría dar a luz a niños sanos para su marido que garantizasen la sucesión. Y este temor fue cierto durante años, lo que llevó a que su marido tuviese numerosas amantes en distintos lugares, aunque nunca reconoció haber tenido hijos con ninguna de ellas. Dejada de lado, Eloisa comenzó a tener aventuras con diversos caballeros, pero siempre con la misma discreción que tenía su marido en las suyas. De hecho, fue durante esta época que se ganó su mote, debido a su capacidad para hacer lo que quería sin que nada la salpicase.

Sin embargo, eso no fue óbice para que continuasen teniendo relaciones, y seis años más tarde del fallido nacimiento de Juaquín, finalmente nació Alfonso. Finalmente, la línea de sucesión estaba asegurada, y aunque de la pareja ya no nacieron más niños, el conflicto estaba superado.

La muerte de su marido le permitió dejar crecer un poco sus alas políticas, y ha aprovechado el tiempo en que su cuñado hacía de Valido para incrementar su influencia en ambas Cortes. Y ahora, todo el mundo en Toledo sabe que ella es una de las figuras claves en la política del Reino.

Aspecto: con 51 años, Eloisa ya no es la mujer bella que fue en juventud. El primer embarazo y su terrible final han castigado su cuerpo, y el de Alfonso la puso al extremo. Así que es una mujer delgada, enjuta, con las mejillas absorbidas y los brazos delgados. No tiene un aspecto enfermizo, ni mucho menos, pero su continua vestimenta de luto por su marido hacen que parezca mucho más delgada de lo que está. Su pelo negro siempre está recogido tras su velo, y muestra numerosas hebras plateadas. Su porte es noble, aunque su piel otrora bronceada está ahora bastante más pálida. Sus ojos oscuros, sin embargo, continuan siendo tan cautivadores como siempre.

Status: 9, por ser la madre del Rey y, por tanto, parte de la Familia Real.

Personalidad: Eloisa es una mujer tranquila y decente, con una religiosidad adecuada a una mujer de su posición, y un comportamiento intachable en todo momento. Es tambien una mujer ambiciosa y muy inteligente, que sabe que su deber está dividido entre ayudar a su hijo y ayudar a la Casa Albra. Y es una mujer orgullosa y algo soberbia, que sabe que goza de mucho poder y no tiene problema en usarlo, defenderlo e incrementarlo.

Virtud: Inteligencia.

Vicio: Fragilidad.

Política:
La madre del Rey es una persona con una agenda política que pocos se dan cuenta de que existe. Aparentemente no hace nada, pero es una maestra en el juego de las cortes del amor: un matrimonio apalabrado aquí, una reputación rota allí... Sin embargo, su alcance es limitado, al estar sobretodo circunscrito a Toledo, y por mucho que quiera fomentar la paz en el Reino sus posibilidades están atadas a la capital. Eso le da mucha influencia entre los Medinaceli, pero poca entre las demás Casas.

Familia Relevante:
-Alfonso XI, su hijo.
-Antonio de Alba, su hermano.

lunes, 9 de mayo de 2011

Relato: Cruz y Acero

Ezequiel Tovar, Obispo del Condado de Málaga, era un hombre mayor, con el pelo canoso recogido en una tonsura cuidada y unos ojos severos que observaban el mundo desde una nariz aguileña y afilada. Era un clérigo duro, que ahora tenía su catedral llena a rebosar de nobles, clérigos y villanos. Frente a él, arrodillado, Guzmán de Medina-Sidonia esperaba en silencio mientras los monjes del atrio cantaban con sus numerosas voces en coros profundos y graves. Todo el edificio parecía retumbar con sus vibraciones, mientras la nobleza esperaba que finalmente llegase el final del conflicto.

Detrás del noble postrado, en pie y con mal gesto, Gaspar de Medina-Sidonia observaba la ceremonia. Más grande y fuerte que su hermano mayor, mejor general y epítome de lo que se espera de un caballero Alba, sabía que era su deber estar en el sillón de Conde, y no el enclenque de su hermano. Y, aún así, la ley le obligaba a esperar y deponer sus ambiciones, aún cuando su propio padre, postrado en su lecho de muerte, le había dicho a él que era el digno gobernante del Condado. ¡Él debía ser Conde, no Guzmán! Y, sin embargo, se veía encerrado por las leyes, por la tradición y el honor, a quedar en segundo plano mientras el inepto de su hermano mayor recibía un poder y una gloria que no sabría manejar.

Enrique Ugarte, Marqués de la Casa Ugarte, se removía inquieto mientras progresaba la ceremonia. Si la Iglesia confirmaba a Guzmán como heredero, sus deseos y ambiciones se verían frustrados. A su lado, Lucas de Vallehermoso respiraba tranquilo y concentrado, satisfecho de que la tensión que el condado vivía fuese a terminar. Estando su feudo en el centro del Condado, sabía que si los Alba marchaban a la guerra, suyas serían las tierras que fuesen arrasadas y quemadas. Había demasiado que perder.

Ezequiel observaba todo esto con calma, notando hasta el más pequeño detalle que tenía frente a él, como si de transcribir un códice se tratase. Y le molestaba la tranquilidad de Jorge de Triana. Algo tramaba aquel hombre, algo sabía, algo ambicionaba. Era de los pocos a quienes el viejo obispo no podía leer como un libro abierto y era, por tanto, un problema para él. Un hombre de poca fe y demasiada ambición se mantenía al margen del poder de la Iglesia y, con ello, de su mano. Y al Obispo no le gustaba que alguien estuviese fuera de su control. En la tierra de los más devotos, le incomodaba que alguien mantuviese una posición diferente.

En el fondo de la catedral, lejos de donde Ezequiel esperaba el final de los cantos, se comenzó a armar un revuelo. Gritos de disgusto, empujones y movimientos poco controlados avanzaban por el centro en dirección al altar, como una ola en un mar tranquilo. Las voces de los monjes bajaron a las últimas notas, el "Deus Vult. Dei Gratia" que marcaba el final de la oración por el buen gobierno del Conde. Justo en ese momento, se oyó un grito por encima del tumulto, una voz grave y potente como los goznes de un destino que se rompe.

-¡Alto! ¡Detened esta atrocidad! ¡Nadie quiere a un enclenque como Conde! ¡Larga vida a Gaspar de Medina-Sidonia!-

El hombre que así hablaba, poco más que un adolescente caminaba al frente de un nutrido grupo de caballeros de corta edad. En su pecho, sobre su armadura, lucía el blasón de la Casa de Triana, una calavera dorada sobre campo rojo, recordatorio de que fue su fundador el que eliminó al último rey moro de la península, Mohammed IV. Ante sus palabras se organizó un tumulto entre aquellos que defendían que la ceremonia continuase y los que se oponían. Y, en el medio de los gritos, el Obispo vio la sonrisa tranquila y confiada del Señor de la Casa de Triana. Iba a comenzar un golpe, uno que el obispo no había visto venir. ¿Quien osaría, al fin y al cabo, desafiar a alguien en la Casa de Dios? Sólo quien no creyese profundamente, sólo un mezquino y ambicioso hijo de la grandísima puta de Babilonia.

Guzmán se dio la vuelta y se puso en pie, dirigiéndose a la multitud para intentar tranquilizarla, y varios nobles respondieron. Ludovico Osorio el primero, anciano Marqués, veterano y respetado por todos por su honor y capacidad. Intentó remarcar la importancia del momento, de una sucesión tranquila que evitase derramamientos innecesarios, de volver a una paz que permitiese concentrarse en los enemigos exteriores. No fue escuchado. Ni él ni los otros que lo intentaron, y el clamor de los gritos fue creciendo hasta que los cánticos de los monjes quedaron olvidados. Desde el atrio, Ezequiel observó con pavor como el joven caballero de Triana avanzaba hacia Gaspar de Medina-Sidonia y se arrodillaba ante él, jurándole vasallaje y servicio ante todos. ¡Aquello era un ultraje! ¡Gaspar no debía heredar! Mientras sentía la ira crecer en su interior, oyó el primero de los silbidos. Suave, siseante y amenazante como una serpiente, mortal como únicamente una espada puede ser. Miguel de Escudero, futuro heredero de su Casa, era quien había desenvainado en la Casa de Dios, y había puesto su espada en el cuello del joven caballero postrado.

-¡En pie, idiota! ¡Nuestro Señor debe ser Guzmán, por sangre y edad el justo heredero de estas tierras!-

En efecto, el caballero se puso en pie, pero su espada salió de su funda en respuesta, y se cruzó con la suya en el espacio entre ambos. Sonreía, agresivo y decidido como un depredador, frente al hielo y la calma con que Miguel de Escudero lo analizaba.

-¡Jamás, antes muerto que servir a alguien que no merece llevar la sangre de su Casa!-

Y todo estalló de pronto, como si aquella frase fuera la que hubiese destruido un dique. Una espada salió de su vaina, luego otra, y después más las siguieron. En un lateral, un caballero se abalanzó sobre su oponente, y el choque resonó en toda la catedral cuando sus aceros se encontraron y comenzaron su danza de muerte. Otros se les unieron en seguida. Mientras los campesinos huían despavoridos ante el comienzo de la batalla, y los santos observaban mudos el ultraje de la iglesia, Ezequiel no podía hacer nada más que observar como aquí primero, y después allí, la sangre comenzaba a cubrir el suelo.

Miguel de Escudero fue el primero en caer, y con él la Casa de Escudero juró eterna venganza a gritos contra la Casa de Triana. Ambas chocaron con fuerza y violencia, mientras el resto de los Marquesados del feudo se iban repartiendo a marchas forzadas entre los que apoyaban a uno y a otro heredero. La paz se rompió al mismo tiempo que la efigie de San Anselmo, destrozada por los mandobles de uno de los caballeros.

Ezequiel intentaba respirar con fuerza, hacer algo, pero cuando el acero cantaba no había nada que su voz pudiese hacer. Desde el altar observaba mudo cómo los defensores de Gaspar lo sacaban entre todos de la iglesia, y cómo los que quedaban se batían entre si. No duró mucho el combate, aunque para el obispo fue como pasar una eternidad en el infierno. Para cuando se fue acallando, una docena de caballeros de distintas Casas yacían muertos en el suelo, y una veintena estaban heridos.

Su sangre, que profanaba todo el frontal de la Iglesia, marcaba el comienzo del conflicto como un sacrílego vaticinio de los tiempos por venir. Toda posibilidad de una sucesión pacífica se evaporaba, como la memoria de un agradable sueño se desvance cuando uno despierta. Y este había sido un despertar abrupto, doloroso y herético, cuya ambición y brutalidad desafiaba la misma voluntad de los Cielos en su propia catedral.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Los Santos Patrones

Cada una de las Casas tiene escogido un santo patrón desde tiempos de su fundación, que los guía y protege, y para el cual tienen una gran festividad en la cual celebran su protección de diferentes maneras.

Jovellanos:
Sin sorpresas, el patrón de la Casa de Jovellanos es Santiago Apóstol, también llamado Santiago el Mayor, cuyo festivo es el 25 de Julio. Durante su celebración, los Jovellanos se reúnen en la catedral de la ciudad y ofrecen una gran misa en su honor. Después, los señores se reúnen en la Plaza do Obradoiro y celebran un gran banquete común, donde todos festejan en honor al Santo, y los villanos hacen lo mismo en la campiña que rodea a la ciudad. Tras la comida, sale una gran procesión solemne y silenciosa, sólo interrumpida por los cantos de los monjes que acompañan a la figura del Santo. Por su parte, los jóvenes que están listos para convertirse en caballeros hacen vigilia en su catedral durante toda la noche, meditando sobre su futuro, y la vida y obra del Apóstol.

Alarcón:
San Alfonso VI, considerado como el más pío de los reyes Alarcón y canonizado por la Iglesia casi un siglo después de su muerte; se celebra el día de su muerte, el 14 de Noviembre. Durante su celebración, junto a los festejos a menudo se realizan pequeños ejercicios militares que permiten mantener a los ejércitos entrenados y constituyen un colorido entretenimiento para todos. Estos festejos terminan con una misa en la cual se renueva el juramento de vasallaje de todos los campesinos hacia sus señores, y de los señores hacia sus superiores. Cuentan que, desde el ascenso de la Casa de Medinaceli, el Duque Alarcón siempre parece atragantarse cuando renueva su vasallaje hacia el Rey, lo cual ha causado algunos conflictos diplomáticos menores.

Cruilles:
El patrón de los Cruilles es San Jorge, el cazador del dragón, cuyo festivo es el día 23 de Abril. Durante su festivo, los distintos feudos organizan juegos que ponen a prueba la pericia de los participantes, y el Duque normalmente convoca un torneo para sus vasallos donde los caballeros demuestran ser dignos del legado del Santo. A menudo los nuevos caballeros aprovechan estas justas y pruebas para comenzar a labrarse un nombre, bajo la guía del santo patrón. También es un día en que los gremios cierran, pero dedican mucho tiempo a preparar diferentes acuerdos entre sí y se preparan tratados y envíos de materiales que mantendrán a los gremios unidos y avanzando durante mucho tiempo tras la celebración de San Jorge.

Medinaceli:
San Gregorio Magno, patrón de los sabios, es también el de la Casa de Medinaceli. Sus festejos, el 2 de Septiembre, se celebran en Toledo y son festivales enormes en los cuales además de comer y beber, el pueblo y los nobles se juntan para escuchar las palabras de los oradores, los teólogos y los universitarios. Tras ellos hablan a menudo muchos nobles, sobretodo jóvenes, que quieren exponer cómo creen que debería avanzar la Casa en el futuro, y demuestran sus habilidades como diplomáticos y capaces de grandes discursos. Finalmente, con el final de la tarde, el Rey se dirige al propio pueblo desde un lugar claramente visible a las masas, y habla largamente acerca del año pasado y el año que seguirá, y lo que ello implicará para los nobles y para el pueblo.

Alba:
San Enrique es el patrón de la Casa de Alba, un emperador de hace dos siglos en el Sacro Imperio Romano Germano renombrado por su habilidad como guerrero y su fé. Su festividad es el día 13 de Julio, y durante ella las diferentes Casas nobiliarias celebran primero una muy importante misa en sus iglesias, durante la cual hacen importantes donaciones a la Iglesia para fortalecer la fé en sus tierras; después reproducen las batallas contra los musulmanes de modo festivo, celebrando así la victoria que les ha dado las tierras que ahora tienen. Sin embargo, junto a la adoración a San Enrique, en las tierras Alba también está muy extendida la adoración de la Virgen, en sus múltiples formas, para la cual se celebran enormes festejos y misas que rivalizan con los dedicados a San Enrique. Esto ocurre, sin embargo, en diferentes fechas, según a qué virgen hayan escogido adorar en cada uno de los feudos. Normalmente, la forma tradicional de las mismas son las procesiones en honor a la virgen, más un festejo que un acto solemne.

Olivares:
San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, es también el patrón de la Casa Olivares. Sus festejos, el 15 de Mayo, celebran el final de la siembra y solicitan la ayuda del patrón para el crecimiento y florecimiento de esa cosecha que deberán recolectar en verano y otoño. Es un día en el que nadie trabaja, sino que se dan a la fiesta y se entretienen, mientras atienden a los curas que van visitando cada una de las granjas para solicitar la bendición de Isidro en esas tierras.

Musoles:
La Virgen del Carmen, patrona y protectora de navegantes y marineros, es la patrona de la Casa de Musoles, y se celebra el 16 de Julio. Sus festividades se celebran siempre en la costa de las islas, y son festejos a menudo mirados con cierta preocupación por la Iglesia por "excesivamente paganos", ya que en ellos no se celebra una misa formal (aunque numerosos párrocos hablan en las playas), sino que la gente de modo más individual va y hace pequeñas ofrendas que lanzan a las olas. Está considerado como de muy buena suerte encontrar una de estas ofrendas cuando, a menudo, son traídas de vuelta por las mareas a lo largo de los días y meses siguientes.

Junto a estos grandes patrones y festejos de las Grandes Casas, se celebran muchos otros santos y patrones. Primero los específicos de las Casas concretas señoras del feudo, a veces santos locales, a veces otros santos de importancia pero que no han sido escogidos por las Ducales. Además, hay santos específicos que son celebrados en muchas zonas (por ejemplo, a San Isidro Labrador lo festejan en casi toda Hyspania los campesinos, aunque de modos más tradicionales). También la Virgen es adorada en muchas zonas, en especial en el sur, y en sus numerosas encarnaciones se le celebran misas especiales, días de festejo, y peregrinaciones.

sábado, 7 de agosto de 2010

Lugares: El Sin Nombre

Existe en la soleada ciudad de Córdoba un lugar que no ve luz del sol alguna. Un lugar que sólo se abre una vez al mes. No tiene un nombre, pero lo llaman de muchas formas: el campo de sangre, el bestiario, la lacra. Y, aunque los nombres no coincidan, todos saben de que hablan. Cuando llega la luna llena, un sótano en la ciudad es abierto, y se deja entrar a quien lo desee. Da a una bodega amplia, que una vez surtió a la posada sobre ella, pero que en la actualidad se encuentra desprovista de nada en su interior. Sólo hay un pequeño lugar elevado en ella , y frente a él un amplia area delimitada por barreras de madera: el campo de muertos. Aquí se reúnen los peores elementos de la ciudad para divertirse. Beben del vino que bajan de la taberna del piso superior, apuestas, negocian, y se entretienen. Y el elemento central de ese entretenimiento son las luchas a muerte organizadas entre aquellos con demasiadas deudas, o que ya no les queda otra salida.

Estos combaten en el campo de muertos, bajo la vigilancia desde el pequeño lugar elevado del maestro de ceremonias, el infame Rodrigo de Villanegra. Este, famoso prestamista entre aquellos que no pueden acudir a los prestamistas judíos legales, es una figura conocida del hampa local, que mantiene un pequeño pero fuerte grupo de soldados a su sueldo permanentemente para asegurarse que puede cobrar lo que le es debido... y cuando no se puede cobrar, arrastra a los desafortunados la siguiente luna llena a una muerte entre sí, llevándose una parte de las apuestas por organizar los combates.

No hay reglas en estos enfrentamientos, salvo que sólo uno puede sobrevivir y no se puede abandonar el área demarcada por las barreras. No se provee de armas a los luchadores, que pueden usar cualquier cosa que hayan traído consigo mismos cuando han sido arrastrados aquí, ni se admiten armaduras o escudos; en ocasiones es sabido que algunos han alquilado algún arma si aún les quedaban algunas monedas, o habían ganado algo apostando por sí mismos. Luchan un combate tras otro, hasta que mueren o (raramente) han vencido tantas veces que son capaces de cubrir sus deudas con sus propias apuestas, pudiendo abandonar entonces la zona. Luchan tantas veces que hacia el final de la noche, la zona de combate está tan cubierta de sangre y vísceras que se vuelve resbaladiza y engañosa. Y cuando la noche es terminada, el lugar cierra durante otra luna entera, mientras los cadáveres son abandonados para ser devorados por los cuervos a las afueras de la ciudad.

Muchos se preguntan cómo, conociendo de su existencia, la Casa Alba permite la existencia de esa mácula en su Ciudad Ducal. Cómo pueden aceptar que tan deshonorable evento pueda tener lugar sin ser purgado. O cómo pueden permitir que Villanegra siga vivo. Las respuestas a estas preguntas nunca llegan, y mientras el lugar continúa operando, como lleva haciendo muchos años.

domingo, 1 de agosto de 2010

Poder: Alba

Sin sorpresas, el poder de la Casa Alba se basa en la mayor parte en su enorme potencial militar. Miles de hombres, veteranos de varias batallas, y entrenados para el combate. Son el mejor ejército del Reino, y ni siquiera el de la Casa Alarcón puede comparársele. En ocasiones puede ser difícil coordinar los movimientos políticos y los apoyos que requieren desplegar estos ejércitos, pero si llegan al campo de batalla se vuelven un único todo, y son letales en combate.

El segundo poder de la Casa es uno que ni la misma Casa es realmente consciente de que tiene, pero es el terror. La mayor parte de caballeros y Señores de otras Casas pueden estar muy dispuestos a ceder bastante con tal de no provocar a un Alba, por su enorme fama de belicosos y su amplia experiencia en combate. Sin embargo, este es un poder que en ocasiones se usa de modo "inconsciente", pues los Alba no son buenos políticos ni conocen la guerra psicológica... simplemente son como son.

sábado, 31 de julio de 2010

Relato: Palabras y Acero

Delante de él, dos de sus hidalgos discutían con vehemencia y pasión, algo de lo que Antonio de Alba estaba ya cansado. Sus numerosos caballeros llevaban así, por una u otra razón, toda su vida y los gritos parecían clavarsele ya en el fondo del alma.

-Silencio- solicitó, pero con los gritos era obvio que no le escucharon siquiera; de hecho, el Caballero del Dragón parecía dispuesto a desenfundar inmediatamente- ¡Silencio, he dicho!-

En efecto, el ruido desapareció con rapidez ante sus palabras elevadas. Ni siquiera realmente había gritado, simplemente había puesto un tono de voz más sólido, y los otros lo habían captado; primero, los ayudantes de cámara y los consejeros se habían callado, y finalmente los dos caballeros. A su lado, Ernesto de Alba cambió ligeramente el peso de sus piernas, acercando ligeramente la mano al pomo de su espada por su alguien osaba desafiar al Duque, pero permaneció en silencio.

-Mi Señor, solicito permiso para batirme en duelo por mi honor con este... despreciable ser, carente de toda mesura, etiqueta y honor- las palabras del Caballero del Dragón eran vehementes, y sus miradas parecían arder en dirección a su oponente.

-¿Yo el carente de honor y mesura? ¿Os habéis visto siquiera? ¡Sois la viva prueba de vuestra incapacidad!- respondió el Caballero del Buitre, con aires.

Antonio bien conocía a aquel caballero, era problemático y le gustaba provocar a los demás para que fuesen los otros los que iniciasen las trifulcas. Desgraciadamente, aquello no era ilegal, y el Duque se encontraba atado de manos para castigarlo mientras se iba enfrentando a un caballero tras otro. Pero, ahora, tenía un plan en la cabeza. Esa misma mañana había llegado un mensajero del Rey y Antonio llevaba rumiando la línea de acción desde entonces, en silencio y tranquilidad.

-En efecto, os doy permiso para solventar este duelo de honor. Sin embargo, no os batiréis aquí, sino que participaréis en la Justa que tendrá lugar en breve en Toledo. Y no lucharéis el uno contra el otro, sino que el que llegue a una ronda más avanzada será el vencedor.-

-Pero, mi Señor- protestó el Caballero del Dragón, atónito y extrañado-, eso va por completo en contra de los hábitos y lo que se espera. Es... poco ortodoxo, mi Señor, sin ofender.-

-Lo sé, lo sé. Sin embargo, estoy harto de que la Casa Alba se desangre en luchas intestinas. De que nuestros caballeros luchen unos contra otros en vez de contra los enemigos. Ahora deberéis hacer a otros sangrar para solventar vuestras disputas, y al hacerlo os traeréis gloria a vos mismos y a toda la Casa.-

Se hizo el silencio, pero era obvio que el Caballero del Dragón y el del Buitre no estaban muy de acuerdo. Su callado respeto era más bien fruto de que sabían que estaban muy por debajo de posición que su Duque y, por tanto, no eran dignos de rebelarse. Y a la silenciosa presencia de Ernesto. Antonio los vio marchar ofendidos.

-Y recordad que si no llegáis vivos a las Justas habréis faltado a una prueba de honor, así que os recomendaría que no os batieseis hasta entonces...- esperaba que aquello mantuviese al Caballero del Buitre bajo control. Al menos hasta el verano. Quizás, con suerte, entonces le ocurriese algo desafortunado.

Sin embargo, si era sincero consigo mismo, el Caballero del Buitre sólo era un problema muy menor. Había decenas de caballeros como él, que buscaban un enemigo contra quien usar sus espadas ahora que no quedaban Infieles a los que derribar. Lo peor es que como ellos eran algunos de sus Condes y Marqueses, y eso era mucho más terrible.

En cualquier caso, la mente de Antonio pronto abandonó el conflicto y pensó en lo que vendría. Temía que la división de la Casa se mostrase en los días del Torneo Real, pero también sabía que era una ocasión de poder. El Rey tendría que mantener a la Casa Alba ocupada de un modo u otro, y eso quizás le diese el enemigo exterior que necesitaba para evitar que la Casa se hundiese en sus divisiones internas.

El acero Alba no se había podido envainar tras las guerras. Pero, quizás con esfuerzo y tiempo, pudiese ser encauzado. Como aquella tarde, donde la lucha intestina al final se había transformado en algo productivo.

Si sólo lo respetasen los suyos tanto como merecía...

Personaje: Antonio de Alba

Nacido en 1246, en un soleado junio de Córdoba, Antonio era el tercer hijo de su familia. Como tal, su destino era o ayudar a su hermano Lucas en el gobierno de la Casa, o bien unirse a los Templarios... algo que repateaba a los Alba después de sus problemas con la Orden Militar. Además, la tranquila personalidad de Antonio lo hacía inadecuado para unirse a una unidad tan militar, y en cambio lo convertían en un buen consejero para su hermano.

Así pasó su infancia, un chico más o menos ignorado en una Casa de miliatares. Sin embargo el destino iba a dar una vuelta inesperada cuando a sus 24 años, su hermano mayor moriría en un accidente de caza. Estando ya Guzmán de Alba dentro de la Iglesia como asistente del Cardenal del Sur, Antonio tuvo que dar un paso al frente y aceptar el gobierno de la Casa.

Esto, sin embargo, causó numerosos problemas. ¡Un Alba que no era un guerrero liderándolos! ¡Y uno que gustaba más de leer y charlar que estar en un campo de batalla! Aquello, ciertamente, era inaudito en la historia de la Casa. Los Marqueses y los Condes estaban más que preocupados, y llegaron al borde de la rebelión en 1271, cuando varios de los más influyentes entre ellos se decidieron a alzarse contra su señor militarmente, y comenzaron a reunir a sus tropas en la ciudad de Sevilla, dispuestos a marchar sobre Córdoba.

Con el apoyo de diplomáticos Medinaceli, de sus propias habilidades como diplomático, y de una buena planificación, Antonio logró acallar el furor guerrero de sus vasallos prometiéndoles grandes beneficios por la toma de Granada y, con ello, el fin de la Reconquista. Eso los mantuvo acallados durante años, mientras las tropas cristianas una vez más se enfrentaban a las musulmanas. Años que el Duque empleó para ir hablando con los diferentes Condes para ir generando vínculos con ellos que pudiesen evitar que se repitiese el conflicto.

Finalmente, sin embargo, la Reconquista ha terminado, y el Duque de la Casa Alba ha tenido que otorgarles nuevas libertades y derechos a sus vasallos al completar la guerra, y tuvo que rechazar moverse él mismo a la ciudad de Granada, entregándola a sus vasallos para crear nuevos feudos. Tanta sangre derramada, y los nuevos privilegios, permitieron que los Condes y Marqueses permaneciesen en silencio unos años, lamiéndose las heridas y fortaleciéndose individualmente.

Sin embargo desde 1292 las cosas cambiaron, cuando el líder de la Casa Condal de Medina-Sidonia murió, sin heredero claro. Esto ha dividido a la Casa de nuevo por dentro, al menos no volviéndolos contra el Duque, pero sí apoyando a las diferentes facciones en el interior de la Casa de Medina-Sidonia en su conflicto. El Duque necesitaría un nuevo enemigo externo, o algo que de nuevo logre unir a las Casas, si no quiere tener una nueva potencial revolución contra su persona en unos pocos años.

Aspecto: Antonio de Alba es un hombre relativamente joven y vigoroso. Como es habitual en los Alba, su tamaño es relativamente grande, con hombros amplios y sólidos. Sus ojos son marrones, y miran a su alrededor siempre con curiosidad, por encima de una boca carnosa que permanece estoica la mayor parte del tiempo. Sus cejas pobladas le dan un aire rudo, que generalmente desmienten sus buenas ropas y la habitual presencia de algún libro en sus manos. Aunque porta espada, como todo noble, sus manos no muestran los callos de los que han dedicado su vida al entrenamiento con el acero.

Status: 7, Duque de la Casa Alba.

Personalidad: Antonio es un hombre tranquilo y paciente, habituado a que el mundo a su alrededor gire a una enorme velocidad. Es curioso y juguetón con aquellos con los que tiene confianza, aunque suele ocultar esta faceta de sí mismo pues sabe que sus propios vasallos la desaprobarían. Lo que sí está claro es que tiene un pico de oro mucho más desarrollado que la mayor parte de los de su Casa, y aunque es un hombre fervoroso en su fé, no es un fanático sin cabeza. Al contrario, tal vez tiene demasiada cabeza para su propio bien.

Virtud: Culto.

Vicio: Silencioso.

Política:
El objetivo principal de Antonio, al que dedica sus noches sin dormir, es el de lograr la unidad de la Casa de Alba. Fragmentada y dividida como está, sabe que no puede conseguir nada, y que acabará destruyéndose en sus conflictos internos. Sin embargo, cada intento y cada acción son saboteadas por la falta de respeto de sus vasallos, y cada vez está más contra las cuerdas. Intenta conseguir esa unión como mejor puede, y no ceja en su empeño sin embargo.

Familia Relevante:
-Guzmán de Alba: su hermano mediano, Cardenal de Burgos.
-Clara de Medinaceli: su esposa, de 32 años, es una belleza callada y tranquila, que raramente habla si no hay necesidad.
-Rodrigo de Alba: su tío, de 54 años, es un sólido guerrero, un clásico miembro de su Casa, y un cínico con respecto a su sobrino.
-Iñigo de Alba: su hijo mayor, de 17 años, está comprometido con una dama Medinaceli, y es un sólido guerrero, aunque también ha heredado parte de la personalidad tranquila de su padre. Odia al Duque Jorge de Medinaceli porque sabe que su prometida está enamorada de él, lo cual ha fomentado una tensión que ni él mismo comprende bien.
Antonio de Alba tiene otro hijo e hija casaderas.

lunes, 26 de julio de 2010

Información Básica: Alba

Personalidad: los miembros de la Casa Alba a menudo son vistos como violentos y poco dados a pensar soluciones más complejas a los problemas que la punta de su espada. Problemáticos y fanáticos en su fé, son guerreros temibles, prácticos y veteranos, cuya sangre hierve si tienen que estar simplemente esperando.

Señor de la Casa: Antonio de Alba.

Tierras en Propiedad Directa: Ducado de Córdoba.

Familias Vasallas:
-Casa Aguilar-Priego: Condado de Sevilla.
-Casa Ayamonte: Condado de Aravaca.
-Casa Medina-Sidonia: Condado de Cádiz/Málaga, debido a que se encuentra sumida en un conflicto de sucesión interna.
-Casa de Villena: Condado de Granada.
-Archidiócesis Bética.

Lema: Si quieres la paz, prepárate para la guerra.

Color de la Casa: Blanco, con ribetes en rojo.

Significado del Escudo de Armas:
El escudo en su conjunto significa una única cosa: la entrega y el precio que los Alba han pagado en la conquista del sur, y todos los elementos reflejan esto. Primero, el campo rojo, color de la sangre derramada. La espada ejecutando la luna que representa a los musulmanes. Y las cinco estrellas, una por cada uno de los hermanos del primer Duque Alba que cayeron en batalla contra los musulmanes, y que recuerda a todos los familiares que han caído a lo largo de los años.

El pergamino es el comienzo del lema de la familia ("si quieres la paz, prepárate para la guerra") y recuerda la eterna vigilia que los Alba efectúan sobre sus enemigos, a la espera de nuevas confrontaciones.