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lunes, 26 de diciembre de 2016

Santiago, la Ciudad Santa

La ciudad de Santiago es una ciudad santa, una de las tres de la cristiandad (detrás de Jerusalén y Roma) y a sus puertas llegan centenares de peregrinos al año, desde todos los rincones de la cristiandad, a pie o a caballo. Sin embargo, en buena medida, la ciudad de Santiago se siente como si se hubiera tranquilizado y pausado, como si con cuidado dejase ver pasar la vida de sus 100 mil almas por delante, sin prisas ni ajetreos.

El distrito del centro de la ciudad se organiza alrededor de la poderosa Catedral y la plaza del Obradoiro en la cual se centra la vida de la ciudad. El Hostal, que se encuentra en el lateral, es el edificio fortificado encargado de proteger la ciudad, pero su función principal es servir de lugar de alojamiento a muchos de los centenares de peregrinos que llegan a la ciudad y que, a menudo, no caben en la catedral. Los gremios de orfebres, especialmente los trabajadores de la plata, se distribuyen por el distrito así como numerosos hospicios y tabernas.

El otro distrito de la ciudad es el que da a la Puerta de Santiago, aunque a menudo se la llama la puerta de las conchas o de los pies ensangrentados en referencia a los peregrinos que la cruzan. Tabernas, algunos gremios, campesinos que venden sus productos en el mercado así como prostitutas y espadas de alquiler consideran este distrito como su hogar. La casa capitular de la Orden de Santiago se encuentra en este distrito, de modo que siempre es fácil ver a alguno de los caballeros descansando en el exterior o paseando por el barrio. 

Santiago es una ciudad llena de iglesias, con numerosos templos dedicados a los distintos santos o a la virgen así como también varios monasterios de las distintas órdenes religiosas. De modo que cruzarse con monje y monjas, clérigos y monaguillos resulta enormemente frecuente entre las tranquilas calles de la ciudad, casi en igualdad cantidad que los peregrinos. No es una ciudad donde la nobleza se encuentre en gran número, si se compara con otras, en buena medida  por ser una ciudad administrada por la Iglesia y no por ningún Señor nobiliario.

La ciudad se encuentra prácticamente entera construida en piedra, desde las murallas a las casas. Son edificios bajos y recios, oscuros, con tejados de madera y ventanas estrechas. Antiguos escudos adornan algunas de las casas pues este territorio jamás pasó por manos musulmanas. Los aleros y balcones de las casas protegen a los transeuntes de las lluvias frecuentes, aunque poco se puede hacer con el viento que barre a menudo la ciudad. 

Las calles de Santiago son estrechas pero suelen ser tranquilas. No es una ciudad bulliciosa ni siquiera en sus días de mercado, y aunque la población de la ciudad es numerosa raras son las prisas o los problemas en el tránsito. Dado que llueve a menudo, es una suerte que hace unas décadas se empedrasen todas las calles de la ciudad, permitiendo que la gente transite sin problemas por las mismas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La Herencia de los Dos Hermanos

El periodo conocido con este nombre es, sin duda, el primer gran reordenamiento en la Hyspania cristiana posterior a los godos. Corría el final del Año de Nuestro Señor de 890 y la Casa Jovellanos reinaba en Hyspania. Sin embargo, esas navidades, el Rey Pelayo III "El Alto" se cayó del caballo y se rompió una pierna. Lo que no debería haber pasado de eso se complicó cuando la herida se infectó, inhabilitando al gobernante entre fiebres en cama.

Su hija mayor, Helena de Jovellanos, fue la encargada de gobernar mientras su padre no podía, contando para ello con la ayuda de su marido Silvio, Conde de Bragança. Sin embargo, su hermano menor Alejandro no estaba de acuerdo y creía que debía ser él quien se encargase de gobernar el Reino.

Sin embargo, el Rey se repuso de las fiebres, aunque la herida no fue sanada nunca y, a lo largo de los dos siguientes meses se encontraba a menudo indispuesto. Durante este tiempo, sus dos hijos fueron buscando apoyos: Helena contó con la alianza del Condado de su marido, así como las tierras del sur, mientras que Alejandro lograba alistar a su lado al Conde de Coruña y al de Oviedo. Capturado en el medio, el Conde de Pontevedra se mantenía neutral, intentando navegar las aguas cada vez más complicadas de la política en la capital, que de aquellas todavía se encontraba en Santiago de Compostela.  Finalmente, el Condado de Santander se esforzaba por no verse arrastrado a ninguno de los dos bandos.

Sin embargo, con la llegada del verano, las fiebres de Pelayo III arreciaron de nuevo y lo condenaron a la cama durante semanas. Y, desde su lugar de reposo, tuvo que asistir impotente al espectáculo de como su hija e hijo armaban a sus leales y se preparaban para batirse por la Corona. Incapaz para intervenir, observó cómo el Condado de Pontevedra era transformado en el campo de batalla de continuas escaramuzas por las tropas de ambos bandos, que se enfrentaron en las rías de Vigo y Pontevedra, y por las villas de toda la zona. Había comenzado la Guerra de los Hermanos.

Tras una batalla especialmente cruenta entre ambos bandos en torno a la ciudad de Baiona, el Conde de Pontevedra, Xurxo de Tabili, acudió al Rey solicitando una solución al conflicto. Las intrigas palaciegas se sucedieron mientras los ejércitos cubrían de sangre las tierras de los Jovellanos. El punto de inflexión llegó cuando Andrés de Yñigo, Conde de Santander, acudió al Rey indicando que Eduardo de Alarcón, Duque de su Casa, estaba reuniendo sus ejércitos. Capturado ante la presión de ambos bandos, y sabiendo que había más Condes a favor de su hijo que de su hija, el Rey promulgó la Ley Sálica, garantizando la herencia de la Corona por parte de su hijo menor.

Helena y su marido Silvio se negaron a aceptar la situación y llevaron sus ejércitos para enfrentarse a su hermano Alejandro en una batalla masiva en los campos al norte de Ourense. Los dos ejércitos se enfrentaron uno contra el otro el 14 de Septiembre del Año de Nuestro Señor de 891, y los muertos fueron ingentes. Si bien la victoria fue para Alejandro, las tropas de Helena lograron inflingir tantas bajas a su oponente que fue una victoria pírrica, dejando a ambos lados prácticamente destruidos.

Así que Helena regresó al sur, a Bragança, y rompió su vasallaje para con su padre. De ese modo, el Condado se declaró independiente, y apareció el Reino de Portugal. Su hermano montó en cólera y solicitó a su padre que forzase a Helena a restablecer el vasallaje usando para ello las tropas del Rey. Sin embargo, Pelayo III murió a mediados de Octubre, y sus ejércitos nunca salieron. Alejandro se situó al frente de su Casa, pero una serie de enfermedades por parte del Cardenal de Santiago impidieron que se pudiese celebrar la coronación. A menudo, se ha dicho que estas enfermedades no fueron más que pretextos puestos por el Cardenal bajo presión del Duque Eduardo de Alarcón.

Sea como fuere, la independencia de Portugal fue inevitable, y para enero las tropas de los Alarcón comenzaban a cruzar la frontera. Las tropas de la Casa Real, junto con las pocas tropas que sobrevivían tras la Guerra de los Hermanos fueron movilizadas rápidamente para enfrentarse a los Alarcón en torno a la Guarida del Halcón, donde esperaban poder compensar la superioridad numérica del enemigo. Los Alarcón sabían de la fuerza de la fortaleza, igual que eran conscientes de que el tiempo corría de su lado, de modo que asediaron el castillo y se prepararon a esperar. Era el comienzo de la Guerra de Sucesión, aunque quizás fuese una de las guerras menos sangrientas de la historia del reino.

Durante meses, Alejandro se vio encerrado en su castillo, lejos de la Catedral donde esperaba ser coronado. Se coronó, sin embargo, en la capilla del castillo, aunque muy pocos reconocieron ese acto como legítimo. Al contrario, el Duque de Cruilles tenía muy claro de qué lado estaba la fuerza, de modo que, aunque permaneció neutral, dejó claro que no reconocía la coronación.

Casi diez meses después, sin alimentos y en fatales condiciones, Alejandro dirigió a sus tropas en un desesperado intento por romper el cerco del enemigo y huir. Fracasó. En el campo de batalla, los ejércitos se enfrentaron y las tropas Alarcón demostraron su superioridad, obligando a Alejandro a capitular.

Alejandro tuvo que aceptar la "escolta" de Eduardo de Alarcón de vuelta a Santiago, donde se sucedieron las negociaciones para la capitulación. En enero del Año de Nuestro Señor de 893, Eduardo de Alarcón se convirtió en Eduardo II "el Seguro", y la dinastía Alarcón se hizo con la Corona. A cambio, la Casa Jovellanos fue convertida en una Casa Ducal, y se forjó un acuerdo según el cual todo Duque Alarcón se casaría con la mayor de las hijas Jovellanos, acuerdo que aún hoy en día permanece.

Aún a día de hoy, en referencia a este convulso periodo, se usan expresiones del estilo de "esto es un dos hermanos", o "no te metas entre hermanos" para hacer referencia a situaciones donde se haga lo que se haga se sale perdiendo.

domingo, 21 de octubre de 2012

Historia Resumida: Jovellanos

La Casa Jovellanos se encuentra situado en el noreste de la península, y es una de las tres Casas que sobrevivieron al asalto de los musulmanes a partir del año 378. Casi cinco siglos después, fue la propia Casa Jovellanos la que dirigió el comienzo de la Reconquista, tomando para sí la Corona por primera vez en todos esos años, bajo el liderazgo de Pelayo I "El Violento".

Sin embargo, próxima a la muerte de Pelayo III "El Alto" la Casa se dividió entre los partidarios de la sucesión de su hija mayor y de su hijo menor. El conflicto estalló y las batallas se sucedieron y por mucho que hiciese el Rey, no pudo evitar que a su muerte su hija se llevase una parte de sus tierras para formar con su marido Portugal. Y que su hijo nunca llegase a ser coronado. Con aproximadamente la mitad de su territorio perdido, sus tropas diezmadas y sus fortalezas dañadas se vieron incapaces de detener la presión de la Casa Alarcón para hacerse con la Corona, y así su Duque fue Coronado Eduardo II "El Seguro". La época dorada Jovellanos llegaba así a su final.

Tras la pérdida de la Corona, la Casa Jovellanos se fue lentamente encerrando en sí misma y en sus tierras, con numerosos conflictos internos debidos a la falta de un liderazgo claro y sólido. Retiraron la Corona que había en su escudo de armas, e introdujeron las cadenas, a medida que la extensión de la Casa Alarcón y de Portugal dejaba fuera de la Reconquista a los Jovellanos. Así pues, se dedicaron a fortificarse en sus tierras, y desarrollar técnicas y tácticas militares defensivas.

Fue en el año 961 cuando se encontró en la costa el Sepulcro de Santiago, o eso reza la leyenda. A partir de entonces, los Jovellanos se fueron haciendo cada vez más devotos, y muchos de ellos juraban por sus vidas defender el Santo Sepulcro hasta sus propias muertes. Su escudo de armas se transformó en el actual, y cedieron gran parte de las tierras en torno a Santiago a la Iglesia, que estableció la Archidiócesis de Santiago, una amplia zona de tierras en propiedad directa de la Iglesia para que ellos administren y manejen. Desde entonces, los Jovellanos han permanecido en sus tierras, asegurando la seguridad de Santiago, pasase lo que pasase.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Personaje: Juan de Jovellanos

Juan de Jovellanos (Xoan entre los miembros de su Casa) nació un raro día soleado de diciembre del año 1235, hermano pequeño del actual Duque de la Casa Manuel de Jovellanos. Al ser el tercer hermano, su destino pronto estuvo vinculado a la guerra y la religión, pues sabía desde pequeño que le correspondería unirse a las órdenes militares. En su caso, como miembro de la Casa Jovellanos, a la Orden de Santiago.

Sin embargo, no era un destino que le gustase. Él quería coger la espada y olvidar la religión, ser un guerrero sin más consideraciones que eliminar a los musulmanes que todavía ocupaban Granada. Así fue que a los trece años huyó de casa con destino al sur. Quería unirse a algún caballero como escudero, a algún noble Alba que lo llevase a la guerra. Y, en cierto modo, así fue.

Leonardo de Alba era uno de los primos distantes del Duque de su Casa, y se sorprendió de ver al joven vagar sin rumbo con sus buenas ropas y portando una espada. Había llegado hasta Córdoba escondiéndose y viajando por las noches, cazando cuando podía y pasando hambre cuando no. Leonardo lo tomó como una señal divina que hubiese logrado evitar a bandidos y demás ralea que poblaba la campiña de Hyspania, y lo tomó bajo su ala, no sin antes avisar a su padre por carta.

Durante los siguientes años, Juan fue el escudero de Leonardo, que le enseñó las formas adecuadas para un caballero tanto en la guerra como fuera de ella. No era un hombre culto ni civilizado, pero enseñó al joven a matar, a sobrevivir, y a rezar. Irónicamente, no fueron las lecciones de su madre las que llevaron a Juan a la Iglesia, sino la verdadera fe de Leonardo en que había sido un milagro que llegase sano y salvo hasta él, habiendo atravesado toda la península.

A los dieciocho años, Juan se armó caballero según el rito de la Casa de Alba, y aún permaneció con ellos hasta los veinticuatro años. Luchó en numerosas escaramuzas y batallas algo mayores, y mató a numerosos infieles, e incluso a algún cristiano que osó desafiarlo. Sin embargo, en su vigesimocuarto cumpleaños, su hermano Manuel se presentó en Córdoba. Tuvieron una agitada discusión sobre el deber y la fe, sobre el servicio y la Casa. Y otra cada día durante la siguiente semana. Al final, Ambos regresaron juntos al norte.

Así fue como, en navidades de 1259, Juan se unía a la Orden de Santiago. Desde entonces, y durante muchos años, ha servido en ella. Aunque la vida en el interior de la misma no le gusta demasiado, de modo que probablemente es uno de los caballeros que más patrullas por los caminos ha hecho. Así fue como conoció en 1262 a Laura de Osuna, hermana del Conde de Coruña, con la que contraería matrimonio dos años más tarde. Ella se mudó a vivir con él en una casa mucho más humilde al castillo del Conde al que estaba habituada, y desde entonces ha servido para mantenerlo centrado en sus deberes como miembro de la Orden y de su Casa.

Sirvió en su Orden con honor y deber, eso nadie lo duda, y finalmente en 1281 fue nombrado Maestre de la misma. Algunos sugieren que se debe a su posición familiar y no a su habilidad o deber, pero él siempre lo niega. Tampoco es un título que le guste demasiado. Pero le dio la ocasión de dirigir una unidad de caballeros durante la conquista de Granada, algo que considera probablemente el momento más importante de su vida, junto con los correspondientes momentos clave familiares.

Desde entonces ha tenido una vida más tranquila. Se considera un caballero más que un político o un hombre de fe. Por eso le sorprendió enormemente que su hermano lo nombrase el miembro de su Casa que ocupase el asiento de Secretario Real a finales de 1293. Así que se ha trasladado a Toledo con su familia, dispuesto a cumplir con su deber gracias a la guía de su esposa.

Aspecto: Juan es un hombre grande, de anchas espaldas y brazos fuertes. Su cara está morena por la gran cantidad de tiempo que pasa al aire libre cabalgando por las carreteras del Camino de Santiago, y sus manos están curtidas por el uso de la espada. Sin embargo, los años no pasan en balde, de modo que su cara está surcada por arrugas y su pelo escasea y se encuentra mayoritariamente encanecido, cortado corto para no estorbar bajo el casco. Sus ojos son de un tono azul oscuro, y se asoman por encima de una nariz aguileña, observando el mundo alrededor como si siempre estuviese en el campo de batalla.

Status: 8, como corresponde a un miembro del Concilio del Rey.

Personalidad: Juan se ve a si mismo como un soldado, y es una buena apreciación. Se comporta como se espera de un Caballero, con obediencia y sin apego a los bienes físicos, pero con la marcialidad que ha aprendido de los Alba. Raramente parece decidir definitivamente por un asunto que no sea marcial, y muchos le consideran el epítome del no saberse si se sube o se baja.

Virtud: Lealtad

Vicio: Rebeldía

Política:
Juan sabe que la política no es lo suyo, pero que su hermano lo necesita en su actual posición: debe ser los oídos y los ojos de los Jovellanos en la corte y en Toledo. Debe vigilar los movimientos de tropas, los despliegues, los conflictos, porque los ejércitos se mueven y él es el mejor para vigilarlo. Y la red de Caballeros de Santiago lo mantienen puntualmente informado de todo lo que ven.

Familia Relevante:
-Laura de Osuna: su esposa, de 41 años, es la única persona capaz de mantenerlo centrado en sus deberes y posición, y muchos la consideran una de las damas más inteligentes e influyentes de Hyspania.
 -Ana de Jovellanos: su hija mayor, de 29 años, es la esposa del Conde de Pontevedra, y muchos la consideran la viva imagen de su madre.
-Felipe de Jovellanos: su segundo hijo, de 27 años, no va a heredar mucho, de modo que se esperaba que se esforzase para lograr algo por si mismo. Sin embargo, no parece que ese vaya a ser el camino que tome, y sus riñas con sus padres son numerosas por eso.

domingo, 22 de julio de 2012

Escuela de Lucha Jovellanos

Los Jovellanos son conocidos por muchas cosas: su fé, la fuerza de sus familias, su influencia en la Iglesia, sus masivas fortalezas... y otra cosa por la que son famosos son sus armadureros, considerados de los mejores de toda Hyspania. No sólo son los primeros en implementar las innovaciones europeas, traídas por el Camino de Santiago, sino que además son inventivos y han desarrollado ellos mismos sus propias innovaciones y cambios que luego se han ido extendiendo por toda la Cristiandad.

Es por ello poco sorprendente que el estilo de lucha conocido como "La Roca" se base precisamente en estas innovaciones. Muchos consideran que la escuela de lucha Jovellanos es burdo y poco sofisticado. Creen que se basa en estar de pie quieto, recibir golpes, y responder con brutalidad. Una falta completa de habilidad, que sólo tiene sentido gracias a la calidad de las armaduras que visten.

 Sin embargo, aquellos que lo conocen bien, saben que esta es una percepción errónea y superficial. La Roca se basa en interpretar por dónde va a llegar el impacto enemigo, y responder en consecuencia. Conociendo bien la armadura que uno porta, puedes colocarte de modo que aumentes las probabilidades que el golpe sea deflectado y rebote sin producir daño, de modo que el usuario se encuentre a salvo. Y, cuando el enemigo se encuentre desequilibrado por lanzar el golpe, responder con contundencia.

Para esto, lo normal en los Jovellanos es el uso de armas fuertes y poderosas: mazas y hachas en caso de que vayan a llevar escudo, espadas a dos manos y mayales en caso de no desear llevarlo. Esto se debe a que conocen bien la capacidad de las armaduras enemigas para resistir el daño, de modo que buscan armas que sean eficaces para penetrarlas o incluso romperlas en lugares estratégicos.

viernes, 4 de mayo de 2012

La Familia Para los Jovellanos

La mayoría de las familias nobiliarias de Hyspania ven la familia con cierta distancia: los matrimonios son cuestión de política, los hijos son educados por matronas y profesores de esgrima, etc. Por ello, los lazos afectivos son más bien escasos y débiles y no se le presta gran importancia a la familia, importando más cuestiones como las apariencias, el honor, el deber, o la Casa.

Sin embargo, los Jovellanos son diferentes en esto, y valoran enormemente la familia. Aunque los matrimonios siguen siendo una cuestión de política, se esfuerzan por construir vínculos con sus parejas que aunque no sean necesariamente de amor, si sean más que un simple trato y conocimiento mutuo. Así, por ejemplo, es habitual las comidas en familia, a las que normalmente se invita únicamente a los miembros de la misma.

Esto ha llevado a la práctica habitual en las reuniones de los Jovellanos de la existencia de dos ámbitos, el familiar y el externo. Usando el mismo ejemplo de las comidas, lo habitual es que en un salón coma la familia, mientras en uno adyacente comen los miembros nobles a los que normalmente se honraría con la presencia en la mesa normal, las damas de compañía, etc. Mucha gente, poco habituada a las costumbres Jovellanos, se toma este tipo de separaciones como un insulto, pero para los Jovellanos comer en la sala adyacente es todo el honor que pueden hacer a un miembro que no es de la familia.

Por tanto, en todo lo que respecta a la política en los feudos Jovellanos, se establecen dos niveles: el familiar y el público. No sólo el Señor tiene una familia que cuente, por supuesto, sino que a menudo los propios caballeros, o los hijos casados, establecen sus propios círculos familiares donde contar historias y establecer vínculos. Es lo normal, al menos para ellos.

lunes, 2 de abril de 2012

Castillos: Jovellanos

Los castillos de la Casa Jovellanos son los más antiguos y poderosos de Hyspania y son considerados por la mayor parte de los maestros arquitectos como los ejemplos a seguir para alcanzar una fortaleza inexpugnable.

La mayor parte se encuentran situados en altos montañosos con pasos angostos para alcanzarlos. A su alrededor se cortan todos los árboles, de modo que se pueda vigilar sin problemas la zona circundante desde sus murallas. Desde sus posiciones estratégicas, normalmente vigilan todo el feudo desde una respetable distancia, y suelen por ello contar con numerosas instalaciones en su interior debido a la relativa lejanía de las villas: herreros, una capilla, establos y barracones son los edificios más habituales. Todos estos edificios suelen contar con unos amplios soportales techados frente a ellos, que resguardan a la gente de las frecuentes lluvias de estas tierras.

Arquitectónicamente, los castillos son clásicos, con murallas que buscan ser cuadradas con una torre en cada esquina y una única entrada fortificada. Construidos con la buena piedra de la zona, sus murallas son gruesas y las almenas son cuadradas y altas. Normalmente, la puerta fortificada cuenta con un rastrillo de hierro o madera, pero no suele contar con puente levadizo porque es raro que estos castillos tengan fosos debido a lo complicado que es cavar el suelo en el que se asientan.

El edificio principal, en el centro del patio, suele ser otra fortaleza en si mismo. Las paredes exteriores son igualmente gruesas y se encuentran salpicadas de ventanas muy estrechas que se pueden usar como troneras para disparar flechas con seguridad. El interior está compuesto por pasillos igualmente estrechos de modo que los atacantes tengan que entrar de uno en uno o dos como mucho, facilitando la defensa de los mismos por parte de pocos hombres. Los salones y salas suelen ser más pequeños que en castillos más modernos, ocupados normalmente por los muebles necesarios y pocas decoraciones, dando unas habitaciones bastante austeras incluso en las Casas donde hay riqueza de sobra. Los hogares son de piedra, y suelen calentar las plantas que compone el edificio central (normalmente dos).

Finalmente, sobre el edificio principal se eleva la quinta torre, la torre del homenaje. Esta suele contar con dos plantas más que el resto del edificio principal, sobresaliendo por encima de las demás torres. Su función más habitual es servir como los aposentos del Señor y su familia, junto con sus salones privados. Es muy habitual que en los tiempos lluviosos, la familia se reúna en estos salones para pasar el tiempo contando historias y jugando, en lugar de descender al resto del castillo que se suele dejar para que se guarnezcan de la lluvia los caballeros dignos de ello.

El castillo más célebre de todos es la Guarida do Falcón, el castillo de referencia en Hyspania desde que los romanos pusieron sus cimientos. Vigilando el Paso Sur del Macizo Galaico, fue usado como defensa contra las tribus celtas todavía sin pacificar durante muchos años. Desde entonces, ha visto reforma sobre reforma, ampliando sus posiciones defensivas e introduciendo las novedades que se iban inventando.

Se alza en un pico escarpado, sobre un barranco que permite vigilar el paso desde la altura. Sus murallas de piedra gris oscura, casi negra, se alzan diez metros sobre el nivel de los cimientos, y las torres otros cinco metros por encima de ello. Sus almenas cuadradas recorren una muralla que, aunque busca ser lo más cuadrada posible, acaba teniendo cinco lados debido a la configuración del terreno. Son piedras pesadas y grandes, de bordes redondeados suaves y pulidos debido a siglos de exposición a la lluvia y al viento. El edificio principal es cuadrado, con tres plantas más otras tres para las dos torres centrales, y carece de cualquier tipo de decoración. En el patio se puede encontrar una herrería y unos barracones, igual que la Capilla de Nuestra Señora del Halcón, donde se supone que la virgen se apareció a un Pretor romano cuando comenzaba la cristianización del antiguo Imperio.

Este castillo es propiedad del Duque, aunque se encuentra fuera de sus tierras. Normalmente lo cuida la Familia Xiráldez, una Casa muy menor encargada de mantenerlo funcionando y en buen estado de reparación. Ellos habitan una de las torres, mientras que la otra es dejada para el Duque y su familia cuando vienen de visita. Es importante mencionar que en diversos puntos de la Guarida es posible encontrar nidos de halcón, sobretodo en las torres, porque está prohibido cazarlos o amaestrarlos en todo el territorio.

domingo, 5 de junio de 2011

Relato: La Balsa de Piedra

Ven, siéntate conmigo, jovencito. Aquí, en esta gruta, al menos podremos resguardarnos de la que está cayendo ahí fuera. ¡Hay que ver como llueve aquí al norte! Al menos estaremos a salvo de la Santa Compaña, seguro que ni ellos caminan en noches como esta.

¡Ja! Ya, si, ya veo en tus ojos que estarías dispuesto a salir ahora mismo a enfrentarte con los enlutados, pero permite un consejo de un caballero veterano a uno que aún no es caballero: hay enemigos más importantes que los fantasmas que campan por nuestros bosques y montañas y las mouras en sus peñas y lagos. Sienta, y déjame contarte la historia que has oído un millón de veces. Con suerte eso saca las jilipolleces de tu mente y hace que no nos metas en líos.

Cuentan las leyendas que ocurrió hace más de tres siglos, en torno al año 900 de Nuestro Señor, quizás un poco más tarde. Ya se sabe que con las jodidas historias, la precisión es lo de menos. ¡Je! Toma, echa un trago y enciende una hoguera, anda, que hace un frío de cojones.

Bueno, como decía, por aquel entonces la Casa Jovellanos era un jodido caos. Divididos tras la guerra civil, nuestra Corona robada por los Alarcón, nuestros nobles enfrentados unos a otros y sin claro liderazgo ni propósito. Era un momento oscuro, joven, más que esta noche. Faltaba poco para que una nueva guerra civil nos dividiese y enfrentase unos a otros, lo cual sólo empeoraba porque los jodidos moros ya no tenían frontera con nosotros y ya no podíamos expandirnos como hacían los demás. Un momento puto, puto, jovencito.

Pues eso, que estábamos que nos matábamos unos a otros, y el párroco de Santiago se fue a la que entonces era su pequeña iglesia a rezar por un milagro. Dios, en su infinita sabiduría, lo escuchó y así comienza nuestra historia. ¡Ah, al fin tenemos fuego, ya era hora! ¡Je, je, je!

Bueno, resulta que un pequeño campesino entró corriendo en la iglesia esa misma mañana, todo congestionado. Hablaba sin parar, sin mucho sentido, y le contó al cura que habían encontrado una cosa jodidamente extraña, incomprensible. El padre, llamado Xosé de Guzmán, acompañó al campesino molesto por la interrupción; era un hombre devoto, al fin y al cabo, y no le gustaba cortar su diálogo con Dios. Pero lo hizo, ya que ese era su rebaño, y era su deber. Cosas importantes, sin duda.

Caminaron todo el día, mientras el campesino le contaba como en la orilla habían encontrado una roca muy rara, como ninguna que hubiese visto. La había traído el mar, y todo el mundo sabe que las mareas no traen piedras, y menos de ese tamaño. El párroco no entendía una puta mierda, y menos cuando al anochecer había llegado a la playa. Allí, en el medio de una multitud de campesinos y pescadores temerosos y supersticiosos, había un enorme pedrusco. Joder, debía ser de un metro y medio de largo, quizás más, y medio de ancho. Todo cubierto de algas, como si hubiese estado mucho tiempo en el fondo del mar. Imaginate una de esas jodidas piedras antiguas que hay por los bosques, ya sabes, las que los predecesores de los romanos usaban para comunicarse con el Diablo, e imagina que eso lo ha traido la marea. Ya te lo digo, es jodidamente imposible.

Así que Xosé se quedó mirando la extraña piedra durante buena parte de la noche, mientras los campesinos le contaban que un sueño había llevado a dos niños y dos niñas allí la tarde anterior, y al ver lo que encontraron habían avisado a los viejos de la villa. El párroco estuvo en la playa incluso cuando todos los demás se retiraron a dormir, por mucho sueño que sintiese. No fue hasta pasada la medianoche que una visión le dijo que debía llevarla de vuelta a su pequeña iglesia en el campo de las estrellas, y que estas le guiarían.

Por supuesto el cura no entendió qué tenían que ver las estrellas con la jodida piedra, pero tenía muy claro que no iba a ignorar un mensaje divino. Así que, a la mañana siguiente, pagó de su pequeño bolsillo el alquiler de uno de los carros del pueblo y a varios de los campesinos para que le llevasen la roca al campo frente a la ciudad, donde esperaba la iluminación. Pero ella no llegó cuando llegaron al campo al anochecer siguiente, ni el de después, ni el que siguió. Ya sabes que las cosas buenas se hacen esperar, y el padre Xosé tenía paciencia. Y, más importante, tenía fe. Así fue como, a la cuarta noche, la luz de la luna y las estrellas le iluminó una grieta que él no había visto. La recorrió con los dedos, y notó como cubría todo el canto de la piedra a su alrededor. ¡No era una roca, eran dos unidas! Con frenesí comenzó a tirar las algas con todas sus fuerzas, y aunque estaban agarradas con tenacidad, lentamente comenzó a retirarlas. Luego intentó separar ambas partes, pero fue incapaz y debió esperar a que llegara la mañana y pudiese avisar a los campesinos del área y a los nobles que por entonces poseían aquellas tierras.

Pero los nobles se preparaban para una batalla contra sus vecinos y sólo los campesinos acudieron a su llamada. Con fuerza y tenacidad separaron ambas partes para descubrir que no era una roca sino un ataud de piedra. En su interior, perfectamente preservado, había un cuerpo de un hombre pequeño y fibroso. Su cabeza estaba separada del cuerpo y colocada sobre el pecho, rodeada por tres conchas diferentes, de las que hoy día usan los peregrinos. ¡Era un extraño portento, desde luego!

Llevaron el cuerpo a la iglesia de Compostela, donde lo guardaron a buen recaudo. No entendían como podía no haberse producido ninguna señal de podredumbre pese a que claramente llevaba mucho tiempo bajo el mar. La voz corrió lejos, e incluso los nobles que planeaban sus putas guerras las dejaron de lado para ir a ver el milagro del cuerpo incorrupto. Todo pareció detenerse mientras durante días el párroco Xosé estudiaba las Sagradas Escrituras para entender qué pasaba. Si, si, gracias por el queso, ¡pero no cortes mi historia! Bueno, como decía, estudió mucho tiempo lo que tenía delante; por lo menos una semana o dos, y todo el mundo esperaba. Al final, encontró el pasaje. Las señales en un sueño se lo indicaron y todo estaba claro. ¡Aquel era el cuerpo de Santiago el Mayor, o el Apóstol, que había estado con nuestro señor Jesucristo durante tanto tiempo! Todo el mundo se dividió ante el milagro, unos aceptándolo rápidamente y otros diciendo que era un cuerpo sacado de alguna tumba reciente y montado para parecer antiguo e impoluto. El Papado envió un experto en evaluar milagros, si es que nosotros putos mortales podemos analizar algo así, pero tardaría en llegar. Y, mientras tanto, el cuerpo seguía sin corromperse en absoluto, completamente resistente al tiempo y al clima.

El punto clave se dio cuando, enterados de su llegada, los musulmanes lanzaron un ataque contra Santiago aquel otoño. Algunos dicen que lo hicieron simplemente porque nuestra Casa estaba débil a base de luchas intestinas, pero los que de verdad creemos en Él sabemos que lo hicieron porque tenían verdadero miedo de Santiago Matamoros. El asalto fue grande, varios millares de musulmanes a caballo y armados perfectamente, y requirió de la reunión de muchas de las Casas vasallas de los Jovellanos para derrotarlos. Cientos de caballeros cayeron en combate por ambos lados en una carnicería antes de que los jodidos moros fueran expulsados de vuelta al puto sur. Eso fue la señal que hacía falta, porque en medio de la batalla se vio el caballo blanco y al jinete imbatible. ¡Santiago cabalgaba con nosotros al combate!

El resto, como se dice habitualmente, es puta historia. La catedral, las tierras cedidas a la Iglesia, la santificación de todo, el Xacobeo... Lo que importa, joven, es que ahora sabemos cual es nuestra misión. Igual que entonces nos unimos para derrotar a los musulmanes, ahora lo hacemos si alguien amenaza la fe. Es cierto que el resto del tiempo nos peleamos y tenemos problemas, pero cuando Santiago está en la ecuación todo deja de importar. Todos somos caballeros ante él, al fin y al cabo. Y eso no debes olvidarlo nunca, porque nosotros somos Sus elegidos, y debemos siempre estar listos para su llamada.

Ni Santa Compaña, ni perder la vida en putas peleas de taberna, si haces cualquier jilipollez que impida que el día que importe puedas luchar, Le habrás fallado. Todos nosotros somos llamados a Su servicio antes o después en nuestras vidas, es nuestro destino. Quienes no están listos entonces están eternamente condenados al infierno, porque habrán fallado en su momento de Llamada. ¡Así que entrena y espera a que Él te reclame a filas! Y ahora venga, recoge todo esto, que parece que finalmente para de llover y podremos llegar a la torre antes de medianoche.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Los Santos Patrones

Cada una de las Casas tiene escogido un santo patrón desde tiempos de su fundación, que los guía y protege, y para el cual tienen una gran festividad en la cual celebran su protección de diferentes maneras.

Jovellanos:
Sin sorpresas, el patrón de la Casa de Jovellanos es Santiago Apóstol, también llamado Santiago el Mayor, cuyo festivo es el 25 de Julio. Durante su celebración, los Jovellanos se reúnen en la catedral de la ciudad y ofrecen una gran misa en su honor. Después, los señores se reúnen en la Plaza do Obradoiro y celebran un gran banquete común, donde todos festejan en honor al Santo, y los villanos hacen lo mismo en la campiña que rodea a la ciudad. Tras la comida, sale una gran procesión solemne y silenciosa, sólo interrumpida por los cantos de los monjes que acompañan a la figura del Santo. Por su parte, los jóvenes que están listos para convertirse en caballeros hacen vigilia en su catedral durante toda la noche, meditando sobre su futuro, y la vida y obra del Apóstol.

Alarcón:
San Alfonso VI, considerado como el más pío de los reyes Alarcón y canonizado por la Iglesia casi un siglo después de su muerte; se celebra el día de su muerte, el 14 de Noviembre. Durante su celebración, junto a los festejos a menudo se realizan pequeños ejercicios militares que permiten mantener a los ejércitos entrenados y constituyen un colorido entretenimiento para todos. Estos festejos terminan con una misa en la cual se renueva el juramento de vasallaje de todos los campesinos hacia sus señores, y de los señores hacia sus superiores. Cuentan que, desde el ascenso de la Casa de Medinaceli, el Duque Alarcón siempre parece atragantarse cuando renueva su vasallaje hacia el Rey, lo cual ha causado algunos conflictos diplomáticos menores.

Cruilles:
El patrón de los Cruilles es San Jorge, el cazador del dragón, cuyo festivo es el día 23 de Abril. Durante su festivo, los distintos feudos organizan juegos que ponen a prueba la pericia de los participantes, y el Duque normalmente convoca un torneo para sus vasallos donde los caballeros demuestran ser dignos del legado del Santo. A menudo los nuevos caballeros aprovechan estas justas y pruebas para comenzar a labrarse un nombre, bajo la guía del santo patrón. También es un día en que los gremios cierran, pero dedican mucho tiempo a preparar diferentes acuerdos entre sí y se preparan tratados y envíos de materiales que mantendrán a los gremios unidos y avanzando durante mucho tiempo tras la celebración de San Jorge.

Medinaceli:
San Gregorio Magno, patrón de los sabios, es también el de la Casa de Medinaceli. Sus festejos, el 2 de Septiembre, se celebran en Toledo y son festivales enormes en los cuales además de comer y beber, el pueblo y los nobles se juntan para escuchar las palabras de los oradores, los teólogos y los universitarios. Tras ellos hablan a menudo muchos nobles, sobretodo jóvenes, que quieren exponer cómo creen que debería avanzar la Casa en el futuro, y demuestran sus habilidades como diplomáticos y capaces de grandes discursos. Finalmente, con el final de la tarde, el Rey se dirige al propio pueblo desde un lugar claramente visible a las masas, y habla largamente acerca del año pasado y el año que seguirá, y lo que ello implicará para los nobles y para el pueblo.

Alba:
San Enrique es el patrón de la Casa de Alba, un emperador de hace dos siglos en el Sacro Imperio Romano Germano renombrado por su habilidad como guerrero y su fé. Su festividad es el día 13 de Julio, y durante ella las diferentes Casas nobiliarias celebran primero una muy importante misa en sus iglesias, durante la cual hacen importantes donaciones a la Iglesia para fortalecer la fé en sus tierras; después reproducen las batallas contra los musulmanes de modo festivo, celebrando así la victoria que les ha dado las tierras que ahora tienen. Sin embargo, junto a la adoración a San Enrique, en las tierras Alba también está muy extendida la adoración de la Virgen, en sus múltiples formas, para la cual se celebran enormes festejos y misas que rivalizan con los dedicados a San Enrique. Esto ocurre, sin embargo, en diferentes fechas, según a qué virgen hayan escogido adorar en cada uno de los feudos. Normalmente, la forma tradicional de las mismas son las procesiones en honor a la virgen, más un festejo que un acto solemne.

Olivares:
San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, es también el patrón de la Casa Olivares. Sus festejos, el 15 de Mayo, celebran el final de la siembra y solicitan la ayuda del patrón para el crecimiento y florecimiento de esa cosecha que deberán recolectar en verano y otoño. Es un día en el que nadie trabaja, sino que se dan a la fiesta y se entretienen, mientras atienden a los curas que van visitando cada una de las granjas para solicitar la bendición de Isidro en esas tierras.

Musoles:
La Virgen del Carmen, patrona y protectora de navegantes y marineros, es la patrona de la Casa de Musoles, y se celebra el 16 de Julio. Sus festividades se celebran siempre en la costa de las islas, y son festejos a menudo mirados con cierta preocupación por la Iglesia por "excesivamente paganos", ya que en ellos no se celebra una misa formal (aunque numerosos párrocos hablan en las playas), sino que la gente de modo más individual va y hace pequeñas ofrendas que lanzan a las olas. Está considerado como de muy buena suerte encontrar una de estas ofrendas cuando, a menudo, son traídas de vuelta por las mareas a lo largo de los días y meses siguientes.

Junto a estos grandes patrones y festejos de las Grandes Casas, se celebran muchos otros santos y patrones. Primero los específicos de las Casas concretas señoras del feudo, a veces santos locales, a veces otros santos de importancia pero que no han sido escogidos por las Ducales. Además, hay santos específicos que son celebrados en muchas zonas (por ejemplo, a San Isidro Labrador lo festejan en casi toda Hyspania los campesinos, aunque de modos más tradicionales). También la Virgen es adorada en muchas zonas, en especial en el sur, y en sus numerosas encarnaciones se le celebran misas especiales, días de festejo, y peregrinaciones.

martes, 28 de diciembre de 2010

El Camino de Santiago

Extendiéndose desde la ciudad de Santiago a través de todo el norte de Hyspania y hasta el interior de Portugal y Francia, el Camino de Santiago es una de las principales vías de peregrinación de toda la Cristiandad, junto a los caminos que llevan al Vaticano y las complicadas rutas de peregrinación hacia Jerusalén.

Es un largo entramado de carreteras romanas mantenidas en el mejor estado posible, y que cuentan con numerosas posadas, postas y hospedajes a lo largo del camino. A lo largo de la vía, los Caballeros de la Orden de Santiago patrullan y tratan de asegurarse de que los bandidos y asaltantes permanecen fuera de las vías de los peregrinos, con menor éxito del que muchos desearían. Esto permite a los caballeros entrar en feudos de las Casas de Alarcón y Cruilles sin demasiados problemas ni preguntas, lo cual muchos dicen que usan para su propio beneficio.

En cualquier caso, el Camino está siempre lleno de peregrinos que recorren los cientos de kilómetros para llegar al Santo Sepulcro. Con ello, una vez llegados a Santiago, reciben la bendición del Cardenal que oficia desde allí, y que extiende una bula papal a todos los que han viajado hasta allí cumpliendo los requisitos del Camino. Esta bula permite que se reduzca la pena en el Infierno en 1000 años para aquellos que hayan cometido graves pecados, y limpia a aquellos que no hayan cometido más que pecados ligeros.

Una vez cada cuatro años (el próximo en 1294) se produce el Año Jacobeo, durante el cual la peregrinación es especialmente importante. A parte de las celebraciones y las numerosas misas realizadas por el Cardenal, la bula extendida en este año perdona todos los pecados, sin importar su gravedad, lo cual hace que en esos años las rutas de peregrinación estén más llenas que nunca, y las posadas estén llenas y sea complicado obtener alojamiento.

En su conjunto, el Camino es una importante fuente de ingresos para los nobles que son dueños de las tierras por donde pasa; también es fuente de influencia eclesiástica para la catedral de Santiago, la más importante de Hyspania, pues la cantidad de feligreses que acuden a adorar y a donar dinero a la catedral es la mayor de todo el reino. Pero es también una enorme fuente de noticias de lo que ocurre por toda Hyspania y más allá, pues numerosos son los trovadores y juglares que viajan de un lado a otro cargando sus poemas y sus noticias de lo que ven y oyen, e intercambiándolas en las diferentes localidades por alimento, alojamiento, y pequeños pagos.

domingo, 1 de agosto de 2010

Relato: La Fuerza de la Piedra

Elevada entre los picos del Paso del Sur, en el Macizo Galaico, hay una fortaleza. Construida hace casi doscientos años, observa el mundo con tranquila y sólida paciencia, desde su incomparable altura. Dicen que ella es la más antigua, alta de todas, y la más inexpugnable, pero ella simplemente espera. A qué, nadie lo sabe.

Manuel de Jovellanos la estaba inspeccionando, aunque era más un tranquilo reencuentro entre viejos amigos. Hacía muchos años que se conocían, y sus reencuentros siempre conmovían algo en el tranquilo corazón del Duque. Le recordaba que todavía quedaba algo de su época vivo, cuando la mayor parte ya habían ido reencontrándose con Dios por enfermedad, guerra o simple vejez. Pero ella, la incomparable Guarida do Falcón, siempre lo recibía con su tranquila amistad.

Pero esa tranquila comunión entre ambos se vio rota por la acción humana cuando un sirviente de la Casa abrió la escotilla de la torre para entregarle un mensaje. Una llamada del Rey.

A solas, el Señor de la Casa Jovellanos leyó con calma el texto, permitiendo que su sirviente se retirase. La llamada era pronta, y habría mucho que preparar para mover a todos los caballeros hasta allí, pero había tiempo para avisar al Chambelán. Lo que le importaba era lo que ocurriría entre bastidores, lejos de la arena donde los caballeros medirían su habilidad para mayor solaz de nobles y damas. Y "El Viejo Pálido" era, tras tantos años, un maestro preparándose para los encuentros.

Los Alba necesitaban un enemigo exterior para eliminar las posibles sediciones; los Cruilles querrían cambiar su destino reciente y volver a crecer, temiendo decaer como los Alarcón; estos, por su parte, simplemente querrían no ser destruidos más; y los Medinaceli querrían consolidar la paz en el Reino y buscar mantener la paz y solidez. Los jóvenes eran fáciles de leer, por mucho que se creyesen maestros de sus artes.

Pero, tras tantos años, él tampoco tenía sorpresas, como no los tenía la Guarida do Falcón. Ella, como él, simplemente eran eficaces en su misión, pero hacía tiempo que habían mostrado ya sus cartas. Ahora jugaban con ellas como mejor podían. Y eso era lo que ocurriría en verano, desde luego. Él acudiría allí y observaría, los vería a todos maquinar y jugar, y leería sus movimientos como siempre hacía. Entonces actuaría.

Como la sólida fortaleza, que actúa tan pronto el enemigo se encuentra frente a sus murallas, él actuaría cuando viese ocasión. Lo único que importaba era mantener seguro a Santiago Apóstol, del resto se ocuparía el Señor Todopoderoso... y su propia habilidad.

sábado, 31 de julio de 2010

Poder: Jovellanos

El poder que todo el mundo asocia con esta Casa son sus altas fortalezas, los pasos de montañas fáciles de defender, y las tropas entrenadas para hostigar y resistir al enemigo. Incluso sus tierras más en las llanuras, como son las del Ducado en León, se encuentran fuertemente protegidas por una red de castillos, torres y otras instalaciones defensivas listas para ser usadas en caso de necesidad.

Sin embargo, por detrás y menos visible, lo cierto es que la Casa Jovellanos es también la Casa con mayor influencia dentro de la Iglesia. El Arzobispo de Santiago es el segundo más importante en el Reino, y el Arzobispado de Santiago es segundo sólo por detrás del de Toledo. Por no mencionar que tiene a la orden de caballería de los Caballeros de Santiago, y la enorme influencia del Camino de Santiago, especialmente en los años santos.

Personaje: Manuel de Jovellanos

El mayor de los Duques, Manuel de Jovellanos nació un lluvioso abril de 1227, mientras su madre se encontraba de paseo por el interior de las tierras de la Casa. En la ciudad de Lugo, Manuel vio la luz por primera vez, hijo mayor de su Casa y, por tanto, heredero legítimo del título de Duque. Nacido en el seno de una familia más unida que la mayoría y que prestaba más atención a sus vástagos que las demás, Manuel fue un joven tranquilo y fervoroso, digno representante de su Casa.

Como era tradición, a los diecinueve años contrajo matrimonio con una Alarcón, Elvira, y ella rápidamente le dio el primero de sus hijos. Mientras tanto, él aprendía las artes del gobierno, y la defensa de sus tierras contra enemigos exteriores. Le fascinaron las fortalezas que su Casa había construido en las montañas y en torno a las ciudades, y desde joven hizo de mecenas de varios famosos arquitectos y constructores. Con su apoyo, dedicó muchos años a la construcción de ermitas y pequeñas iglesias por todas las tierras de su Ducado, a menudo como regalo a las familias menores vasallas.

Sin embargo, con el nacimiento de su tercer hijo se centró de nuevo en las tareas de gobierno, especialmente a medida que el envejecimiento de su padre lo retiraba más de la Corte. Tuvo que ver como la senilidad de su padre lentamente lo incapacitaba con el paso de muchos años, y eso es algo que lo fortaleció y dañó a partes iguales.

En cualquier caso, a partir de los treinta años Manuel de Jovellanos ya se encargaba del funcionamiento diario de su Casa y cinco años después, a medida que la memoria de su padre se desvanecía, ya se encargaba de todo menos de los actos públicos. Entonces sufrió su segundo revés, cuando la peste se llevó a su mujer. Nunca se ha vuelto a casar, ni ha mostrado interés en ello, pero ha cuidado a sus tres hijos como si en ello le fuera la vida.

Desde entonces, su familia y la Casa (ambas cosas que ve como la misma) han sido su prioridad, y ha participado en numerosas relaciones diplomáticas bien para asegurar la posición de su Casa, bien para intentar mantener el Reino en paz. Por tanto, ha actuado en muchas ocasiones como aliado de los Medinaceli, pero también mantiene la alianza con los Alarcón, y ambas Casas se encuentran ahora en una complicada situación, pues desconfían ambas de la Casa Jovellanos por su alianza con la otra. Sin embargo, no parece ser algo que preocupe a Manuel, que ha pasado más años entre Cortes que fuera de ellas, de un modo u otro, y al que a estas alturas apodan "El Viejo Pálido".

Aspecto: la piel de Manuel es frágil como un pergamino, pálida y surcada por numerosas arrugas de todas clases. Una palidez que se destaca aún más por su perpetuo luto, nadie sabe si por su padre o por su esposa. Su pelo es siempre blanco, y pese a que tiene una amplia calva en la parte superior, lo mantiene largo y cuidado, parejo con su barba y bigote. Su mirada es severa, dura, y el crucifijo de oro que lleva recuerda a todos su inamovible fé en Dios. Sus ojos son desconcertantes, por su tono azul que recuerda al hielo más que a otra cosa, tan poco habituales en Hispania. Su fragilidad y debilidad física, fruto de su edad, contrastan con los callos de años de uso de la espada de sus manos, y ocultan una destreza y fuerza mayor de la que muchos creen, y una inteligencia más despierta que la de muchos de su edad.

Status: 7, Duque de la Casa Jovellanos.

Personalidad: Manuel de Jovellanos es un hombre cuidadoso y paciente, pero a la vez también posee una fé inamovible en el Señor Todopoderoso. Esa fé le hace ser severo y duro, aunque suela ser justo, pero una vez que decide una ruta de acción raro es el hombre que le puede hacer cambiar de idea. Valora a la familia enormemente, y no tolera ninguna amenaza ni daño a sus hijos o nietos.

Virtud: Confianza.

Debilidad: Tozudez.

Política:
Manuel de Jovellanos está mayor y cansado, pero sabe que aún debe encargarse de su deber antes de que Dios le llame al otro mundo. Y su deber en la tierra es el de mantener la paz en el Reino, una paz que cada vez más se da cuenta de que se va a romper antes o después por un lado u otro. Así que mueve los hilos, advierte a la gente de los peligros que ve, y trata de minimizar el daño que los conflictos inminentes van a provocar en el Reino. Si la tormenta debe predecer a la calma, al menos que sea una tormenta ligera y primaveral.

Familia Relevante:
-León de Jovellanos: el hijo mayor, de 47, es un hombre capaz que a menudo sustituye a su padre cuando él no puede intervenir.
-Leovigildo de Jovellanos: su segundo hermano, de 64 años, es Cardenal de Sevilla.
-Juan de Jovellanos: su hermano menor, de 58 años, es un Maestre de la Orden de Santiago y Secretario Real.
-Tomás de Jovellanos: nieto de Manuel, de 22 años, es un joven enérgico y con ganas de actuar, y muchos dicen que sucederá a su abuelo directamente.
-Ana de Cruilles: su nuera, de 38 años, algunos sugieren que esta bella mujer ha sido la amante de Manuel, aunque nunca se ha probado.
No tiene hijos casaderos, pero si dos nietos y seis nietas.

domingo, 25 de julio de 2010

Información Básica: Jovellanos


Personalidad: la fama de los Jovellanos es de que son sólidos y resistentes guerreros, enormemente devotos y señores de sus tierras. No es que no les interesen lo que hay fuera de ellas, simplemente basan sus estrategias militares en una defensa sólida primero. Su tierra es casi sagrada para ellos, y se rumorea que en las montañas aún quedan pequeños reductos paganos.

Señor de la Casa: Manuel de Jovellanos.

Tierras en Propiedad Directa: Ducado de León.

Familias Vasallas:
-Casa Osuna: Condado de Coruña.
-Casa Tabili: Condado de Pontevedra. Destaca por la posesión de la Guarida del Águila.
-Casa Yñigo: Condado de Santander.
-Casa Navia: Condado de Oviedo.
-Archidiócesis de Santiago. Vasallos suyos son la Orden de Santiago de caballería.

Lema: Una tierra, un Dios.

Color de la Casa: Marrón, con ribetes azul oscuro.

Significado del Escudo de Armas:
El campo es azul en honor al mar tan fundamental para la economía de los Jovellanos. El cáliz representa la fe de los caballeros en Dios, completamente inquebrantable. La Cruz de Santiago de plata es representación de Santiago Apostol, que descansa en la catedral y a quien los caballeros protegen incansablemente. Finalmente, las seis hostias representan los seis territorios en que está dividido el Ducado.

El guantelete ocupa el lugar que antiguamente ocupaba la corona y que los Jovellanos retiraron cuando el sarcófago de Santiago Apostol llegó a la costa. Significa la firmeza en la protección de aquellos bajo su gobierno, y por tanto los simboliza a ellos como nobles. Las cadenas atan a los caballeros a la parte baja, el pueblo, y simbolizan los vínculos con la tierra en la que habitan y con quienes son sus siervos y vasallos. Por este vínculo, a menudo su lema es confundido con la frase bíblica "así en la tierra como en el cielo", error que no le suelen corregir a los demás.