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martes, 3 de mayo de 2016

Los matrimonios en la nobleza

Entre la nobleza hyspana, como en toda la cristiandad, el papel de los matrimonios es central en la diplomacia de las Casas. La razón principal de esto es que, normalmente, son empleados como modo de cimentar alianzas sólidas entre Casas distintas, sean enemigas o aliadas, durante las cuales la hija de una de las Casas la abandona para ir a vivir a la otra (aunque no necesariamente abandona su apellido, de hecho, las hyspanas raramente lo abandonan). Esto abre la puerta a tener una espía en el interior de la otra Casa para uno de los lados de la ecuación, al mismo tiempo que la otra Casa tiene una rehén obtenida de modo diplomático y amigable.

El resultado es que, sobre esta relación de comunicación se pueden tejer redes sólidas de alianzas para el futuro, porque raramente una Casa atacará a otra con la que tiene un matrimonio cruzado, bien porque la víctima vaya a ser avisada con antelación (si la que ataca es la Casa del marido a la de la esposa) o bien porque van a perder a un familiar importante, a mayores de la dote monetaria que hayan dado (en el otro caso).

Y ese es otro elemento importante de la política matrimonial: las familias de la esposa deben dar cuantiosas dotes a las familias de los maridos para consolidar este casamiento. Las dotes son muy importantes en la economía de las Casas y pueden servir para pagar guerras y ejércitos en casos de necesidad o conseguir otras mejoras para la Casa. Por supuesto, las dotes son más cuantiosas entre la realeza que entre los marquesados, pero en todos casos la cantidad que se transfiere de una Casa a otra es importante.

Por todas estas razones, la política matrimonial puede decidir el destino de una Casa. Una buena política de casamientos puede llevar a alianzas y fusiones entre Casas dispares, una mala puede llevar a la ruina y la desaparición de una Casa. Esto hace que la política matrimonial no responda normalmente a los ideales del amor cortés, si no a los del pragmatismo y necesidad política. Por ello, la voz cantante a la hora de concertar matrimonios es la del Señor de la Casa, seguida normalmente por la voz de su esposa que es la que normalmente sabe qué se cuece en las Cortes del Amor (donde, normalmente, entre gestas y poemas, las mujeres hacen una complicada política en torno a matrimonios y amoríos). La persona que se casa, sea hijo o hija, raramente tiene la capacidad de cambiar lo que los mayores le han escogido.

Es tan central la política matrimonial de una Casa, que a menudo los matrimonios se concertan con antelación amplia a la boda en si, ocasionalmente incluso cuando los que se van a casar son apenas niños. Esto permite construir y consolidar la alianza primero de una forma más laxa (aún no hay que pagar la dote, ni hay rehén ni espía) que permita construir una relación de confianza que se afiance posteriormente con el matrimonio.

jueves, 14 de marzo de 2013

Historia de Hyspania

Majestad, la historia del Reino de Hyspania es larga y convulsa. Los primeros habitantes de la península fueron los íberos y los celtas, que luchaban sus guerras y tenían sus conflictos, pero de los que se sabe muy poco. Los íberos parecen los más extendidos, mientras que los celtas ocuparían el noroeste de la península.

En cualquier caso, ambas tribus fueron destruidas primero por la invasión de los cartagineses en torno al año 320 antes de Nuestro Señor, seguidos rápidamente por los romanos sólo cinco años más tarde. Ambas naciones transformaron la península en un masivo campo de batalla que acabó con la victoria romana y la posterior romanización, como nos ocurrió a nosotros. Los romanos explotaron la provincia durante aproximadamente 500 años, extrayendo su oro y plata, asi como alimentos para la propia Roma. Sin duda, fue el periodo de paz más largo que la península haya vivido, e incluyó la cristianización de toda la península cuando el Imperio adoptó esta religión como la única oficial.

Pero los godos harían añicos eso. Tras participar en la conquista de nuestra Galia junto a los francos y quedarse sin tierras, los godos prosiguieron hacia el sur y conquistaron la península en el año 256 después de Nuestro Señor. Pero los godos no creían en un gobierno centralizado, sino que las ocho mayores tribus se repartieron el territorio, y sus líderes tomaron el nombre de Duques. Estos ocho duques se peleaban entre si para ver quien de ellos se convertía en Rey de cada vez, resultando un periodo muy convulso  de guerras, intrigas y asesinatos. A diferencia de la Corona, los Duques si legaban sus títulos directamente a sus hijos, de modo que en gran medida funcionó como ocho reinos distintos.

En el año 378 de Nuestro Señor, la casa ducal que habitaba al sur de la Península solicitó a los infieles musulmanes del otro lado del Estrecho ayuda en las guerras para hacerse con la Corona. Los infieles eran tribus guerreras, que habían conquistado todo desde Tierra Santa hasta ahí, y se habían quedado sin tierras que conquistar, de modo que aceptaron encantados la oferta y cruzaron el Estrecho. Pero, en contra de lo que el duque godo esperaba, los infieles no se limitaron a conquistar para él la Corona y marcharse, sino que conquistaron la mayor parte de la península y se la quedaron, incluso llegarían con el tiempo a amenazar nuestra propia Francia.

De las ocho casas ducales de los tiempos godos, sólo tres sobrevivieron, enormemente reducidas y debilitadas: los Jovellanos en el noroeste, los Alarcón en el norte, y los Cruilles en el nordeste. Todas atrincheradas en las montañas donde la caballería infiel era más débil. Débiles y destruidas las casas, el Reino de Hyspania se sumió en la oscuridad y careció de Rey. Sin embargo, los infieles cometieron el mismo error que los godos, y tras una serie de crisis políticas internas, en el año 776 de Nuestro Señor, su poderoso reino se fragmentó en un gran número de pequeños reinos, llamados taifas.

Ante la debilidad del infiel, en el año 834 de Nuestro Señor, Pelayo, Duque de la Casa Jovellanos, comenzó lo que llaman la Reconquista. Aunque había habido numerosas escaramuzas anteriores y batallas, no fue hasta su llegada que se comienza a retomar las tierras que los musulmanes habían perdido previamente, y a reconquistar las distintas taifas. Siguiendo su impulso, aunque con menor éxito, la Casa Cruilles y la Casa Alarcón se unieron a la Reconquista, y la época de oscuridad del dominio infiel comenzó a aproximarse hacia su fin.

Pelayo se convirtió en Pelayo I cuando reclamó la Corona para si del Reino de Hyspania, y los otros dos duques no tuvieron el valor ni las fuerzas para oponerse. Pero, más allá de eso, Pelayo I hizo que la corona, como el ducado, fuese hereditaria, de modo que sus hijos la heredarían sin pasar por los conflictos que acabaron destruyendo el reino godo del que eran herederos. Y asi, en medio de incesantes batallas contra las taifas, se sucedieron los primeros reinados de nuevo cristianos. Hasta que llegó el periodo conocido como la Herencia de Dos Hermanos, que acabaría partiendo la Casa Jovellanos en dos debido a la complicada sucesión, y daría luz al Reino de Portugal.

Ante la debilidad de la Casa Jovellanos, la Casa Alarcón les forzó a entregarles la Corona, y a partir de entonces los Jovellanos volvieron a ser duques tan sólo. Era el año de Nuestro Señor de 893,  y ante la caída de las taifas del norte, los musulmanes se dividieron aún más entre los que se rendían y convertían en vasallos de los cristianos, los que se enfrentaban, y los que se enfrentaban contra otros musulmanes por incrementar su poder. La Reconquista avanzó más rápidamente, y para el año 973 de Nuestro Señor la Casa Alarcón había crecido tanto que su territorio era ingobernable, de modo que debió crearse un nuevo ducado, que fue para la Casa Medinaceli.

Esto no detuvo la Reconquista, sino que la mantuvo avanzando a medida que más y más taifas veían sus lunas sustituidas por cruces. Para el año de Nuestro Señor de 1155, prácticamente toda la península había sido reconquistada. Tanto es así que el Rey Alarcón decidió de nuevo partir sus territorios para crear un nuevo ducado, al sur, entregado a la Casa Alba. Es el comienzo del declive de la dinastía Alarcón, que se vería cada vez más superada por los problemas del Reino y más incapaz de hacerles frente. Lo cual, eventualmente, llevó a la declaración de la Guerra de los Arados, entre los Alba y los Cruilles, en torno al Año de Nuestro Señor de 1188.

Esta guerra fue larga y cruenta, y complicada, con numerosos eventos y fases. Pero finalmente acabó uniendo a todas las Casas detrás de los Medinaceli cuando estos exigieron a los Alarcón que les entregasen la Corona. Era el año de Nuestro Señor de 1216, y con este se inaugura la tercera dinastía de reyes de Hyspania, la cual gobierna en la actualidad. Los Medinaceli supieron solucionar los conflictos de la Guerra de los Arados creando una nueva Casa protegida por ellos, los Olivares, a partir de territorio Cruilles. Ante la creciente debilidad de los Cruilles, sus vasallos los Condes Musoles declararon su independencia en el Año de Nuestro Señor de 1234, dejando la Casa Cruilles reducida entre ambas independencias a dos tercios de su enorme tamaño original.

Finalmente, hace tan sólo cinco años, en el verano del Año de Nuestro Señor de 1288, los Alba finalmente conquistaron la última taifa restante: Granada. Y, con ella, la península ha vuelto a ser completamente cristiana. Han sido cinco años de reconstrucción y estabilización, de volver a tender lazos y puentes sobre un Reino que llevaba casi un milenio en posesión musulmana. Pero todo apunta, como bien sabéis Majestad, a que ese periodo de paz y equilibrio se aproxima a su fin. Los hyspanos son guerreros, no están habituados a la paz, y los presagios señalan tormentas de sangre y acero en el horizonte.

sábado, 9 de marzo de 2013

La Vestimenta

Los habitantes de Hyspania siguen una moda un poco rudimentaria para nuestros gustos, Majestad, así que es importante destacar que todas las ropas tienden a ser ligeramente más rústicas que las que se hayan de moda en París. Dicho esto, la moda varía mucho en base a las regiones y las clases sociales, pero la iré ilustrando paso a paso.

Los nobles suelen llevar camisas de buenas telas pero con escasos adornos, cerradas en el cuello con cordones. Sus pantalones suelen ser de cuero recio y resistente, y van acompañados de botas resistentes. Otra vestimenta habitual consiste en unas mallas para las piernas, cubiertas por un largo abrigo que llega hasta casi las rodillas. Las armaduras no se suelen llevar puestas, salvo que uno se encuentre en lugares donde espera combate, y todos ellos suelen portar sus espadas. Es habitual que sobre la ropa o la armadura lleven sobrevestas, que son telas finas que muestran los colores y el escudo de la Casa a la que pertenecen. Usan también distintos complementos: en situaciones formales, por ejemplo, suelen llevar amplios collares en torno a los hombros, bajo el sol usan sombreros de alas anchas, y a menudo llevan brazaletes. Normalmente, el pelo lo llevan suelto y largo, o cortado, siendo comunes los estilos de "paje" o "bacenilla" entre los jóvenes. Actualmente, la barba recortada y el bigote están de moda, aunque muchos no llevan ninguna.

Las damas suelen llevar vestidos, ceñidos en el torso al apretar las cintas de la espalda de los mismos, todas con colores vivos y vistosos. Las damas mayores o más recatadas no llevan escote sino cuellos altos, mientras que las más jovenes y descocadas si llevan escotes en triángulo o cuadrado. Las faldas son largas y de vuelo, y constar normalmente de entre dos y tres capas de tela una tras la otra. A menudo, estos vestidos son de sedas traídas de oriente, y están adornados con bordados y encajes decorativos. Suelen llevar además numerosos complementos, como collares de diferentes materiales, anillos en sus dedos, pendientes largos, brazaletes, parasoles o sombreros de diversos estilos. En muchas ocasiones, usan almizcles y otros ungüentos para maquillarse y resultar más atractivas. El pelo lo suelen tener largo, recogido en complicados moños, elaborados tocados, o largas trenzas.

Los hombres del clero siguen la moda vaticana. Los monjes llevan túnicas amplias de los pies a los tobillos, recogidas con un cinturón de cuero, tela o cuerda. Estas túnicas son del color apropiado para la orden del monje, y sobre ellas va colocada un abrigo también del color correspondiente, para los días de mayor frío. Se suelen calzar con sandalias. Suelen llevar todos cruces al cuello, y el material de las mismas suele ser representativo de la riqueza de la orden y de la posición del monje. El pelo suelen llevarlo tonsurado. Los curas de mayor posición cambian los colores de sus órdenes por los de su cargo. Así, los obispos visten de violeta, con un copete del mismo color en la cabeza. Los cardenales, por su parte, visten de rojo, y llevan pequeñas tiaras en la cabeza o copetes del mismo color en las situaciones formales. Se sabe, sin embargo, de algunos obispos y cardenales que no llevan las ropas esperadas, sino que visten con otros colores. Al igual que las damas, a menudo los altos cargos de la Iglesia usan seda en su ropa. Normalmente, pocos hombres del clero llevan bello facial.

Las monjas suelen vestir de negro y blanco en su mayoría. Como sus equivalentes masculinos, llevan largas túnicas que van desde el cuello hasta los tobillos. Se cubren las cabezas con cofias blancas, que rodean toda la cara y el cuello, sobre las que suelen llevar una capa más en negro.

Finalmente, los campesinos visten con ropas bastas, normalmente hechos por ellos mismos. Los varones suelen llevar polainas y camisas amplias. Sus pies los calzan con aquello que pueden conseguirse, normalmente sandalias o zapatos. Y se cubren la cabeza con sombreros de distinto tipo según el sol de la zona. En domingos y festivos, suelen sacar sus mejores galas, y es ahí donde sale a la luz la belleza de los atuendos regionales, mucho más ricos que sus ropas de diario. Suelen llevar el pelo sin arreglar en exceso, y barba.

Las campesinas, por su parte, suelen vestir con camisas amplias con escotes, y faldas largas de distintas telas. Se calzan de modo similar a los varones, y raramente portan más complementos que, como mucho, pequeñas cruces de madera o alguna herencia familiar. El pelo lo suelen llevar recogido en moños sencillos o otros arreglos rápidos. Al igual que sus maridos, no pueden pagarse tintes, con lo que sus ropas lucen con los colores naturales de las telas de las que están hechas.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Introducción

A su Graciosa Majestad,

Finalmente, hago llegar a sus manos estos manuscritos, fruto del trabajo que me encomendó hace ya seis largos años. En aquel momento, yo abandoné vuestra graciosa Corte para partir a un Reino que desconocía en gran medida, Hyspania, sin saber qué me iba a encontrar al llegar a aquellas tierras del sur.

El recibimiento no fue de lo más... agradable ni apacible, Majestad. Vos me mandasteis para que os actualizase sobre la situación en el Reino, mi Señor, y los hechos que vos veíais llegar creaban un ambiente de tensión más que notable en la Corte Real y allá donde yo fuese. Me honraron como vuestro embajador, desde luego, pero el ambiente era severo. Se notaba que algo se preparaba tras la prematura muerte de la prometida del joven Rey. La pobre encontró su fin durante el invierno previo a mi llegada, aquejada de fiebres que fueron imposibles de sanar.

Ya se notaba entonces que el Reino se aguantaba en un frágil equilibrio. Es una tierra antigua, Majestad, y sus habitantes son orgullosos y altivos. Rasgos nobles, pero que traen su peligro. Y este peligro se cernía sobre el Reino como una sombra percibida en sueños: nadie es claramente consciente de ella pero, al despertar, todos retienen esa sensación de incertidumbre. Es una tierra de honor, de sangre y de guerra, y todos notaban la sensación de que esos principios se les venían encima con una tremenda virulencia.

Esto que tenéis en vuestras manos, Majestad, es mi esfuerzo por entenderles, como vos solicitasteis. Esfuerzos inmersos en los hechos que, como deparó el destino, quiso que yo presenciase. La violencia, las guerras, las traiciones y las intrigas. Era un tiempo peligroso, mi Señor, pero desde luego he de reconocer que también excitante. Torneos, damas y caballeros, y todo por decidirse sobre el filo de una espada o de una palabra mal dicha.

Espero que mis esfuerzos sirvan para que vos podáis entender ahora el Reino con el que compartimos frontera, como hago yo.

Siempre leal a vos

Pierre de Saint Exupery, Conde de Lyon, Embajador en Hyspania

martes, 16 de octubre de 2012

El Mundo Desde Abajo

Escuchadme, pequeños, porque vosotros veis las cosas con demasiada inocencia. Cada día, os veo jugando con los demás niños de la aldea a las guerras y a las batallas, imitando ser los nobles que no somos. Pero lo que contáis y disfrutáis, como juego que es, dista mucho de la verdad. Os voy a contar cómo fueron aquellos años de mi infancia en los que la guerra partió mi mundo en dos.

Todo había comenzado como un año normal, con el invierno duro y frío y los campos pidiendo manos para arar los surcos y sembrar las semillas que habían de germinar con los meses. Lo de siempre, lo que habéis visto todas las primaveras. Yo, como vosotros ahora, era demasiado pequeño para trabajar el campo, así que alternaba entre jugar con los demás niños y ayudar en la casa con lo que Madre, vuestra Abuela, solicitaba. Exactamente como vosotros, y como harán vuestros hijos y nietos cuando llegue el momento.

Pero con el comienzo de la primavera, el ambiente en el pueblo estaba enrarecido. Los mayores hablaban en corrillos con tonos serios y oscuros, y rápidamente nos mandaban lejos para que no escuchásemos lo que se decía. Madre y Padre discutían a menudo, cuando creían que todos estábamos dormidos. Pero no lo estábamos. Y mis dos Hermanos mayores, que El Señor tenga en su gloria, estaban nerviosos, hoscos y sus bravuconadas se sucedían. Se pavoneaban frente a las chicas de su edad, pero lo hacían con miedo a la vez que altanería.

Al final de abril, cuando las lluvias cubrían los campos mal trabajados, lo que todo el mundo hablaba en voz baja fue dicho por un pregonero en la plaza del pueblo. El Marqués llamaba a todos los hombres mayores de dieciséis años a que se preparasen para partir a la guerra en sus levas. Por alguna razón, los nobles se enfrentaban unos a otros, el por qué no importaba demasiado. Al menos, no para nosotros, nunca se molestaban en explicar nada, y Padre tampoco nos lo decía a los pequeños.

Se fueron el día de San Félix, el 2 de Mayo, y pronto serían mártires como él. Se marcharon por la mañana, con el resto de los adultos del pueblo, equipados con lanzas viejas y cascos abollados. Caminaban lentamente detrás del Marqués y su cuadrilla de caballeros, todos a lomos de sus roncines, con sus armaduras brillantes y sus escuderos cuidando de sus necesidades. Los nuestros sólo andaban, en silencio o hablando en voz baja, mientras las mujeres y los niños los rodeaban para despedirlos.

Los campos quedaron desatendidos durante los meses que siguieron, sus productos creciendo y pudriéndose por la falta de manos para cuidarlos. Madre sólo lloraba y trataba de mantener en orden la casa, pero no daba a basto. Y nosotros dejamos de poder jugar para tener que ayudar todo lo posible. A finales de mes, llegaron nuevas de que mi hermano mayor había muerto en el campo de batalla, pero que el combate había ido bien y que se estaba organizando un asedio contra las tierras del otro Señor. Ni siquiera sabíamos dónde era, ni jamás fue traído a casa su cadáver.

Durante el verano, las cosas siguieron igual. Mi segundo hermano murió de fiebres durante el asedio, junto a muchos de los hermanos y padres de los habitantes del pueblo, y su cadáver fue quemado para evitar que la enfermedad se esparciese por el campamento militar. La villa parecía más un funeral permanente que el hogar que vosotros conoceis: muertos que llorar, campos sin cultivar o mal trabajados, casas vacías,... no había sitio para las risas ni los juegos. Ni para la infancia, ni la inocencia. Vivíamos con el corazón en un puño, pendientes de las nuevas que podrían traernos el fatal desenlace para alguien querido.

Con la llegada de Septiembre, el ejército de nuestro Señor se lanzó a la toma de las murallas de la ciudad asediada, y fueron repelidos una y otra vez. Las bajas fueron muy numerosas entre la leva, pero los nobles, en sus tiendas de campaña, parecían no reparar en ello. Para sus importantes personas, la leva sólo eran números, pero yo conocía todos los nombres que la componía, y Padre era uno de ellos.

Para San Martín, cuando el pueblo debía estar preparando la matanza del cerdo, todos estábamos en la plaza. Finalmente, regresaban a casa. Si habían marchado personas, regresaban fragmentos de ellas, arrastrando los pies y renqueando, heridos en el cuerpo y en el alma. Padre había perdido un brazo en algún momento del conflicto, y la única vez que le vi llorar en su vida fue el momento en que rodeó el talle de Madre con su otro brazo. El regreso al hogar. Todos lo rodeamos y abrazamos con fuerza, llorando como todo el mundo hacía.

Mi Padre quedó roto entonces y durante toda su vida. Jamás pudo labrar bien el campo, ni hacer sus labores de marido de la casa. Y, sin mis Hermanos mayores, nuestros campos cayeron en mal estado. Eso hizo que el invierno fuese más duro que nunca, con hambre día si y día también. Y el año siguiente sólo fue marginalmente mejor, porque unos parientes podían ayudar un poco, sacando tiempo de donde podían tras atender sus campos con sus fuerzas mermadas.

Jamás he hablado de aquellos años antes de ahora, y no volveré a hacerlo de nuevo. Fue cuando mi familia fue partida para siempre, y el dolor que siguió fue tan terrible como la guerra misma. Así que, cuando os acostéis pensando en gestas e historias, rogad a Dios porque no venga una guerra de verdad. Porque allí no hay sitio para los héroes ni las princesas, sólo para la muerte y el dolor, lejos de los seres queridos, luchando por algo que no importa más que a unos nobles sedientos de orgullo y poder.

domingo, 26 de agosto de 2012

Fusión y División de Casas

A lo largo de la historia de Hyspania, desde los tiempos de los godos en que se comenzó a establecer el sistema feudal, las Casas no han permanecido estables. Por muy diversos medios, se han ido fusionando unas con otras, o se han ido escindiendo en más de una. Y esto es una parte importante de la política del Reino.

A la hora de que se produzcan fusiones, lo que surge de dos Casas que se unen es una única Casa con el apellido compuesto. Así, por ejemplo, existe la Casa Ortiga-Guillén, con el primer apellido correspondiendo normalmente a la más importante de las dos Casas originales. A una fusión de Casas se puede llegar de varios modos:

-Por matrimonio: en el caso de que un Señor de una Casa muera sin dejar heredero varón (que hereda siempre por virtud de la Ley Sálica), su Casa pasa a ser absorbida por la Casa del marido de su hija mayor.

-Por herencia: a la muerte de un Señor, este puede específicamente haber indicado que parte o toda su Casa pase a formar parte de otra, cosa que la otra Casa debe aceptar. Esto raramente ocurre, pues normalmente los herederos del fallecido se niegan a aceptar la disolución de su Casa.

-Por vasallaje: en caso de que una Casa jure vasallaje a una Casa de su mismo nivel (por ejemplo, un Marquesado a otro) y este sea aceptado, la casa original pierde su Status y se convierte en una Baronía y la Casa pasa a estar completamente al control de los nuevos señores. En este caso no se produce la fusión de apellidos.

-Por conquista: en la guerra raramente se luchan batallas totales que lleven a la aniquilación de Casas. Pero en ocasiones ocurre. Cuando una Casa es completamente destrozada en la guerra, el castillo tomado y sus miembros importantes muertos o expulsados, la Casa conquistadora puede decidir tomar las tierras y posesiones de la Casa derrotada. Esto puede ser complicado en caso de que los superiores no estén dispuestos o la Iglesia no lo vea bien, lo cual lleva a una política complicada a la hora de poder asimilar Casas por este medio.

En la otra cara de la moneda, puede ocurrir lo opuesto. Por diversos avatares, una Casa puede verse dividida en dos o más. Para llegarse a esta situación es necesario que se de una de las siguientes posibilidades:

-Por herencia: en caso de que el Señor que fallece decida que su Casa debe ser dividida entre más de un hijo, concediéndole a cada uno parte de la misma.

-Por extensión: la más habitual, se da cuando una Casa simplemente ha crecido demasiado para ser gobernable, de modo que deja de ser viable su funcionamiento unitario. En este caso, lo que suele hacerse es crear una Casa nueva que jure vasallaje a la original y pase a controlar parte de las tierras. Así es como surgieron la Casa de Alba y la Casa de Medinaceli, por ejemplo. Generalmente, las únicos que hacen esto son las casas Ducales o Condales.

-Por división interna: en ocasiones, puede ocurrir que una parte de la Casa se niegue a jurar vasallaje a la otra parte y se alcen en armas. Es el caso de la Casa de Medina-Sidonia, por ejemplo. Normalmente, en estos casos, una de las partes derrota a la otra y la asimila de vuelta. Sin embargo, puede ocurrir que sean incapaces de hacerlo por una causa u otra, de modo que en su lugar surgen dos Casas diferentes. Lo más habitual es que esto ocurra en caso de que los superiores intervengan, y supone la creación de un casus belli para ambas partes desde entonces hasta el final de los tiempos.

Por todos estos mecanismos, las Casas son como seres vivientes, que crecen y cambian con el tiempo.

Aquí podéis consultar las reglas a aplicar en estas situaciones.

miércoles, 8 de agosto de 2012

El Mercado Negro

En un reino rural como este, el mercado negro no es algo que tenga mucho crecimiento, ni mucho menos. Sin embargo, sí que existe en gran parte de las ciudades de mayor tamaño, donde las profesiones están mucho más diversificadas y hay mayor riqueza. Como la mayoría de la gente es relativamente autosuficiente, el mercado negro trata con pocas materias, principalmente tres:

-La primera son las armas, especialmente espadas. Como está prohibido portar espadas si no se es noble, algunos sectores del submundo consiguen estas armas de modos menos que legales, ya que no pueden acudir a los armeros. Lo mismo ocurre con otras armas de guerra, como arcos largos o mayales. 

-El principal mercado, sin embargo, son las reliquias sagradas. Cada iglesia necesita una para consagrarse, y mucha gente las usa y lleva como amuletos protectores o de la suerte. Dicen que si se juntasen todas las astillas de la Verdadera Cruz que hay dispersas por la Cristiandad, se podrían construir tres, y no es de extrañar.

-Finalmente, en muchas zonas existe un mercado negro de carne, ya que se encuentra prohibido cazar en los bosques que son propiedad de la nobleza. De modo que los campesinos pagan bastante a cambio de caza furtiva. 

viernes, 27 de julio de 2012

Criminalidad

En Hyspania no existe criminalidad organizada a gran escala, sino que existen distintos colectivos que, por diferentes razones, se ven arrastrados a una vida criminal. Existen bandas, pero son fenómenos locales de cada una de las zonas, como la banda de El Tuerto en Toledo.

El principal problema criminal es el bandidaje. Los bandidos normalmente son siervos fugados u hombres libres que no consiguen trabajo, y que son obligados a irse a zonas salvajes con sus familias. Se agrupan con otra gente en su misma situación, y juntos atacan a presas fáciles. En contra de lo que se comenta entre los nobles de Hyspania, los bandidos raramente atacan a la nobleza, sino que suelen depredar únicamente en mercaderes y otros campesinos, a los que abruman con su número. En épocas difíciles y complicadas, los números de bandidos aumentan exponencialmente.

En entornos urbanos, los hurtos son uno de los principales problemas. Aprovechando las aglomeraciones de los mercados y las calles atestadas, cortan las bolsas donde los demás llevan el dinero y huyen con las ganancias de vuelta entre la multitud. No suelen estar organizados, sino que cada uno trabaja como puede y donde puede.

Junto a los urtos, en las ciudades también se producen atracos y ocasionales robos en domicilios. Estos últimos, sin embargo, son bastante poco frecuentes, dado que en la mayor parte de los domicilios no hay nada que valga la pena robar.

martes, 24 de julio de 2012

Damas de Compañía

Hace ya muchos años que se instituyó en Hyspania la tradición de las damas de compañía. Estas son chicas jóvenes, de entre 13 y 16 años normalmente, que son enviadas a vivir a una Casa distinta a aquella donde nacieron. La idea es que aprendan las formas de vida de la nobleza y lo que una dama debe hacer y cómo debe vivir, de modo que maduren y se preparen para sus matrimonios y la vida que conllevan.

Por ello, las damas de compañía son las acompañantes de las señoras de las tierras. Duermen en las mismas habitaciones que ellas, las acompañan a todos los sitios, les dan conversación, las ayudan a vestirse, etc. La idea es que, haciendo todo con ellas, aprendan de las señoras para cuando ellas mismas lo sean. Por eso, las damas de mayor y mejor reputación tienden a recibir más peticiones para que las hijas de otras Casas sean sus damas de compañía, igual que las de mayor posición nobiliaria.

De mi trato con ellas, he observado que suelen ser bastante inocentes cuando llegan a un castillo, no en vano son apenas adolescentes que han vivido las vidas protegidas y alejadas de la realidad que las familias nobiliarias suelen darles a sus hijos. A lo largo de sus años como damas de compañía, esta inocencia se va cayendo a medida que ven cómo realmente es la sociedad de Hyspania... por no mencionar que sus juventudes e inocencias hacen que muchos caballeros escojan a las damas de compañía para seducirlas y tener aventuras románticas o menos románticas.

Además, las damas de compañía pasan tanto tiempo con las señoras, que acaban por convertirse en guardianes mutuos de la decencia. Así, ambas saben cuando la otra está cometiendo cosas indecentes, y las hay que luchan por evitarlo, mientras que otras son confidentes mutuas. Lo cual en gran medida depende de la relación que desarrollen, que puede ser simple y formal o evolucionar hasta una amistad real que permanezca una vez que la dama de compañía se haya marchado a vivir con su marido a otra Casa. Esto hace que muchas damas tengan redes de amigas y contactos dispersas por todo el Reino, con las que intercambian "afables" cartas para enterarse de lo que pasa en otros lugares, solicitar favores, o esparcir rumores.

Chambelanes y Amas de Llaves

Probablemente, los chambelanes sean las personas no nobles más importantes de un feudo, con la excepción de los párrocos cuando no llevan sangre azul en sus venas. Al fin y al cabo, de ellos depende que el feudo funcione adecuadamente, y a menudo son de las personas que mayor confianza reciben de sus Señores, y mayores privilegios. En feudos pequeños existe un único chambelán, en los castillos grandes o con muchos sirvientes, sus funciones se dividen con el ama de llaves.

La primera de las labores del chambelán, y que siempre le pertenece, es la de actuar como intermediario y dar la bienvenida a los visitantes importantes. Los recibe, se entera de cual razón les trae, y los lleva a las salas de espera donde pueden aguardar hasta que el Señor, o quien sea, los reciba. Una vez hecho esto, los anuncia adecuadamente en la entrada con sus nombres y títulos. A mayores de sus labores como intermediario, también se encarga de que tengan todo lo que puedan necesitar ellos o los señores del castillo. Por ello, normalmente saben todo lo que ocurre con la nobleza, y a menudo son los confidentes de los Señores a la hora de saber de antemano lo que opinan o desean los invitados.

La segunda de las labores, que es la que se delega a la ama de llaves cuando esa posición existe, es la de asegurarse de que el servicio cumple con lo debido. Se encarga de asegurarse de que las despensas están bien provistas, de que los mozos de cuadra se encarguen de sus labores, de que las sirvientas laven la ropa, etc. En general, que el servicio esté siempre ocupado y no holgazanee.

Por estas dos funciones, un buen chambelán, o una buena combinación de chambelán y ama de llaves, es vital para que un feudo funcione bien. Podría ocurrir que fuese un noble el encargado de esta misión, pero normalmente estos consideran de "inferiores" el encargarse del buen funcionamiento del día a día de sus tierras, prefiriendo jugar, cazar, guerrear o gobernar. Labores de noble. E incluso las mujeres se dedican a las labores de damas, como coser, contar chismes, o leer. Así que es por esto que normalmente esta labor recae sobre las manos de los expertos sirvientes, habituados a relacionarse con los demás miembros del servicio. La excepción a ello, como he podido observar, se da entre las Casas Ducales, en el Palacio Real, y entre algunas de las Casas Condales, donde caballeros de muy menor status actúan como los chambelanes de Señores de tan altas posiciones.

lunes, 2 de abril de 2012

Leyes: Penas, Ejecuciones y Castigos

En Hyspania, la pena por muchos delitos es la ejecución: asesinato, conspiración, traición, robos mayores, homosexualidad, etc. Incluso, a veces, son usadas como escarmiento o como medio de infundir temor en el enemigo o en los aliados. Sin embargo, el castigo no es únicamente la muerte, sino el modo en que esta es llevado a cabo.

Cuando un noble comete un delito lo suficientemente grave, lo normal es someterlo al garrote vil, o lo que es lo mismo, que le corten la cabeza públicamente. Tras esto, su cuerpo es enterrado en suelo sagrado, normalmente con el resto de la familia, pues su muerte habrá limpiado (normalmente) la vergüenza que los demás deben sentir ante el acto cometido.

A los campesinos, normalmente se los cuelga y deja su cuerpo balanceándose en la soga durante un tiempo para servir de ejemplo. En casos más graves, se procede a la crucifixión, aunque es un modo cada vez menos frecuente porque a la Iglesia le preocupa que se use el mismo modo de ejecución que llevó a la muerte de Jesús. Sea como sea, normalmente son enterrados fuera de suelo sagrado igual que a los suicidas, de modo que la entrada al Cielo les es denegada.

La Iglesia, por su parte, normalmente ofrece muertes relativamente piadosas a aquellos herejes que caen en sus manos y que admiten sus faltas. Normalmente son colgados tras admitir públicamente su herejía. Sin embargo, aquellos que se niegan a admitirla incluso tras la tortura se suelen enfrentar a la temida hoguera o a la tortura pública hasta la confesión. Aquellos purificados por la confesión reciben la extremaución y son enterrados en tierra sagrada al haber sido limpiados del pecado, los que no lo hacen son enterrados fuera de la misma pues su camino al Infierno es seguro.

Junto a estas ejecuciones, existen otras mucho menos practicadas, que se suelen emplear en momentos concretos. Por ejemplo, si se quiere enviar un mensaje a distintas regiones, lo normal es proceder al desmembramiento público. Y Señores especialmente crueles e imaginativos han practicado otras modalidades como la tortura pública, la muerte por inanición colgados de una jaula, o métodos más originales y desagradables.

Sea como sea, el castigo público es visto como un entretenimiento por la mayor parte de los habitantes de Hyspania, así como una lección sobre moral, y a menudo va precedido por discursos de nobles y eclesiastas si el caso es suficientemente importante.

Para aquellos casos en que no es necesario llegar a la ejecución, existen otras variantes. La más habitual es colocar encadenado al culpable en un lugar público donde todo el mundo pueda ver su falta y burlarse de él durante un tiempo, al final del cual es liberado. Esta deshonra es muy dolorosa emocionalmente para el reo, que a partir de entonces suele ser tratado de una manera muy despectiva por los demás habitantes del feudo. Para aquellos que probablemente viajen, como los mercaderes, lo normal consiste en marcarlos en la frente con fuego, de modo que todo el mundo esté precavido sobre su crimen. También existen castigos corporales, como los latigazos (que a más de uno han llevado a la muerte) o la amputación de miembros (normalmente una mano).

A menudo, los caballeros reciben también la alternativa de ejecutar algún tipo de gesta para compensar el daño causado, que limpia su honor. Por su parte, la Iglesia en ocasiones condena a la gente a llevar adelante una peregrinación forzosa a alguno de las Ciudades Santas (Santiago, Roma o Jerusalén) para expiar allí sus pecados.

Finalmente, usada muy poco a menudo, existe la prisión. En Hyspania, no se entiende la prisión como un lugar de castigo, sino como un lugar de encierro a la espera de otro destino (normalmente un juicio y castigo públicos), pero en ocasiones es usada cuando no se puede ejecutar a alguien por motivos políticos. Así, esposas ya no deseadas, o nobles importantes han visto sus días languidecer en calabozos y torres por Hyspania, a la espera de que la situación cambie a mejor y sean liberados.

Un caso concreto y habitual de esto es la práctica de los rescates, según la cual un caballero derrotado en batalla pero no muerto es encerrado en un calabozo a la espera de que la familia o quien sea pague un rescate para ver al mismo regresado a ellos. Es una práctica muy extendida por todo el mundo conocido, y no se considera deshonroso ni mantener gente arrestada, ni haberlo sido y liberado por rescate.

jueves, 23 de febrero de 2012

Caballeros Errantes

Pese a la visión romantizada por los populares cantares de gesta y las novelas de caballerías, hay muchas razones por las que los caballeros de las distintas Casas se vuelven errantes, y no todas demasiado nobles. Pueden haber decidido partir en peregrinaje a los Santos Lugares, o quizás para aprender de distintos maestros, o a hacer gestas y ganar gloria y renombre... pero también puede ser que su Casa haya perdido sus tierras, o que hayan sido expulsados y exiliados de la misma, o quizás hayan tenido problemas con sus antiguos camaradas, o que su Casa se quedase sin tierras y busquen unas nuevas. Pero, sea como sea, ahora todos ellos se ganan la vida de algún modo, y eso los define.

Muchos de ellos se ganan la vida de la única forma que saben: con la espada. Se juntan con otros de su estilo y forman compañías mercenarias, o la ponen a disposición del mejor postor para torneos, duelos o como guardaespaldas. También a menudo son los encargados de mancharse las manos con las cosas que luego las Casas negarán.

Un segundo grupo toma el camino oscuro de ese, y finalmente se entrega al bandidaje y el saqueo, atacando pueblos y granjas desprotegidas o vendiendo sus servicios como asesinos a sueldo. En tiempos de guerra y conflictos como estos que Hyspania atraviesa, sus servicios nunca carecen de demanda, y son los responsables de empañar tanto la imagen de los caballeros errantes entre la población llana.

También existen aquellos que simplemente buscan entrar a formar parte de una nueva Casa, ofreciendo sus servicios de modo permanente a la espera de que eso les consiga un lugar a su mesa. Normalmente estos buscan a las más poderosas Casas o a las más necesitadas, esperando con eso ver mejorada su condición.

Finalmente, los más errantes suelen ser los dedicados al aprendizaje y la gloria. Normalmente son caballeros jóvenes, recién ungidos y todavía con una visión demasiado idealizada de la caballería en un Reino donde el honor está deslucido. Normalmente van de un pueblo en otro, buscando maestros o aprendizaje, y oportunidades para obtener gloria. Y, generalmente, se dedican más a la fiesta que a otra cosa.

Hay numerosos caballeros errantes conocidos en Hyspania, tanto para bien como para mal. Desde Alfonso Yáñez, líder de los Perros de Torres, a Gabriel Lanzón el "Caballero del Olivo Roto" un infame asesino que vende sus servicios al mejor postor, o Francisco Valdios "El Caballero del Cofre" quien se dice que derrotó a veinte bandidos y salvó una villa de la quema él solo.

En cuanto al tratamiento, dado que son Caballeros reciben el trato que corresponde a los caballeros de menor rango, porque al fin y al cabo son nobles. O, al menos, eso es lo que se espera. Sin embargo, aquellos que causan problemas o son débiles a menudo son tratados con rudeza incluso por aquellos por debajo de su posición, especialmente si causan problemas o abusan de los campesinos. Y los nobles tampoco los tratan mejor, ya que a menudo los caballeros errantes son una fuente importante de problemas en cualquier feudo en el que se encuentren. Por tanto, la suya es una posición complicada en Hyspania, con poder pero a la vez con mucha debilidad. Pueden inspirar miedo a muchos (al fin y al cabo, llevan espada), pero a la vez también mucho resentimiento, desconcierto y precaución, y es contra quienes los campesinos más fácilmente encuentran valentía para enfrentarse a ellos. Especialmente si van solos.

viernes, 14 de octubre de 2011

Universidades

Las Universidades son el centro donde el conocimiento y la sabiduría se extienden, aunque son de creación reciente. En ellas los hijos de los burgueses ricos, y algún muy poco frecuente noble que no va a heredar, reciben una formación en una serie de "ciencias" y saberes, entre los que destacan la teología, la medicina y biología, la filosofía natural, la matemática, la astronomía, y la lógica.

Estos currículos son dados por los doctores y profesores de cada una de las Universidades, hombres sabios aunque no pertenecientes a la nobleza, a menudo vinculados al clero. Estos se organizan en rudimentarios departamentos, que agrupan a los estudiosos de cada uno de los temas. Todos ellos se reunen para gobernar la Universidad en el Rectorado, donde deciden entre todos lo que se ha de hacer, qué hay que comprar, etc. Sin embargo, esto no evita que existan numerosas tensiones y problemas entre ellos por envidia, odio, ambición o cualquier otra razón.

En estos momentos, en Hyspania hay tres Universidades. La más antigua es la de Burgos, que es además la más reputada para estudiar filosofía natural y astronomía. Fue construida en 1227, siendo la segunda del mundo sólo por detrás de nuestra notable Sorbona de París. Es también la que mayor presupuesto tiene, más alumnos y mejores profesores.

La segunda en construirse, en 1241, fue la Universidad de Salamanca, que se especializa en teología y filosofía. Por ello, una muy amplia parte de su profesorado es parte de la Iglesia, y esta tiene una mano muy notable en los asuntos de la Universidad. Está construida en torno a un pequeño jardín, que da a la capilla de la Universidad, que casi rivaliza en tamaño y esplendor con la propia Catedral.

Finalmente, la más reciente data de 1273 y se encuentra en Barcelona. Busca centrarse en matemática y lógica, aunque de momento no cuenta con demasiados recursos ni profesores. Sin embargo, cuenta con el apoyo de la Casa Cruilles, que está invirtiendo en ella para que crezca de modo independiente a la Iglesia.

Hay planes para la construcción de otra Universidad en León, y otra en Valencia, pero de momento ambos planes permanecen en el aire por falta de recursos y organización.

domingo, 2 de octubre de 2011

El Sistema de Justicia

El sistema de jurisprudencia del Reino es un pequeño caos de normas escritas, orales, heredadas de tiempos antiguas y de combinación con los Fueros. Por todo ello, las leyes pueden cambiar de un territorio a otro, y ocasionalmente incluso dentro de un mismo terreno en base a derechos específicos entregados a distintas localizaciones. Sin embargo, en principio hay tres tipos de modelos legales.

El primero es el derecho normal, que se extiende por la mayor parte de las tierras del Reino. Se aplica a nobles y siervos por igual, aunque normalmente los primeros salen impunes a menos que hayan ofendido a nobles de un rango superior. El encargado de aplicar las leyes sobre un territorio es el señor feudal de ese territorio, normalmente juzgando personalmente los casos que llegan frente a él. Las penas son muy duras, no siendo raras cosas como cortar la mano por robo, o el ajusticiamiento por crimenes algo mayores.

El segundo es el derecho canónico, que es el que se aplica en los territorios de la Iglesia y a los miembros de la misma allá donde se encuentren. Es un derecho mucho más permisivo, especialmente para los miembros de la Iglesia, con unas penas mucho más bajas y tolerantes, normalmente relacionadas con la confesión, rezo, ayuno y formas similares. El encargado de aplicar esta justicia suele ser el abad, aunque en numerosos monasterios se hace según lo que opina el conjunto de la congregación.

Finalmente, el tercero corresponde a los burgos libres. En ellos, las leyes suelen estar claramente escritas y son llevadas adelante por un Alguacil nombrado por el alcalde. En la mayoría de casos son similares a las del código legal habitual, con su severidad y dureza, pero suelen prestar menos atención al estamento de cada uno. Eso no implica que juzguen a todo noble que comete un delito, ni mucho menos, pero sí son más proclives a hacerlo, especialmente ante una situación favorable a ello.

Al margen de lo que establecen las leyes y el juez en cada uno de los casos, la nobleza en sus asuntos internos a menudo anula ese juicio, y acude a Dios como juez supremo y definitivo. Para ello se convoca lo que se llama un juicio por combate, que normalmente toma la forma de una justa con combate a caballo y luego a pie hasta la muerte o derrota definitiva de uno de los contrincantes, aunque se conocen otras formas si ambas partes están de acuerdo, como la lucha directamente a pie. A menudo, se escogen campeones para este juicio, y se supone que Dios escoge al ganador, de modo que el resultado es inapelable.

El resultado de la combinación de todo esto es un caos y un cenagal legal que ha llevado a numerosos problemas y conflictos entre las distintas partes involucradas.

sábado, 1 de octubre de 2011

El Nivel Tecnológico de Hyspania

Hyspania no se encuentra exactamente en un momento histórico concreto de la historia real, sino que en distintos aspectos está en distintos momentos. Por eso creo que es necesario comentarlos poco a poco, para que quede claro.

Arquitectura:
A nivel arquitectónico, Hyspania se encuentra claramente en el gótico, con todavía numerosas obras e iglesias románicas esparcidas por la arquitectura del Reino. Y los castillos también son claramente medievales, sin todos los desarrollos renacentistas.

Armamento y Armaduras:
En este sentido se encuentra a caballo. Por un lado ya hay armaduras completas, espadas a dos manos, etc. que son claramente de muy finales de la Edad Media, al mismo tiempo que floretes y demás del Renacimiento. Sin embargo, no se ha descubierto todavía la pólvora ni ninguno de sus derivados.

Musica y Arte:
En este aspecto, el mundo de Hyspania ya está entrando en el Renacimiento, pero por muy poco. Ya comienza a haber más instrumentos y formas poéticas, y las canciones con múltiples voces se han desarrollado ya mucho; sin embargo, la principal forma de extensión de la música siguen siendo los músicos de cámara, juglares y bardos. La danza, por su parte, es una coreografía masiva donde muchos bailarines se mueven a la vez siguiendo patrones. Y en pintura se están comenzando a introducir los primeros retratos de corte más realista, aunque aún no han llegado avances como la perspectiva. Por su parte, el teatro todavía no ha llegado a Hyspania, lo más parecido que existe son las representaciones religiosas del nacimiento de Cristo o similares, que se hacen en ciertas fechas. Sin embargo, el lugar para el arte sigue siendo las Cortes de la nobleza o la Iglesia, en un modelo claramente medieval.

Doctrina Política:
La política es la de la Edad Media, un modelo feudal claro y omnipresente con sus tres estamentos. No se habla todavía de centralización, ni de la creación de Estados, ni de la doctrina de la soberanía, ni ninguno de los otros inventos renacentistas, aunque si se conoce "El Principe" de Maquiavelo, que se extrapola a todo Señor feudal.

Comercio:
Aunque la banca aún no se conoce fuera de la Orden del Temple y de los judíos, el comercio se encuentra en un crecimiento de enorme importancia, que se acerca a la que tendrá durante el Renacimiento, especialmente en tierras Cruilles. En el resto de Hyspania es el propio de finales de la Edad Media.

Religión y Filosofía:
El humanismo y la filosofía naturalista aún no se han descubierto, y tampoco ha comenzado la Reforma. La doctrina religiosa imperante es la que surge de la lectura de la obra de San Agustin y autores similares, y de la interpretación por el Vaticano de la doctrina eclesiastica. Desde luego Descartes, Copernico y todos esos están todavía muy lejos.

Medicina:
La medicina se encuentra atascada en estándares medievales puramente. Esto implica que los médicos cristianos (llamados galenos) saben poco más que a sangrar a la gente. La teoría dominante que explica el cuerpo humano es la teoría de los cuatro humores y sus equilibrios. Por otro lado, los médicos judíos y (si puedes encontrar uno) árabes saben mucho más y poseen técnicas más avanzadas. En cualquier caso, algunos pocos y locos están empezando a investigar sobre el tema, aunque aún falta mucho para que se atrevan a abrir cadáveres y a descubrir cosas como que la sangre fluye.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Los Perros

Junto a los caballos, estos animales son omnipresentes en la vida cotidiana de Hyspania, tanto de la nobleza como del pueblo llano. Son amigos, compañeros de trabajo, compañeros de ocio, guardianes, soldados... y es que el mejor amigo del hombre está presente en muchas de las actividades de la gente.

Así, una de las funciones principales es que vigile. Sus agudos olfatos y oídos les permiten detectar intrusos con mucha más facilidad que los humanos, comenzando a ladrarles con fuerza. También participan en muchas de las labores de trabajo, desde el pastoreo a auyentar los animales y pájaros que podrían molestar a una cosecha. Son esenciales también para la caza, el deporte principal de la nobleza, en la que participan de modo entusiasta; pero también participan en muchos juegos, y son unos de los mejores amigos y cuidadores de los niños. Incluso, algunas Casas entrenan a los perros para acompañarlos a la guerra, convirtiendo sus jaurías en unidades de combate.

Por todo ello, los perros son animales grandes y fuertes, ya que cualquier otra cosa sería inútil. Cada casa de campesinos suele tener al menos uno de ellos, mientras que las Casas nobiliarias tienen entre dos y diez, dependiendo de los usos que les den. Suelen vivir con los humanos, en las casas de las que entran y salen con tranquilidad, aunque cuando hay muchos a menudo se tienen perreras donde viven la mayor parte de ellos, dejando que entren en casa sólo los favoritos.

sábado, 27 de agosto de 2011

Magia y Superstición

Como sabéis, mi Señor Rey, soy un hombre de ciencia, y desconfío notablemente de supersticiones y conjuros. Sólo Dios Nuestro Señor puede obrar tales milagros. Y, tras mi estancia en Hyspania, mi fe se mantiene, ya que nada sobrenatural he observado que ocurra en ningún momento. Sin embargo, que no haya magia real no implica que la gente no crea en ella. Por el contrario, los habitantes de Hyspania son personas supersticiosas que creen en los hechizos, las pociones, las brujas y los hombres lobo que habitan los bosques.

La magia ocupa un lugar importante en la percepción de la gente del mundo, vinculada de una manera pagana y a menudo herética con la fé y los milagros, y entroncando con las antiguas tradiciones heredadas de siglos pasados y otras tierras. Así, es posible encontrar magos, alquimistas, astrólogos y adivinos en algunas de las cortes de los nobles con más inclinación por ello, o que quieren tener sus beneficios.

Esto se debe a que practicar la magia no está prohibida en Hyspania, aunque la Iglesia la desaprueba profundamente y trata de mantener muy vigilados a sus practicantes. La excepción a esto es la magia negra, que proviene del Demonio, y que se considera herejía y, por tanto, se condena con severidad; en la misma medida, la brujería de origen celta suele sufrir el mismo destino, condenada por paganismo.

Junto a la magia, en toda Hyspania existen numerosas supersticiones de todo tipo. Algunas se extienden sólo por territorios concretos (como el temor de los Musoles a embarcar un martes), mientras que otras se extienden por todo el Reino (como el hecho de que el 13 es número de mala suerte). A grandes rasgos, las supersticiones se pueden dividir en dos grandes grupos:

Por un lado, están las que evitan que se hagan ciertas cosas, como pisar las cruces en el suelo. Por otro lado, están las que obligan a hacer ciertas cosas en ciertos momentos, como santificarse cada vez que alguien menciona el nombre de Dios.

Todo este conjunto de supersticiones no se consideran magia como tal, aunque a menudo ambas cosas se cruzan. Por ejemplo, los Jovellanos suelen llevar sal en el bolsillo por si se cruzan con la Santa Compaña. Por ello, el límite entre ambas es a menudo difuso, y puede llevar a conflictos y malentendidos en numerosas ocasiones, especialmente con los que no son del territorio.

viernes, 19 de agosto de 2011

Los Godos

Como sabéis, la caída del Imperio Romano la produjeron una serie de hordas bárbaras de origen germano en su mayoría que se dispersaron por toda Europa. A la península llegaron dos de estas tribus, los Godos y los Visigodos.

Ambas se mezclaron con la población romana, adoptando muchos de sus avances y conocimientos, pero reformaron el reino bajo un único Rey cuya sucesión era siempre complicada. Así, se dividió el Reino en siete Casas, de las cuales hoy en día sólo se recuerdan y permanecen tres: los Cruilles, los Alarcón y los Jovellanos (estos últimos eran Visigodos, no Godos). Las otras cuatro Casas que existían ya no son recordadas, pero sí se sabe que eran las más importantes.

Como la sucesión era siempre complicada y no seguía la línea familiar, la Casa Real cambiaba de un rey a otro, y su corte raramente permanecía en un único sitio sino que viajaba por todas las tierras de la península. Eran habituales los asesinatos y las maquinaciones, tanto por parte del Rey como en su contra, para asegurar la sucesión en una dirección u otra, especialmente cuando su salud menguaba o cuando dejaba de interesar.

Los musulmanes llegaron a la Península invitados por los propios godos de una de las casas sureñas para facilitar con sus ejércitos que la sucesión fuese a su favor. Como es obvio, los musulmanes en su lugar decidieron quedarse ellos con las tierras, y rápidamente fueron conquistando a unos godos fragmentados y divididos y controlando sus tierras primero desde Sevilla y luego desde Granada.

Por ello, pocas Casas quedan hoy en día que realmente puedan reclamar un orígen godo, y todas ellas se encuentran en el norte que nunca llegó a ser conquistado. También, debido a los numerosos problemas de sucesión, costó construir el sistema actual de herencia de títulos, lo cual ha llevado a numerosas dificultades con el paso de los siglos.

En cualquier caso, aún hoy en día hay Casas del centro y sur que reclaman un origen godo, y gente que afirma ser heredero de las antiguas Casas como medio de conseguir tierras y título del que carecen. Sin embargo, todas estas reclamaciones han demostrado ser falsas, y los estafadores han sido colgados.

domingo, 31 de julio de 2011

Leyes: la Prima Nocte

La ley a la Prima Nocte es una ley antigua, que supuestamente se encuentra reconocida por primera vez en los códigos legales godos previos a la invasión. Sea esto cierto o no, era una práctica habitual a medida que comenzaba la Reconquista.

Según esta ley, el Señor de unas tierras tiene derecho a acostarse con la esposa de cualquier villano de sus tierras en la noche de bodas. Es, por tanto, una ley muy conflictiva.

Desde el comienzo de la Reconquista, si no antes, numerosos alzamientos han tenido lugar en tierras de distintos Señores debido a esto. Luchas, conflictos, y debates políticos y religiosos se han sucedido en torno a este derecho.

Fue durante el reinado de Alfonso II "El Dulce" cuando, por primera, vez se incluyó en los Fueros de las tierras Jovellanos que sus siervas estaban fuera del derecho de sus señores. A partir de entonces, por medio de sublevaciones, por luchas en las Cortes, o cualquier otro medio, este derecho ha sido incluido prácticamente en los Fueros de todas las tierras de Hyspania.

En la actualidad, sólo algunos territorios concretos de las tierras Alba y otras zonas específicas del Reino no incluyen esto en sus Fueros, y sigue siendo causa de enormes conflictos.

Las Cortes y los Fueros

En Hyspania hay una institución específica de tres lugares, y estas son las Cortes. En ellas los villanos se juntan y pueden atender a diferentes peticiones de la alta nobleza o, sobretodo, del Rey. A cambio, el noble que las convoca escucha lo que interesa y preocupa a los villanos del Reino. Cada una de las Cortes tiene diferentes poderes y derechos concedidos, y por ello su funcionamiento es diferente.

-La Corte de Barcelona: la Ciudad Ducal tiene una Corte que se reúne todos los años en la mañana del Equinocio de Primavera. Normalmente está presidida por el Duque de la Casa Cruilles, que escucha las demandas y solicitudes del pueblo y, a cambio, les efectúa sus propias demandas, normalmente en forma de financiación. La Corte de Barcelona sirve para asegurar los derechos cedidos a los gremios, de modo que estos no sean atropellados por la nobleza. Su jurisdicción se suele limitar a los territorios de la Casa Cruilles, aunque en ocasiones lo decidido allí se ha extendido rápidamente a otras tierras.

-Las Cortes de Valladolid: las Cortes de Valladolid son convocados por el Rey cuando este lo desea, y son las más importantes. En ellas, se reúnen los tres estamentos de todo el Reino, con lo cual se envían representantes del pueblo llano, del clero y de la nobleza, que presentan sus demandas y solicitudes al Rey. A cambio, el Rey normalmente aprovecha estas Cortes para financiarse, exigiendo que le entreguen oro para poder cubrir los costes de la Corona. Son las Cortes más antiguas del reino, creadas por Alfonso III como medio de acallar el Alzamiento de las Gallinas.

-Las Cortes de Cádiz: las más recientes de las tres Cortes, son también por ello las más débiles. Se convocan sólo a petición del Rey o de alguno de los Duques, pero únicamente tienen capacidad para responder a las demandas del convocatorio, no para plantear las suyas propias.

Estas tres Cortes sirven para manejar la vertiente ascendente del poder, pues en diversas maneras transmiten las demandas de los estamentos a la alta nobleza. A cambio, y más importante, sirven para financiar a esa alta nobleza en los momentos en que las Casas se endeudan demasiado por guerras o gastos inesperados. A cambio de pagar lo que la nobleza solicita, normalmente se exige que se le transfieran distintos derechos, que pasan a formar parte de los Fueros.

Estos, en teoría, existen para todos los Condados del Reino, y afectan a esas tierras. Normalmente son negociados en las Cortes de Valladolid, o en las de Barcelona para los Condados de la Casa Cruilles. Sin embargo, a la hora de la verdad, la mayor parte de las tierras tienen unos Fueros bastante incompletos, y en ocasiones han sido pisoteados después de ser firmados, llevado a algunas revueltas.

Allá donde el pueblo ha sido necesario, o ha sabido negociar, los Fueros son colecciones de derechos conseguidos por los habitantes de alguno de los Condados, y que limitan el poder que los nobles pueden ejercer sobre ellos. Por ejemplo, es común en muchos Fueros que esté prohibido el derecho a la prima nocte, otros salvaguardan los derechos de las grandes ciudades, o la posibilidad de que los siervos compren las tierras en las que trabajan.